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Archivo de la etiqueta: amistad

Espantar la soledad, ahuyentar la tristeza

Neil Young

Neil Young

El cantante canadiense Neil Young publicó en 1992 una preciosa canción sobre la amistad y su pérdida, “One of These Days”, dedicada a todos los amig@s que había ido conociendo y con los que había ido perdiendo el contacto a lo largo de su vida. Como le ocurre a él, a todos nos pasa que el paso de los años nos separa de los otros. Evocando esas músicas de Young me acuerdo de un amigo y compañero de la Facultad de Periodismo, un zamorano apellidado Antúnez al que perdí de vista hace más de veinte años. Antúnez era muy rockerito, tenía una banda propia y una novia muy estilosa que estudiaba moda en Madrid. Me mandó por correo un verano, desde su ciudad, en una caja de zapatos de cartón, una serie de casetes. En uno de ellos enlató clásicos anglosajones de The Velvet Underground, The Monochrome Set, The Rolling Stones, The Beatles… Las canciones de Antúnez tuvieron la virtud y la magia de abrirme a la música, a las muchas músicas que ahora escucho; un universo al que luego contribuyó mi pareja, de manera decisiva, con su gramola global. Es complicado hacer amigos como aquel, al que perdí, por incapacidad propia en muchas ocasiones, y por incapacidad de los demás también en algunas. La vida se convierte en una travesía a menudo demasiado desértica, hasta que de repente aparece entre la arena un pozo con una superficie bruñida en medio de la nada, una sonrisa que de manera permanente espanta la soledad y ahuyenta la tristeza. Y la música de la amistad, que parecía perdida a estas alturas del viaje, sigue sonando. Es la magia de vivir.

 

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El robot

Robot

Robot

«Me compré, doctora, un robot limpiador para que me hiciera compañía. Desaparecida mi familia y los pocos seres que me querían (ahí todavía le incluyo a usted, que sigue escuchándome con suma paciencia mientras me tiendo en en el diván) necesitaba sentir la presencia de algo o de alguien. Y de repente vi en el periódico que también me acompaña desde que era jovencillo una promoción de cupones para conseguir un robot limpiador. Cuando reuní la cartillla y fui a recogerlo, me sentí como un niño con zapatos nuevos. Fue llegar a casa, sacarlo de la caja y ponerlo en funcionamiento, y la dicha fue completa. El robot iba limpiando y encerando toda la casa, en una rutina diaria que parecía no causarle ningún quebradero de cabeza, justo lo contrario de lo que me sucede a mí. Un día le puse un palo y unos ropajes; con una calabaza de juguete le monté una cabeza. Desde ese momento el robot y yo nos damos largos paseos por la ciudad, él limpiando y encerándolo todo, y yo dándole conversación. A veces me lo bajo a Madrid Río, y el robot se ríe (digo yo que se ríe, porque se le encienden todos los pilotos luminosos de golpe) dando sustos a los ciclistas y tirándose al agua para jugar con los patitos del Manzanares, a los que se empeña en abrillantar las plumas. Pegando la hebra con él me doy cuenta de que en las calles hay una plaga de robots que no son tan listos como el mío, doctora, do quiera que uno mire, aunque vayan con traje y corbata y hablen por el móvil.»

 
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Publicado por en 28 noviembre 2011 in En la consulta, Historias inventadas

 

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Añil, verde y blanco

Colores manchegos, en Almagro

Colores manchegos

Comencé el año en La Mancha. Recorriendo las llanuras manchegas, tan subyugantes, alternando del cereal al viñedo, del páramo aparente -pero lleno de vida- a los inmensos humedales de Las Tablas de Daimiel, que se asemejan a un espejismo, uno de los mayores espectáculos que se puede encontrar en el medio de la península. Un mar en el medio de Castilla. Son tierras aún hoy en día muy desconocidas para muchas gentes, que bien merecen muchas visitas. Sumergirse en su intenso cielo azul, que se ve reflejado en el añil que colorea muchas edificaciones rurales que salpican sus verdes campos. Reconfortar el cuerpo con sus platos tan sencillos y tan deliciosos, sus asadillos, pistos, duelos y quebrantos, migas, su vino, las berenjenas de Almagro, el queso manchego: sin duda, el mejor queso del mundo. Es la tierra de mi padre, manchego de Ciudad Real. Las mismas tierras que vieron pasar a don Quijote y a Sancho, protagonistas de una novela que, como siempre me recuerda mi mujer, no es sino la más hermosa historia de amistad entre dos almas tan dispares que se puede encontrar en la literatura universal. Conocer La Mancha es enamorarse de ella.

 
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Publicado por en 7 enero 2011 in Historias reales, Ocio y cultura

 

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Recuerdos y sabores

Alberto Chicote

Alberto Chicote

En la cena se van entremezclando los recuerdos, dulces y salados, con los sabores del menú largo y ancho que nos ha preparado nuestro querido cocinero Alberto Chicote, rebosante de bonhomía y cariño hacia sus ex compañeros de clase, que nos juntamos esta noche del viernes 26 de febrero en su restaurante, el NODO. Va desfilando por la mesa la fusión del mediterráneo y de oriente que atesora Chicote. Estallan y se expanden por el paladar los aromas del pan de gamba con salmorejo, albóndigas con miso, pizzas de cristal,  dim sum de oreja, tataki de atún, jamón de toro, sushis y sashimis ibericoorientales, secreto ibérico marinado, finísimas tempuras, esturión ibérico, jarrete de ternera braseado, bombas de lichis… En las conversaciones de Cabeza, Carrrillo,  Javi, Casco, Rubiato, Concha, Fuentes, Esther, Angus, Nacho,  David, Nuria, Tito, Quillo, Dorado, Luna, Conde, Torrecilla… aparecen los recuerdos, el teacuerdasde y el quéhacesahora, unas pinceladas para ponernos al día, sacudirnos el peso y el paso del tiempo y volver a corretear juntos, entre empellones, por los patios del colegio Amorós. ¡Buena suerte, compañer@s!

 
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Publicado por en 27 febrero 2010 in Fogones

 

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