Repasando viejas fotos, y no tan viejas, se comprueba cómo el ADN va cincelando nuestro rostro. De partir con formas dulces, propias de un alfarero que modela nuestra cara y nuestro cuerpo al nacer con amabilidad y donosura, el paso del tiempo va endureciendo algunos gestos y surcando arrugas con el arado alrededor de nuestros labios y nuestros ojos. Decía Miguel Ángel que la tarea del escultor era liberar las formas que se encontraban dentro de la piedra. Y algo similar ocurre en nosotros, con desigual fortuna: la herencia genética pugna por salir fuera, por manifestarse, en forma de la nariz de un bisabuelo o del mentón de otra tatarabuela. Así se va esculpiendo nuestro cuerpo y nuestro rostro, que adquieren el barniz definitivo con los brochazos que nos va pegando la vida.
Archivo mensual: febrero 2010
Chabacano, SA
«Ha nacido Chabacano, SA (en adelante, Chabacanosa), una empresa que sigue las últimas tendencias en saludos y buenas formas que han puesto de moda políticos como José María Aznar y Esperanza Aguirre. En Chabacanosa, por unos modestos honorarios, aprenderá usted a dirigirse con gracejo y estilo a sus amigos y enemigos. Le enseñaremos también a despedirse con garbo de conocidos y desconocidos, dándole siempre un toque cool y trendy a los adioses. Olvídese de los sosos “hasta luego” o “hasta más ver” y sustitúyalos por un buen corte de mangas, unos cuernos o una peineta en todo lo alto. Contamos con los mencionados profesores de reconocido (des)prestigio, que le harán triunfar en cualquier reunión social y acaparar la atención de fotógrafos y cámaras de televisión. ¡Ponga una peineta en su vida y salga en las primeras planas!»
@grimensores
Las nuevas tecnologías van parcelando nuestra existencia y creando nuevas realidades, cual agrimensores. La arroba, de ser una medida de capacidad agraria tan querida para nuestros abuelos (una arroba de trigo, dos arrobas de alfalfa), se ha convertido para sus nietos en un símbolo aséptico y asexuado, que se usa para direcciones de correo electrónico y otras aplicaciones informáticas, y para hacer de ella uso en expresiones políticamente correctas (l@s ciudadan@s). Una arroba equivalía a algo más de once kilos de peso, aunque admitía variaciones según los antiguos reinos que integraban esta milenaria piel de toro. Ahora ha perdido esos ecos del campo, se ha desprovisto de toda esa masa y navega liviana por la red, acompañando nuestras cuentas de correo, nuestras confidencias, confesiones y complicidades. Antes las arrobas era una realidad en los campos de Castilla, entre mares de cebada; ahora surcan la mar océana virtual.
Enfermedades raras
«Estimado Mariano Rajoy: soy médico psiquiatra. Le escribo esta carta porque quería hacerle una pregunta: ¿qué extraño mal le aqueja? Soy convicto y confeso seguidor de su formación, aunque lo de serlo de usted es otra cosa, como ya explicaré más adelante. Ayer vi su actuación en el intenso debate económico del Congreso. He de confesarle que me defraudó usted, por no atreverse a presentar una moción de censura contra Zapatero, pergeñador de todos los males de este mundo y autor intelectual del asesinato de Kennedy (tengo sospechas fundadas que he corroborado con un reportaje que vi en la TDT). Lo que me descolocó fue su ocurrencia con su llamada a la sedición a los diputados socialistas contra su líder. Creo que fue usted imprudente, porque ya sabe que muchos de los seguidores del PP no comulgamos precisamente con usted, y de hecho por lo bajini solemos comentar lo bien que nos iría sin la compañía de usted. Y como especialista que soy, le pregunto: tras ver lo de ayer, ¿no estará usted proyectando sobre los otros sus propios temores y terrores nocturnos de acabar apuñalado por los suyos? Supongo que en Génova tienen un capellán para tratarse las enfermedades del espíritu, pero modestamente me ofrezco por si puedo pasar a formar parte de su plantilla, para atender estos otros males de la mente. En fin, no soy precisamente fan de usted, pero la pela es la pela. Le mando mi CV y quedo a la espera de sus noticias.»
Carta al monseñor
«Estimado (¿?) monseñor. Escucho sin devoción sus últimas declaraciones acerca de su honda preocupación sobre el futuro de las pensiones y de las prestaciones por desempleo, y me pregunto si se ha convertido usted a la fe socialdemócrata. Y es que no recuerdo que la Iglesia fuera la impulsora de los derechos sociales que nos asisten en esta democracia. Es más, pensaba yo, fíjese en mi inmenso error, que eran conquistas que propulsaron sus -sin duda- bienamados gobiernos socialistas, pero es que tengo el cerebro horadado por la propaganda gubernamental cual queso emmental. Está claro que vivo desnortado y sin unas gafas tan potentes como las suyas para ver entre las tinieblas; ¿puede recomendarme a su oculista ante mis problemas de visión? Habla también de que en la sociedad “urge una conversión política y jurídica”, pero no acaba de precisarlo. ¿Se refiere a una conversión al marianismo? ¡Ay, pillín, pillín, que se le ve el plumero! Me despido ya, como hice en una carta anterior: ni suyo, ni afectísimo.»
Año del Tigre
Necesitados como estamos de celebrar lo que sea en este triste y crudo invierno de 2010, cualquier excusa es buena para elevar el ánimo y la temperatura de los cuerpos, o al menos para intentarlo. Ya sean los premios Goya, el Carnaval o el Año Nuevo chino (農曆新年), el cuerpo pide animación entre tanta grisura, ante tanto cielo plomizo de un invierno que ha vuelto a ser como los de antes, un horizonte que no termina de aclararse y una actualidad desalentadora. Ya falta menos para la primavera, para el consuelo del calor y el color que nos saque de la nevera y nos sacuda el alma. Y, mientras tanto, podemos consolarnos con los augurios del recién comenzado Año del Tigre, un periodo -según los conocedores del mundo zodiacal chino- que será propicio para la valentía, la fortaleza, los nuevos retos, el movimiento, el cambio, la novedad y la curiosidad. Un signo optimista, vaya, que es lo que hace falta ante tanta falta de luz: que sus rugidos espanten las incertidumbres del triste panorama cotidiano y -entre la jungla- despejen el camino hacia un futuro mejor.













