El IX Festival Internacional de Documentales de Madrid, Documenta Madrid, ha premiado con todo merecimiento un magnífico documental, [No-Res], de Xabier Artigas (con la valiosa e imprescindible producción de mi excompañera Ana Castañosa), que recoge los estertores de una forma de vida en una colonia fabril obrera de Barcelona arruinada por la piqueta y las ansias especuladoras. [No-Res] es también una metáfora de la crisis: la burbuja que nos envolvía y cuyo estallido en mil pedazos se está llevando por delante, en una brutal onda expansiva, vidas y proyectos, arruinando la vida de las gentes más humildes y trabajadoras. Un documental sin apenas diálogos, porque no hacen falta: las imágenes lo dicen todo y hablan por sí solas, esa nada que da paso a la nada. Una colonia de viviendas humildes, pero llenas de vida, asolada para pasar a ser un solar poblado por las ratas. Anoche tuve oportunidad de ir a verlo en Matadero Madrid, sede del festival, y me llevé a mi hija Estrella, que con seis años ha heredado en vena la cinefilia de su madre. Me lo pasé en grande a pesar de la tristeza que emana la cinta. Estrella aliñó con sus comentarios de cría espabilada los silencios del documental, y extrajo dos conclusiones: sus críticas a los poderes públicos que han alimentado la burbuja y su abatimiento por ver que se derriban “los sueños de la gente”. Su mente de seis años carbura mucho más que la de otros de cuarenta.
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Marea blanca
Sumid@s como estamos en estos tiempos tan negros y tan desoladores, nos olvidamos de que en este país también suceden historias blancas y alegres a pesar de los pesares y de la adversidad. Pronto hará diez años desde que en las costas de Galicia naufragara un petrolero, el malhadado Prestige, con 77.000 toneladas de mierda dentro, que el mar escupió hacia las playas del Noroeste causando una de las mayores catástrofes ecológicas de la historia de España ante la impasibilidad del Gobierno de José María Aznar. Diez años también desde que, como respuesta a la catástrofe, en una reacción desconocida, miles de voluntarios de toda España y de otros puntos constituyeran una marea blanca para limpiar el chapapote, sin pedir nada a cambio. Es la historia que ahora narra la cineasta Isabel Coixet en el documental Marea Blanca. Hace diez años ya. Fue una experiencia inolvidable de solidaridad y de altruismo para tod@s los que participamos en ella, que pusimos nuestro granito de arena para ir retirando muchos más granitos de mierda.
Esta farsa no funciona
La crisis deja claro que la farsa en la que vivimos no funciona. Supeditar la política (anularla más bien), como hace la derecha, al dictado de unos mercados insaciables nos lleva, directamente, al suicidio social. ¿Quién vota a los señores y señoras mercados, que son los que imponen el ritmo de nuestras vidas y marcan los recortes tan brutales?¿Para qué sirve nuestro voto en este estado de cosas, si los actuales gobernantes de la derecha no son capaces de plantar cara a las tropelías del mundo financiero? ¿Dónde está el presidente del Gobierno de España? Esta última pregunta sí tiene respuesta: Rajoy se halla recortando y huyendo de preguntas incómodas de los periodistas. Vamos mal, peor. Hace falta reorientarlo todo antes de perecer. Pensar, quizá, en la desglobalización que propone un socialista francés en un interesante librito de lectura recomendada: ¡Votad la desglobabilización!, de Arnaud Montebourg, en el que denuncia que los procesos globalizadores, con la producción exportada a países que no respetan nada y se ríen de todo lo que huela a derechos y libertades civiles, ha traído la ruina a las clases trabajadoras de Occidente y a nuestro propio modelo socieconómico.
PD.- Una de las denuncias de Montebourg: ¿sabían ustedes que ese iPhone tan deseado y tan cool se produce en fábricas chinas en régimen de semiesclavitud? En la factoría en donde se fabrican en Guanlan hubo una oleada de suicidios y a los propietarios de la factoría, para evitarlo, se les ocurrieron dos ideas: poner “barrotes en las ventanas y colchones para evitar las defenestraciones” y hacer firmar un documento a los empleados “diciendo que la empresa no pagaría nada a sus familias en caso de suicidio (…)”. ¿Sobre este modelo putrefacto de producción queremos que se asiente nuestro desarrollo? No lo parece, y Montebourg tiene un buen puñado de respuestas desde una óptica socialdemócrata y europea.
