«Agente, aquí Cleofás Cista, viejo conocido de Dios y de usté. Vengo a vocear a los cuatro vientos que aquí hay que trincar y chulear con clase, tó trajeao y encorbatao. Me relamo de gusto, agente, cuando para más inri (o para más enri), encima veo al que nos perseguía, el tal Garsón, prácticamente enchironao y apresao. La próxima vez que vaya al sastre me voy a encargar unas puñetas como las que luce el pavo ese, que me van a quedar a las mil maravillas con el traje de 1.000 euros. Pringaos, que sois tós unos pringaos; que no se os ocurra robar un día una gallina para alimentar a vuestros hijos, que pasaréis 65 años en el trullo. Agente, para iniciar un proceso de beatificación y próxima santificación celestial, tras la intolerable mortificación a la que han sido sometidos algunos de mis correligionarios (o es correlegionarios), ¿es usted el indicao, o le tengo que poner un imeil a alguna otra instancia espiritual o celestial? [El infierno es para los pobres y los de clase baja y a los de alta cuna no nos interesa, porque no tiene pinta de que ahí abajo haya tiendas de lujo.]»
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Algo va mal
«Algo va mal, agente, y como no tengo clara la responsabilidad ni la identidad del culpable, pues hete aquí que vengo a interponer una denuncia contra todo dios, urbi et orbe. Denuncia contra los que lo envuelven todo en plástico, que estoy harto de bajar todos los días un bolsón de basura lleno de lo susodicho al reciclado que supera con creces los residuos orgánicos: toda una metáfora contemporánea. Denuncia contra los que no hacen nada para evitar que nuestra Europa unida, patrimonio democrático de la humanidad como dijo Lula, haga aguas. Denuncia contra quienes ensucian los mares y producen que los peces que tanto me gustan cada vez estén más llenos de mierda que luego se mete un@ pal cuerpo. Denuncia contra las empresas que no tienen reparos en producir en países que no tienen un mínimo respeto por los derechos humanos y cuyos productos también lo inundan todo. Denuncia contra quienes favorecen en España un sistema dual de educación; al loro con la futura sociedad que se avecina. Denuncia contra lo que hizo que en este país no haya un sentido de lo colectivo para tantas cosas. Denuncia contra quienes llenan de humo el aire de mi ciudad. Denuncia contra quienes con sus decisiones están recortando el futuro. No espero respuestas, agente, tan loco no estoy; me limito a gritar mis denuncias y, escuche, qué a gusto me he quedado.»
Defensa del pepino
«Agente, pasaba por esta flamante Comisaría de barrio que inauguró Pérez Rubalcaba y se me ha ocurrido entrar para poner una denuncia que va a dar que hablar. Quiero que detengan a Angela Merkel, creo que se escribe así, que es algo así como la jefa de Alemania. ¿Por qué? Porque nos tiene manía. Primero insinuó que trabajábamos poco y que los europeos del sur teníamos muchas vacaciones. Ahora carga contra nuestros pepinos, que yo a estas alturas del año ingiero en grandes cantidades: todos los días mi gazpachito y mi ensalada de tomate, no sin mi pepino. La lía contra nuestros pepinos y nuestros productos hortofrutícolas y ha desatado la histeria del cierre de fronteras a nuestros productos sin haber probado que la intoxicación de sus paisanos tenga que ver con el pepino. Así que les ruego, agente, que la enchironen para que responda del complot contra nuestro país. Al final, como suele decir una compañera de trabajo, aquí lo que ocurre es que hay una gran conspiración para que España no sea una potencia mundial. Lo próximo será decir que la siesta también mata.»
Legión desesperada
«Me cruzo por la calle, doctora, con gentes en mi misma situación. Entre nosotros nos reconocemos a simple vista. Gentes que salimos de casa por la mañana fingiendo que tenemos que cumplir una rutina, a la misma hora, sin el destino que solíamos tener hasta hace pocas semanas en muchos casos. Miradas furtivas entre los estantes del supermercado si ves a algún conocido. Gestos huidizos cuando coincides con un vecino, a una hora laboral, en el parque, leyendo y releyendo las páginas de empleo. Las mentiras que les sueltas a los hijos si te preguntan cómo fue hoy el trabajo, papi. El trabajo que perdí sin saber por qué, el trabajo del que me dieron la patada sin apenas explicaciones, por culpa de una maldita crisis que habla en el inglés global y que yo no entiendo por más que me lo expliquen. Lo único que entiendo, doctora, es que me quedé sin trabajo; que formo parte de una legión desesperada, y que quiero que usted me ayude para ver cómo le puedo explicar esto a mis hijos sin trasladarles mi angustia.»
Liberticida I
«Agente, soy el mismo que vino a verle ayer. Me declaro liberticida, según los sesudos análisis de prestigiosos comentaristas de nuestras radios cavernarias. Sueño con ser Liberticida I. No solo estoy de acuerdo con bajar la velocidad de los carromatos que recorren las autovías, como ha acordado nuestro Gobierno, sino que voy más allá. Soy partidario de restringir de forma radical la circulación en el centro de las ciudades, porque nos están envenenando y no me gusta mascar humo, y mucho menos que lo masquen los pulmones de nuestros niños y de nuestros mayores. ¡La ciudad, para los ciudadan@s! ¡Deténgame, agente! Tengo ganas de salir corriendo, aunque quizá usted corra más que yo porque sus piernas seguro que son más fuertes que las mías. ¡Apréseme!»
