El IX Festival Internacional de Documentales de Madrid, Documenta Madrid, ha premiado con todo merecimiento un magnífico documental, [No-Res], de Xabier Artigas (con la valiosa e imprescindible producción de mi excompañera Ana Castañosa), que recoge los estertores de una forma de vida en una colonia fabril obrera de Barcelona arruinada por la piqueta y las ansias especuladoras. [No-Res] es también una metáfora de la crisis: la burbuja que nos envolvía y cuyo estallido en mil pedazos se está llevando por delante, en una brutal onda expansiva, vidas y proyectos, arruinando la vida de las gentes más humildes y trabajadoras. Un documental sin apenas diálogos, porque no hacen falta: las imágenes lo dicen todo y hablan por sí solas, esa nada que da paso a la nada. Una colonia de viviendas humildes, pero llenas de vida, asolada para pasar a ser un solar poblado por las ratas. Anoche tuve oportunidad de ir a verlo en Matadero Madrid, sede del festival, y me llevé a mi hija Estrella, que con seis años ha heredado en vena la cinefilia de su madre. Me lo pasé en grande a pesar de la tristeza que emana la cinta. Estrella aliñó con sus comentarios de cría espabilada los silencios del documental, y extrajo dos conclusiones: sus críticas a los poderes públicos que han alimentado la burbuja y su abatimiento por ver que se derriban “los sueños de la gente”. Su mente de seis años carbura mucho más que la de otros de cuarenta.
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Una habitación propia
Mi hija Estrella está manos a la obra con un proceso de “deshacer lo invisible”, dice ella para explicarse, o de hacer visible lo invisible, para que nos entendamos. Se refiere a que está plasmando en imágenes lo que hasta ahora solo existía en su imaginación de chiquilla despierta. Los Reyes Magos, tan majos, le han traído, entre otros presentes, unas imágenes adhesivas de monstruos inocentes y dragones naif con las que decorar las paredes de su cuarto, y ella anda pegando con ayuda de los mayores las grandes pegatinas sobre los muros, con toda la ilusión del mundo. Por fin ve sobre las paredes de su habitación, proyectados, los mundos que tanto le gustan, y que existen en verdad para ella porque ella desea que existan. La ilusión y las esperanzas son el motor de nuestra vida; si se pierden, las paredes se tornan mustias y descoloridas, al tiempo que nuestras vidas se vuelven lacias como una planta que no recibe los rayos del sol. La búsqueda de un cuarto propio, de un lugar en el que sentirse uno reconocido y protegido como está haciendo ahora mi niña, no cesa en toda la vida.
Navidades fantásticas
Mi hija Estrella (6), inspiradora de este blog, acaba de escribir su primer cuento, que quiero dejar reflejado aquí porque luego estas cosas se olvidan. Lo ha llamado Navidades Fantásticas, y me llena de alegría que sea una niña tan imaginativa: «Era un día feliz porque los niños estaban dormidos esperando a Papá Noel, pero al levantarse no había regalos, y luego, el día de los Reyes Magos, tampoco. Los niños estaban muy extrañados. ¿Sabes por qué? Porque Papá Noel y los Reyes Magos estaban en manos de unos piratas. La tripulación pirata no era mala; solo su jefe, el capitán Lagartijón, que vivía en un castillo. Pero los niños fueron al castillo del capitán Lagartijón. Ellos conocían a Lagartijón, pero querían ver el castillo abandonado sin saber quién vivía allí. Entraron al castillo y entonces vieron una habitación que ponía “Camarote del capitán y su tripulación”. Abrieron la puerta y encontraron al capitán Lagartijón, que sabían que era malo, y a su tripulación. Dijeron: “¿Por qué habéis atrapado a los Reyes y a Papá Noel estas navidades?”. Su tripulación dijo: “El malo es Lagartijón”, y él dijo: “Siempre he querido estropear las navidades, y ese ha sido mi destino”. Los niños y niñas, que eran miles, ataron a Lagartijón y desataron a Papá Noel y a los Reyes, y les dieron un abrazo y un beso. Todos eran felices menos Lagartijón, porque en aquel castillo les dieron los regalos pedidos por los niños. Entonces ese día la Navidad fue fantástica.»
