Las encuestas publicadas por los medios de comunicación dicen que la mayoría de los españoles cree que Mariano Rajoy ganó el debate con Alfredo Pérez Rubalcaba del pasado lunes por la noche. A esa mayoría, por tanto, no le inquietan la ambigüedad calculada, la falta de propuestas y de iniciativas del presidente del PP. A esa mayoría no le alarmó que el líder del PP echara una y otra vez balones fuera ante las reiteradas preguntas del candidato socialista sobre el futuro del Estado del Bienestar. A esa mayoría, por lo que se ve, no parece preocuparle lo que pueda ocurrir con las pensiones, con la sanidad, con la educación. “Estos son mis principios; si no le gustan tengo otros”, decía Groucho Marx, y es la divisa que podría emplear Mariano Rajoy para esta campaña, en la que procura por todos los medios no dar un paso que movilice al electorado de izquierda y que le reste votos. Lo que sea con tal de llegar a La Moncloa a golpe de bostezos, sin que nadie conozca, aunque se intuyan, las auténticas propuestas de su programa en la sombra, y que él se negó a desvelar en el debate televisivo. Si esa mayoría se mantiene y el Advenimiento Marianil se produce (¡los votos no lo quieran!), las próximas comparecencias televisivas de Rajoy a partir del 20 de noviembre ya no serán tan ambiguas, y más de uno entre esa mayoría tendrá que plantearse para qué ha servido su voto.
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La barra de pan
No puedo salir a la calle sin desayunar, porque siento que me falta algo. El desayuno es la comida más importante del día, así que no puedo entender a la gente que amanece, salta de la cama, da un trago de agua al grifo y sale a la calle a encarar la jornada, sin más ni más. Sí, yo no puedo salir a la calle sin haber escuchado antes en mi casa las radios, visto alguna tele y sin comprarme el periódico, mi periódico, de camino a la boca del Metro que me engulle día a día para llevarme al trabajo. Desde hace muchos años viene siendo así, en los diferentes lugares en los que he trabajado hasta el momento. Al menú matinal se une también desde hace menos tiempo el repaso a algún medio digital. Hace muchos años ya, sí: creo que desde que tengo 18 años compro a diario mi periódico (he dejado una pasta a la empresa editora si echo cuentas). Sin estos nutrientes informativos matinales no me oriento bien en el mundo. Ya dice mi mujer que en esta casa el periódico es como la barra de pan.
PD: A la barra de pan tradicional de Madrid se le llama pistola, una denominación que no se emplea en otras partes de España. El caso es que hay periódicos que escupen balas. Y empresas editoras-panificadoras que juegan con fuego.
Chismorreo universal
«Verá, doctora, pero es que tengo mucha preocupación por el futuro de un ente llamado opinión pública. La opinión pública la conformaban antes los medios de comunicación que se regían por unas mínimas reglas (con desigual respeto, todo hay que decirlo). Este negociado ha dado un vuelco desde anteayer con la invención de las redes sociales. Ahora cualquier persona emite, genera y produce un mensaje, y cualquier cosa se puede divulgar como la yesca y prender como una llama en un prado reseco de agosto. Yo hice una prueba el otro día: difundí un bulo en una de las redes más populares, y al instante el bulo comenzó a crecer como una bola de nieve. Una conversación de bar, una ocurrencia, puede entronizarse ahora como trending topic y dominar el escenario.El riesgo es que, con esta facilidad, la conversación global se puede convertir, ¡ay!, en pasto de gentes hábiles y/o manipuladoras que manejen a otras gentes, ¡ay!, manipulables. Creo en las nuevas tecnologías, pero me preocupa que, en este campo que nos ocupa, una opinión pública seria, fundamentada y rigurosa se pueda ver sustituida por el chismorreo universal sin contrastes ni matices.»
Echarse a temblar
«Si usted me pregunta lo que a mí me da la gana y me trata como a mí me da la gana, qué gran profesional es usted. Si usted entrevista al presidente de Irán y da toda una lección periodística, qué gran profesional es usted. Pero si usted pone en tela de juicio mis ataques y los ataques de mi partido, o sea el Pop Party, contra el ente público (que jamás ha conocido las cotas de libertad e independencia que tiene en este momento -esto lo digo yo, no Cospedal-) oiga entonces es usted una vendida, y no juega limpio y bla, bla, bla… Total, para eso hacemos ruedas de prensa sin preguntas y, en cuanto podemos, sin periodistas.» Es solo un anticipo de lo que le espera a la televisión pública de tod@s como el PP de María Dolores de Cospedal vuelva al poder: el regreso del modelo de Urdaci & Co, el modelo que se aplica en Telemadrid, Canal 9… Para echarse a temblar.
