Dicen que el naufragio del crucero italiano es toda una metáfora de la deriva de la nación transalpina por culpa de la crisis y de otros males. Aquí, en esta España con tantos vínculos italianos, habría que pensar si el naufragio a su manera de Spanair es también una metáfora de nuestra particular deriva crítica como nación en estos momentos, sin apenas datos halagüeños a la vista a pesar de que se haya producido y consumado el Advenimiento Marianil que nos iba a salvar de todos los males pasados, presentes y futuros. Mientras Spanair se queda en tierra para siempre, las vidas de muchos paisanos y compatriotas también se van por el sumidero como consecuencia de la recesión brutal. Gentes que están intentando aterrizar sus vidas como pueden, en confusos aeropuertos españoles vacíos de pasajeros y de curiosos, porque esto es un sálvese quien pueda en el que ni siquiera se sabe si quedará alguien para apagar la luz. Otras gentes están intentando alzar el vuelo mientras la pista de despegue se achica, el cielo descarga una feroz tormenta y el horizonte solo se ve negro, negrísimo.
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Don
Cada vez que se muere un don me echo a temblar por las loas que se derraman y los inciensos que se prenden, envolviéndolo todo en un aroma denso, dulzón, impenetrable, que tapa las sombras del personaje. Cuánta querencia hay en España a la hagiografía, más que a la biografía; a beatificar y a santificar al personal ilustre y pretérito. Como si la partícula diera dignidad a lo que viene detrás, el significante se convirtiera en significado y nos olvidáramos, en este país con tan poca memoria, de los muchos dones y doñas que han construido la democracia. Ha muerto Fraga, don Manuel para sus admiradores: por mi parte respeto a su marcha, y ya está, desde la más profunda discrepancia ideológica hacia un personaje autoritario y muy de derechas. Todos los días se están yendo en silencio y sin reconocimiento alguno muchas personas que de manera anónima y con la más absoluta humildad pusieron su granito de arena para construir la democracia en España, gentes que en muchos casos sufrieron exilio, o represión, o cárcel por sus ideas, y que no se criaron a los pechos del régimen anterior. Don nadies que son ejemplos para muchos, aunque vivan en espacios más reservados para la memoria, y también en pastos más frecuentes para el olvido.
De Tricky Dick a Marianillo Tramposillo
El expresidente estadounidense Richard Nixon se ganó el apodo Tricky Dick (Ricardito el Tramposo) por sus jugarretas políticas diversas. El mote gozó de mucha popularidad y se incorporó incluso a canciones tan populares del universo pop como el Gimme Some Truth, de John Lennon. Esto de las trampillas, de no decir la verdad, se ha establecido también en el mundo político patrio. El PP se fue del poder en 2004 con mentiras, ha llegado de nuevo a La Moncloa sin decir la verdad sobre sus intenciones (Mariano I siempre negó cuando estaba en la oposición que fuera a subir impuestos) y acaba de empezar a aplicar los recortes que siempre negó. De Tricky Dick a Marianillo Tramposillo. Y esto, como dijo la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, es solo “el inicio del inicio”. Para echarse a temblar. El que tenga dotes de compositor que le vaya haciendo unos ripios a Mariano, que esto promete y, en efecto, es solo el principio.
Año cabrón
Se barrunta que este año que acaba de empezar a berrear va a ser un año caprino, un año cabrón, sin necesidad de mirar para el firmamento, ni de interpretar la cábala, ni de leer los posos del café. Que con los continuos topetazos de su cornamenta va a dar pocas satisfacciones desde su primer minuto. Ya el arranque ha sido tremebundo en España: un brutal recortazo del PP que traerá más paro y recesión económica y que recae en los que menos tienen. Si el sector privado está más muerto que vivo, y el público entra en coma con estas medidas de Mariano I, ¿hacia dónde se dirige la economía? No hace falta ser Einstein para contestar. Un año cabrón, pues, que en su concepción macro pinta tan, tan negro y va a dar tan pocas satisfacciones, que lo mejor será buscar refugio en las pequeñas cosas de la realidad micro de cada un@: la sonrisa de tu hij@, el acorde de guitarra que por fin lograste sacar, un artículo bien escrito, la receta que se te resistía, una emoción que te haga palpitar el pecho.
Historias por contar
La vida la van marcando los espacios en los que se desarrolla. Cuando eres canijo coincides con los familiares, los cercanos y los lejanos, de cuando en cuando, en eventos BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones). Luego se centra uno en su propia existencia: emparejamientos y descendencia. Cuando pasa un poco más de tiempo te enteras de que tal o cual pareja de amigos y conocidos se separó o se divorció (ya no hay celebraciones). Y a partir de los 40, por puro reloj biológico, constatas con sufrimiento que la vida va en serio cuando las personas que te han precedido en el camino, los padres y madres propios y de amigos y conocidos, van desapareciendo. Hablo de la silenciosa muerte de los españoles y españolas nacidos en la década de los 30 del pasado siglo, que sufrieron la llegada de la Guerra Civil, la propia contienda y el atroz franquismo. Gentes humildes que vinieron a trabajar a la gran ciudad (o tuvieron que emigrar allende nuestras fronteras), desde La Mancha, Andalucía, Castilla, Galicia, Extremadura… Que nos criaron aquí a nosotr@s, los niños y niñas del baby boom de los 60, y sostuvieron sobre sus hombros todo el peso del país en años de plomo. Buenas gentes que en muchos casos nunca han sido suficientemente valoradas (¿estará alguien escribiendo su historia?). Están marchándose, muriendo poco a poco, haciendo mutis por el foro tan mansamente como vivieron, cayendo como copos de nieve sobre un campo de Castilla en un frío día de invierno. A todos ell@s vaya mi modesto homenaje, mi gratitud y mi reconocimiento.