Poveda para primavera
Para comenzar de nuevo la primavera nada mejor que una recomendación musical: la de Miguel Poveda, que saca nuevo disco. El cantaor catalán edita ArteSano, en el que recopila palos diversos del blues de la piel de toro. Cuenta Poveda que se trata de un trabajo con “mucho colorido, artesanal, que pasea por diferentes poblaciones que han sido cantaoras, como Cádiz, Triana, Jerez, Sevilla o Málaga, con un montón de paisajes, sonoridades y emociones distintas”. Y Miguel Poveda se rodea no solo de grandes músicas, sino de grandes músicos: Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Isidro Muñoz, Diego del Morao, Manuel Parrilla, José Quevedo Bolita y Jesús Guerrero. Todos quienes vibraron con el exitoso Coplas del querer, editado en 2009, están de enhorabuena en esta primavera, y ojo, que el flamenco es adictivo, como asegura este artista, que con su música ha contribuido a atraer a este género a multitud de seguidores: hablamos de una música “hermosa, emocionante, auténtica y mágica”. “Al que entra en el flamenco una vez por un lado importante se queda para siempre”, avisa. Tiene toda la razón: hay que pintar de flamenco la primavera.
Monocultivo en el kiosko
Terror en el supermercado: solo hay marcas blancas. No encuentro mis yogures favoritos, ni mis salchichas, ni mi pasta… Todo son marcas blancas, sin posibilidad de elegir. Terror en el kiosko: solo va a quedar la prensa neocon, cavernosa, cavernaria, derechista, que no es blanca precisamente, sino turbia y sucia en tantas ocasiones, sin posibilidad de elegir. El cierre del diario Público abona el monocultivo, agosta la pluralidad y priva de voces libres y críticas (o sea, de izquierda) a un sector de la opinión pública. Allana, de paso, el paseo triunfal de la derecha gobernante, a la que los kioskos solo le rinden pleitesía en un elevadísimo tanto por ciento de sus cabeceras. Lástima por Público y un abrazo muy fuerte a tod@s los compañer@s periodistas que lo han mantenido durante estos años. Y lástima por todos los ciudadan@s que se ven privados de un referente informativo. Es un gran día para toda esa caverna mediática que da palmas con las orejas cada vez que cierra una cabecera de la otra orilla, pero que no se equivoquen: la necesidad de que haya medios para las voces progresistas no va a desaparecer porque un periódico llegue al final de su travesía.
Espantar la soledad, ahuyentar la tristeza
El cantante canadiense Neil Young publicó en 1992 una preciosa canción sobre la amistad y su pérdida, “One of These Days”, dedicada a todos los amig@s que había ido conociendo y con los que había ido perdiendo el contacto a lo largo de su vida. Como le ocurre a él, a todos nos pasa que el paso de los años nos separa de los otros. Evocando esas músicas de Young me acuerdo de un amigo y compañero de la Facultad de Periodismo, un zamorano apellidado Antúnez al que perdí de vista hace más de veinte años. Antúnez era muy rockerito, tenía una banda propia y una novia muy estilosa que estudiaba moda en Madrid. Me mandó por correo un verano, desde su ciudad, en una caja de zapatos de cartón, una serie de casetes. En uno de ellos enlató clásicos anglosajones de The Velvet Underground, The Monochrome Set, The Rolling Stones, The Beatles… Las canciones de Antúnez tuvieron la virtud y la magia de abrirme a la música, a las muchas músicas que ahora escucho; un universo al que luego contribuyó mi pareja, de manera decisiva, con su gramola global. Es complicado hacer amigos como aquel, al que perdí, por incapacidad propia en muchas ocasiones, y por incapacidad de los demás también en algunas. La vida se convierte en una travesía a menudo demasiado desértica, hasta que de repente aparece entre la arena un pozo con una superficie bruñida en medio de la nada, una sonrisa que de manera permanente espanta la soledad y ahuyenta la tristeza. Y la música de la amistad, que parecía perdida a estas alturas del viaje, sigue sonando. Es la magia de vivir.
La llama humana
Escuchando el otro día en vivo en Madrid a una cantautora en ladino en un recital organizado por Casa Sefarad Israel, la judía Mor Karbasi, reparaba en que son las mujeres las que han transmitido la llama de la humanidad desde el origen de nuestra especie. Son ellas las que en todos estos siglos oscuros pasados -y en tantas oscuridades presentes- se han ocupado de poner luz a todas las cosas verdaderamente importantes, mientras nosotros los hombres estábamos ocupados en un sinfín de gilipolleces. Y a pesar de todo, han sido históricamente despreciadas, vituperadas, violentadas. Y no menos despreciado, vituperado y violentado ha sido el movimiento feminista que ha emancipado a las mujeres. Sé que estoy escribiendo cosas de perogrullo, pero no por ello deja de resultar escandalosa esta realidad, que se evoca al escuchar un romance en ladino que se ha podido transmitir de generación en generación, desde hace siglos, gracias a la magia de las mujeres que mantuvieron viva la llama de Sefarad en sus hogares.