Libros y bibliotecas
Los humanos somos seres blandos metidos en carcasas aparentemente duras, pero que no aguantan el roce con el filo de una navaja. Nuestro interior está lleno de humores y fluidos raros en permanente estado de zozobra de la mitad para abajo. De la mitad para arriba manda, o pseudomanda, una cosa llamada cerebro. Mi hija lo llama celebro, y esa letra ele incorpora ribetes de celebración a una mente humana que no para de maquinar, sea cual sea su procedencia. En esa mitad para arriba se cuecen pensamientos y hornean ideas cuyo estallido desprende aromas diversos. Para la navegación del celebro humano, siempre sobre aguas turbulentas, nos dotamos de guías en forma de libros que no hacen sino agitarnos aún más y que forman ecosistemas complejos en uno de los mejores inventos del ser humano: las bibliotecas, cuyos secretos desvela la autora francesa Sophie Divry en un divertido librito, Signatura 400, que salió este pasado verano y es una lectura recomendada para este otoño.
Ferragosto
En Ferragosto los ritmos vitales caen bajo mínimos, como las bolsas de estos días. Cuesta levantarse y desperezarse, echar aftersun a la piel que el sol abrasó ayer entre canchales ribereños de parajes de montaña. Ha pasado la lluvia de Perseidas y, maldita sea, no he vuelto a ver ninguna por más que escudriñé los cielos, pero qué falta me hace verlas estando en compañía de mis dos estrellas preferidas, que cumplen años también alrededor del Ferragosto. La gran ciudad baja los latidos, acompasa su ritmo cardiaco al calor, aunque hayan desaparecido aquellos agostos de hace quince, veinte, veinticinco años, cuando Madrid a estas alturas de año se asemejaba a una ciudad golpeada por la bomba hache, vacía como una planta de un ministerio a las ocho de la tarde. Aquellos veranos con la ciudad desierta son historia; el foro ya no se vacía nunca del todo. Pero es Ferragosto, qué demonios, así que voy a dejarme poseer por el dolce far niente, que ya vendrá la marejada.
Chulap@s del siglo XXI
Los pequeños chulapos y chulapas madrileños de esta segunda década del siglo XXI vienen de países muy lejanos. Gastan acentos de fuera, tienen rostros de otros lados. Pero cuando se ponen los atavíos para ir a la Pradera de San Isidro, son todos iguales, los nacidos de padres y madres de acá y los que tienen origen extranjero, aunque ahora ya sean de dentro, de este Foro que acoge a todos por igual. En la entrada del cole público de mi hija Estrella, el pasado viernes, se hicieron todos fotos tan contentos, los de aquí y los de fuera, riéndose de sus pintas, tan castizos con sus trajes. “Eres mi chulapo chinito, y tú eres mi chulapo café con leche”, decía Estrella con ternura a alguno de sus amiguitos del cole. Estos pequeños madrileños de San Isidro 2011 son la sociedad del futuro, y en su educación deberían volcarse todos los esfuerzos públicos. Esta es una buena elección para decidir el voto el 22-M: si cree usted en una enseñanza pública, de calidad e integradora, elija bien la papeleta, porque no todas las formaciones políticas defienden lo mismo.
800 primaveras
Sobre la piel de toro han brotado a veces flores, a veces lunares, durante estos largos siglos de historia. En estas últimas décadas de ladrillazo y tentetieso el cutis se le ha estropeado con tanto hormigón, sobre todo en la costa. Pero hace casi mil años surgió una flor de piedra en una de sus esquinas, la que mira más al noroeste, levantada sobre la leyenda originada alrededor de una tumba, algunos dicen que de un santo, otros que del hereje Prisciliano. Qué más da. El caso es que para compensar la levedad de esa posible ficción se tallaron en sólida piedra palacios, templos, escalinatas, fuentes… hasta conformar las estrellas que componen el skyline de Santiago de Compostela, una de las ciudades más bellas de la península, cuya catedral está de 800º cumpleaños.