La llama humana
Escuchando el otro día en vivo en Madrid a una cantautora en ladino en un recital organizado por Casa Sefarad Israel, la judía Mor Karbasi, reparaba en que son las mujeres las que han transmitido la llama de la humanidad desde el origen de nuestra especie. Son ellas las que en todos estos siglos oscuros pasados -y en tantas oscuridades presentes- se han ocupado de poner luz a todas las cosas verdaderamente importantes, mientras nosotros los hombres estábamos ocupados en un sinfín de gilipolleces. Y a pesar de todo, han sido históricamente despreciadas, vituperadas, violentadas. Y no menos despreciado, vituperado y violentado ha sido el movimiento feminista que ha emancipado a las mujeres. Sé que estoy escribiendo cosas de perogrullo, pero no por ello deja de resultar escandalosa esta realidad, que se evoca al escuchar un romance en ladino que se ha podido transmitir de generación en generación, desde hace siglos, gracias a la magia de las mujeres que mantuvieron viva la llama de Sefarad en sus hogares.
Ignorancia del árbol
Siendo como somos una evolución de los monos que en su momento bajaron de las ramas, no deja de ser paradójico el olvido urbanita contemporáneo hacia la identidad de lo que nos sustentó: el árbol. Esto es, ¿quién de ustedes es capaz de distinguir un fresno de un aliso, un roble melojo de un carballo? Los habitantes de la ciudad vivimos de espaldas a la naturaleza, que solo queda bien como fondo de las fotos de postal que nos gusta hacer. Pero la mayoría lo ignoramos todo sobre la vida de las plantas, lo cual no deja de ser sangrante en un país con tanta presencia del campo como es España. Yo reconozco mi gran ignorancia, y me avergüenzo de esta incultura arborícola que no sé si se reparará para las generaciones venideras mediante la inclusión de tratados para plantas en los manuales de Conocimiento del Medio (“Cono”, como dicen los niñ@s). Vean lo que ocurre durante estos días festivos con las cosas verdes que imitan a los árboles de la naturaleza y que colocamos en distintas peanas en nuestros comedores. Compramos abetos plasticosos fabricados a mansalva en China para evitar que se talen los abetos de verdad, sin que nos importen las condiciones laborales de porquería en las que se fabrica el susodicho abeto. No se talan árboles de verdad, pero estamos contribuyendo a que se talen derechos laborales y sociales en China, a que se levanten vidas falsas y modelos socioeconómicos trucados en Oriente que luego se pretenderán imponer en Occidente (al tiempo). En vez de la pescadilla que se muerde la cola, el abeto que se muerde la cola. Al final está todo relacionado por la ignorancia.
Miedito dan
Al nuevo Gobierno Pop con el que hemos sido agraciados los votantes y los no votantes (ahí estoy yo) del Advenimiento Marianil le veo falto de humor, salvo que pretendan pasarlo bien a costa de los demás. Oh, cielos, ¿no les parece que son tod@s demasiado serios y estirados, con rostros que no despiertan la sonrisa, sino más bien cierto rictus de espanto? Quizá tenga yo los cristales de las gafas sucios (y eso que no uso), pero es que los veo emborronados y con bultos raros bajo los trajes (las tijeras de podar que guardan bajo el gabán). Que sí, que la situación es complicada, mas, ¿no podían haberse grabado todos juntos cantando unos villancicos? Igual estos días se relajan con la lombarda, el turrón y las peladillas, porque, a primera vista, dan un poco de repelús, y eso que no han sacado la motosierra todavía (no han tenido tiempo; la están engrasando). Al Ejecutivo conservador de Mariano I hay que desearle de entrada, más allá de las profundas diferencias ideológicas, que le vaya razonablemente bien, porque ahora son los que están en el puente de mando de las españas. Vienen unos días de relajo; ya llegarán los tiempos de criticarles (en breve), en cuanto comiencen a sacudirse la caspa de las solapas y empiecen las rebajas (anticipadas). Pero, oigan, qué poco sexys son, sí.
PD.- Ah, y los madrileñ@s no votantes de la Era Pop tenemos premio doble con el gordo navideño: Ana Botella, alcaldesa a partir del martes 27 (podían nombrarla el 28, por aquello de las inocentadas). ¡Viva la modernidad!