¡Sus vais a matar igual!
«Amigo agente. Un placer saludarle de nuevo en esta comisaría tan chula que han abierto en el barrio. Pasaba por delante y quise saludarle. Aparte, le cuento. A mí lo de la disminución de la velocidad me parece de maravilla, le parezca mal a quien le parezca. ¿Que al Alonso ese no le gusta porque se duerme? Fantástico; que vaya en bici. ¿Que al PP tampoco? Mejor. Yo estoy totalmente de acuerdo. Es más: yo incluso pondría controladores de velocidad a la salida de los portales de las ciudades, por las mañanas. Y a todo aquel que presentara a tan tempranas horas un exceso de revoluciones, ordenaría que por ley les mandaran a reposar al sofá de su casa o a la camita, hasta que se templaran los ánimos. Vamos todos muy pasados de vueltas en esta sociedad moderna, sobre todo con las cosas que escucha uno. Verá qué bien íbamos a vivir. ¿Usted tiene mano con Alfredo Pérez Rubalcaba para trasladarle esta modesta propuesta de los controladores de revoluciones apostados a pie de los portales? Le estaría eternamente agradecido. Tanto correr, ¿pa qué? Pa ná; ¡si sus vais a matar igual!»
Semántica del residuo
«Querida doctora. Querido agente. Les cito por primera vez de forma conjunta porque el caso se las trae. En resulta que la semana pasada encaminaba mis pasos hacia el lugar donde trabajo (lo suelo llamar “el convento”, porque aunque está animado por un espíritu laico, paso larguísimas horas enclaustrado en él). Al grano, que se me va la olla: como les decía, bajaba hacia mi trabajo, paseando por las calles de esta bella ciudad de Madrid, cuando hete aquí que topé en la acera con los residuos que ilustran la foto que acompaña estas líneas: un pijama usado a rayas, de aspecto presidiario, sobre el que reposaba, sin dolor y en apariencia de manera placentera, un viejo diccionario español-holandés / holandés-español (spaans-nederlands / nederlans-spaan). Semejante hallazo me turbó para toda la mañana, y ya no pude rendir en condiciones como se merece en la causa laboral a la que me entrego. No paré de hacerme preguntas: agente, ¿se habría cometido un crimen entre la colonia flamenca de esta Villa y Corte (el pijama no presentaba rastros de sangre ni de otros fluidos, aunque no quise toquetearlo). Doctora, ¿qué hace un diccionario reposando a la altura de la bragueta de un pantalón de pijama usado? Sé que son preguntas sin respuesta, pero tenía que hacérselas a ambos. ¿Es la bragueta un gua para el conocimiento?»
Un carnicero bajo el sofá
«Le prometojuro, agente, que no sé cómo llegó aquel ser hasta debajo de mi sofá. A mí me despertó el mal olor, tras una larga siesta pijamera de tres horas que perpetré hace unos días en el susodicho sofá. Al principio pensé que la peste debía de proceder de las bolas de carne que mi hija hace con el solomillo, porque la cachonda tira bajo el sofá los cachos de carne cuando se lía a masticarlos y a masticarlos y se le hacen bola, como dice ella. Para eso me gasto los talegos, para que a la niña se le haga bola el solomillo; lástima de no haber pasado hambre, como su padre. Bueno, al grano, el caso es que, en efecto, algo tenían que ver las bolas de carne del solomillo a medio masticar con la presencia de aquel ser. Al mirar bajo el sofá me lo encontré a él. Su cara me sonaba de verle estos días en los noticieros internacionales sobre las revueltas del norte de África. Creo que debió de escaparse de la tele, de la vieja Sony Trinitron que tengo averiada y de vez en cuando suelta humo. Perseguido por los manifestantes, el pobre Joselín (así le llamo yo, porque su nombre en árabe me resulta difícil de pronunciar) se coló dentro de la cámara de un reportero español que estaba grabando manifestaciones contra su augusta persona en su país, subió al satélite convertido en una plasta de unos y ceros, bajó a la parabólica de mi azotea y llegó hasta mi tele, para colarse a continuación a través de una rendija del aparato televisivo mencionado, cobrar de nuevo su forma humana y refugiarse bajo mi sofá, sin duda atraído por el olor/hedor de las bolas de solomillo a medio masticar que hace mi hija. Bueno, esto es en sentido metafórico: bajo mi sofá y bajo el sofá de todos y de todas los occidentales, que hemos estado tan cómoda y mullidamente sentados sobre tiranos como éste, sin decir nada mientras nos han hecho el caldo gordo. Agente, el caso es que vengo a poner una denuncia para ver si le pueden detener, antes de que me devore. Y mire que siento que se lo lleven, porque me he acostumbrado a echarle bajo el sofá todos los restos de cochinillo, cordero, lechazo, ternasco y ternera y el tipo me los devuelve mondos y lirondos, con los huesos relucientes, con el consiguiente ahorro en bolsas de basura. Joselín tiene mucha experiencia en procesar carne, y temo que ahora quiera probar conmigo, porque en el fondo echa de menos su tierra, agente. Pobre.»














