La estupenda idea de que España, ante la crisis de la nube volcánica, actuara como plataforma de vuelos transoceánicos que hiciera posible que los ciudadanos de otros países pudieran volar al menos hasta la piel de toro, para desde aquí retomar el viaje a su destino por otros medios, no hace sino confirmar el carácter de cruce de caminos de esta península que José Saramago describió como “balsa de piedra” en su libro homónimo. Nuestro país se construye sobre un armazón de mezclas de culturas y civilizaciones; así ha sido a lo largo de los siglos, y así debería seguir siendo. Somos el hogar de tantos pueblos que recorrieron Europa, que la galoparon y se detuvieron al topar con este finisterre en aquel tiempo, este fin del mundo del orbe entonces conocido. Y aquí se quedaron, y sus genes se entremezclaron y siguen galopando por nuestros cuerpos: para comprobarlo sólo hace falta salir a la calle para reparar en la variedad de nuestros rostros. Somos grandes en nuestra diversidad, una -sin duda- de nuestras riquezas.
Archivo mensual: abril 2010
Desde el jergón
«Desde el jergón, con fiebre y con dolor, doctora, me imagino una delirante versión de El Mago de Oz. Veo a Mariano Rajoy transformado en Judy Garland, con trenzas y zapatos de rubí, cantando Over the rainbow, pero en una versión más acorde para su persona: Over los chuches. Y en su viaje por el camino de baldosas amarillas (aquí también cambia el color original por otro más bien caqui, o caca) no acompañan a Rajoy un león cobarde, un espantapájaros sin cerebro y un hombre de hojalata sin corazón, no. Sus amiguitos son un tal Bárcenas, otro llamado Bigotes y un tercero, el tal Correa, todos muy listos, con la mente muy rápida y las manos muy dispuestas para agarrar lo que sea, los tres brincando y trincando. Es una versión de pesadilla, que me hace sufrir, con lo que a mí me gusta esta obra (la original de L. Frank Baum, llevada al cine en 1939). ¿Me queda mucho de fiebre? Por cierto, doctora, que de esta obra ya clásica se pudo ver hasta el pasado día 18 una estupenda versión en formato musical -para pequeños, pero también para grandes- en el teatro Príncipe Gran Vía, de Madrid, bajo el título El Mago de Oz: El Musical; si la reponen en alguna sala, no dude en ir a verla con la parentela. Sin Rajoy, claro (aunque eso ya va en gustos). Vuelvo al jergón.»
¡Peque con garbo!
La nube de cenizas originada por el estornudo de un volcán islandés de nombre impronunciable (omito siquiera escribirlo, porque es un esfuerzo baldío) colapsa Europa. Dificulta las comunicaciones aéreas y tiene al personal pendiente de los telediarios. Miles de personas varadas con sus maletas en decenas de aeropuertos del continente. Políticos bloqueados sin poder asistir a los funerales de Estado que tienen lugar en Polonia. Equipos de fútbol impedidos para desplazarse. El Reino Unido a punto de quedarse sin frutas y verduras, alimentos que le llegan sobre todo por avión. El caos es total. ¿Y Dios? Dios ha perdido el contacto visual, como dicen los modernos, con buena parte de los europeos, porque el grosor de la nube volcánica le impide ver lo que ocurre abajo, y sus pulmones ya no son los que eran cuando el Génesis, aquellos maravillosos años en los que pegaba unos alaridos tremendos para conformar el mundo; no puede, por tanto, ponerse a soplar para disolver la nube, por lo que sólo le queda esperar a que escampe. De modo y manera que, si vive usted aquí abajo y es aún creyente, no se preocupe por las consecuencias de sus actos (¡ah!, ¿solía hacerlo?) y peque a mansalva: el altísimo posiblemente no le está escuchando -no suele hacerlo, para qué nos vamos a engañar-, pero es que ahora tampoco le puede ver, así que ojos que no ven, corazón que no siente. ¡Peque con garbo!