Al revés
«Vaya por Dios. He leído el periódico demasiado deprisa y demasiado en diagonal y tengo una confusión neuronal considerable, como si hubiera sumergido lo que me queda de cerebro en una coctelera y le hubieran pegado unos meneos en Chicote. Resulta que en Madrid todas las procesiones las van a protagonizar ateos convictos y confesos que van a sacar en procesión a Scarlett Johansson y a Sean Penn como testimonio de su amor al Sumo Hacedor, Sumo Hacedor que en realidad es el Gobierno de China que ha decidido comprar ingentes cantidades de derechos humanos en todo el mundo para saldar la deuda que tiene con su sociedad de tal forma que que los ciudadan@s de la República Popular sean merecedores de tal nombre y no ocurra lo que en España, en donde se juzga antes a los jueces que a los corruptos a quienes persiguen. Ah, no, que esto último no es al revés, que es ¿al derecho? Qué carajal tengo; debe de ser la alergia al polen.»
La cosificación
Los diarios que publican anuncios de prostitución parecen amparar el concepto de que la mujer es una cosa, un objeto sexual con el que es lícito hacer negocio. “Todo vale para la pela”, parecen decir, “y no vamos a prescindir de un ingreso tan enjundioso en plena crisis económica”. Son casi todos los periódicos que no le hacen ascos a este comercio humano -la inmensa mayoría, salvo contadas excepciones-, que se calcula que al año mueve 18.000 millones de euros en España, de los que unos cuantos millones caen en las arcas de los rotativos. “Ningún medio que se proclame defensor de los derechos humanos puede publicar este tipo de anuncios y, si lo hace, se convierte directamente en cómplice de esta forma de esclavitud”, sostiene Yolanda Besteiro, presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas (citada en La Voz de Asturias). Los diarios que se prestan a este sucio juego contribuyen a la cosificación de la mujer, aunque luego pongan el grito en el cielo cada vez que, por ejemplo, se produzca un nuevo caso de violencia de género a manos de hombres que consideran a sus parejas meras cosas cuyas vidas están en sus manos (¡ya van 16 muertas por terrorismo doméstico!). Alguna reflexión sobre su responsabilidad también deberían hacer estos medios, más allá de mirar solo el balance contable.
Manteca ibérica
Hojeo, con el dolor de cabeza producido por la lectura previa, el delicioso librito que el veterano periodista José María Izquierdo -autor del blog El Ojo Izquierdo- ha dedicado a Los cornetas del Apocalipsis, una tropa integrada a diez personajes cuya sola enumeración turba el ánimo de cualquier ciudadano moderadamente progresista que se haya sentido agredido por la bilis que esparcen desde sus atalayas mediáticas Federico Jiménez Losantos, Alfonso Ussía, Sánchez Dragó, Hermann Tertsch, César Vidal, Antonio Burgos, Juan Manuel de Prada, Carlos Dávila, Pío Moa e Isabel San Sebastián. “Insolentes y lenguaraces, insultan como tabernarios y vilipendian como desfachatados. Son, además de reaccionarios, exactos representantes del cutrerío hispano que desprecia todo lo que, encogidos por el desconocimiento, les asusta. Para ellos no hay feministas, sino tiorras feministas; no hay homosexuales, sino floritos o sebosos andarines, y no hay progresistas, hay chusma progresista. Son la grasa de las gallinejas, la manteca del chorizo, el aceite recalentado de la churrería”, relata Izquierdo. Son sus obesiones cuestiones como el 11-M, la ampliación de los derechos civiles y todo aquello que huela a un mínimo progreso. Sus almas solo descansarán cuando gane el PP y se erradique de la faz del terráqueo mundo todos los males que les atormentan. ¿O no?
Fuera velos, fuera telarañas
Es solo la anécdota de la estupenda entrevista de Los Desayunos: el pañuelo que tuvo que aceptar ponerse la periodista (Ana Pastor, TVE) se fue deslizando frente al entrevistador (Mahmud Ahmadineyad, presidente de Irán), hasta dejar al descubierto su melena. La prenda fue cayendo al ritmo de las incisivas preguntas de Pastor y de las respuestas enrocadas -a menudo contestadas con evasivas, con repreguntas de él hacia ella- de la cabeza visible de un régimen reaccionario, confesional y conservador, que lo mismo persigue homosexuales, que niega el holocausto, que reprime con dureza las protestas de los opositores o que considera a las mujeres seres impuros y de segunda categoría. El pañuelo lo llevan en realidad personajes como el presidente iraní, pero en los ojos y en el cerebro. Ahmadineyad, en su calidad de ingeniero civil según su formación, debería dedicarse a tender puentes y no a levantar murallas. Pero salta a la legua que se dedica a lo contrario.