Manufacturas Iberia
No se sabe a qué siglo se remonta en esta piel de toro la fabricación de mantas, velos y otros telajes encargados de tapar vergüenzas de nuestra historia, mas es sin duda una manufactura con mucha tradición en la península. Quienes gobernaban nuestro ser colectivo -por sus malas obras les podéis conocer- tejieron gruesos paños para disimular el pasado árabe, morisco y judío de España, por citar simplemente algunos ejemplos. En etapas más recientes, la historia de la dictadura de Franco se cubrió con tupidos mantones, que el tiempo ha ido deshilachando, dejando sus horrendas vergüenzas al descubierto, por más que algunos ahora se pongan muy nerviosos y corran presurosos a intentar componer algunos remiendos. Parece que no se quieren enterar de que ha llegado el momento de sacudir el manto de ignominia que todavía llena de dolor a muchos compatriotas, que simplemente le piden a la justicia una reparación y poder abordar con naturalidad la historia de una dictadura cruel, desalmada y sangrienta, que truncó los sueños de libertad y progreso de millones de personas de este país, y que -por mencionar un caso cercano- represalió salvajemente a la familia materna de mi hija Estrella, “porque pensaban distinto”, como mi niña ya sabe. De todo esto se está hablando, hasta el 22 de abril, en la Concentración permanente por la justicia universal. Investigar el franquismo no es delito, que se desarrolla de 10:00 a 20:00 horas en la Escuela de Relaciones Laborales de la Universidad Complutense de Madrid (San Bernardo, 49). ¡Fuera mantas, fuera telarañas!
Análisis anual
«Sus análisis, doctora, me desconciertan. Una vez al año vengo a verla con mi bote de orina, para la revisión anual. Aparte me pinchan y sacan sangre, y luego me someten a otros ingeniosos aparatos que arrojan extraños gráficos y caprichosas lecturas que sólo ustedes, los médicos, entienden. Buscan en mi organismo la presencia de posibles rastros de enfermedades; de huellas del vicio, vaya. ¿Y no podrían buscar ustedes alguna virtud entre tanto mal? Me hacen sentir como un trasto viejo herrumbroso y lleno de óxido, que sólo reverdece si el rocío le deja algún resto de musgo. El agua de la lluvia le viene muy bien a mi cutis; y el sol me reconforta la epidermis; pero no sé si estos aportes aparecen en los análisis del bote de orina; es que nunca me indican nada al respecto, así que espero que esta vez me comente algo, porque me he gastado unos dineros en darme baños de sol y rocío, lo último en spas. Ya me dirá.»
Yo apoyo a Garzón
«Señor agente, buenas noches, aquí Cleofás Cista, listo para denunciar. Quiero denunciar a todos los que dicen que los fascistas estamos detrás de la persecución contra el juez ese de las gafas, el tal Garzón. No estamos detrás, oiga, ¡que no se enteran y por eso tengo que presentar una denuncia! Estamos DELANTE, adelante, a la cabeza de la manifestación, junto con los falangistas, franquistas, terroristas, contrabandistas y otros -istas, todos muy juerguistas moviendo las caderas y pasándolo en grande al ver a nuestro querido amigo y ex perseguidor sentado en el banquillo por aquellos a quienes solía perseguir. No lo pasaba tan bien desde hace muchos años, desde aquellos felices años con el caudillo, cuando éramos tan jóvenes. Nunca tuve remordimientos de conciencia por lo que hicimos durante cuarenta años; nunca tuve que pedir perdón, nunca tuve que dar explicaciones, porque eran otros los que me las daban a mí (aún recuerdo sus rostros desencajados), y ahora encima ocurre esto. ¡Mi felicidad es completa, y encima un 14 de abril, Día de la República, qué fecha tan linda para seguir meándonos de risa!»
Confusiones cotidianas
«Seguro, doctora, que a usted le ha pasado en alguna ocasión: llegar al torno del Metro e intentar franquearlo haciendo ademán de meter la llave de casa. El caso contrario es más raro: llegar a la puerta de casa e intentar abrirla con el cupón del abono transporte, pero puede darse, aunque a mí no me haya sucedido. Total, son confusiones que forman parte de nuestra vida cotidiana. A veces, en el quiosco, me he confundido y he pagado el periódico que leo desde hace años con el vale de comida que me entrega la empresa, en lugar de entregar el cupón correspondiente como suscriptor, y lo raro es que el quiosquero no me ha dicho nada. Bueno, al final estamos hablando de lo mismo: nutrientes, unos alimenticios, otros informativos. También me ha pasado darle un beso a mi jefe creyendo que es mi esposa, y estrechar la mano de mi esposa confudiéndola con mi jefe. A veces incluso me levanto por la mañana, me miro en el espejo y veo a un señor que dice ser yo, aunque yo hace años que no conozco ese careto. Menudo lío, doctora.»













