Se barrunta que este año que acaba de empezar a berrear va a ser un año caprino, un año cabrón, sin necesidad de mirar para el firmamento, ni de interpretar la cábala, ni de leer los posos del café. Que con los continuos topetazos de su cornamenta va a dar pocas satisfacciones desde su primer minuto. Ya el arranque ha sido tremebundo en España: un brutal recortazo del PP que traerá más paro y recesión económica y que recae en los que menos tienen. Si el sector privado está más muerto que vivo, y el público entra en coma con estas medidas de Mariano I, ¿hacia dónde se dirige la economía? No hace falta ser Einstein para contestar. Un año cabrón, pues, que en su concepción macro pinta tan, tan negro y va a dar tan pocas satisfacciones, que lo mejor será buscar refugio en las pequeñas cosas de la realidad micro de cada un@: la sonrisa de tu hij@, el acorde de guitarra que por fin lograste sacar, un artículo bien escrito, la receta que se te resistía, una emoción que te haga palpitar el pecho.
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Miedito dan
Al nuevo Gobierno Pop con el que hemos sido agraciados los votantes y los no votantes (ahí estoy yo) del Advenimiento Marianil le veo falto de humor, salvo que pretendan pasarlo bien a costa de los demás. Oh, cielos, ¿no les parece que son tod@s demasiado serios y estirados, con rostros que no despiertan la sonrisa, sino más bien cierto rictus de espanto? Quizá tenga yo los cristales de las gafas sucios (y eso que no uso), pero es que los veo emborronados y con bultos raros bajo los trajes (las tijeras de podar que guardan bajo el gabán). Que sí, que la situación es complicada, mas, ¿no podían haberse grabado todos juntos cantando unos villancicos? Igual estos días se relajan con la lombarda, el turrón y las peladillas, porque, a primera vista, dan un poco de repelús, y eso que no han sacado la motosierra todavía (no han tenido tiempo; la están engrasando). Al Ejecutivo conservador de Mariano I hay que desearle de entrada, más allá de las profundas diferencias ideológicas, que le vaya razonablemente bien, porque ahora son los que están en el puente de mando de las españas. Vienen unos días de relajo; ya llegarán los tiempos de criticarles (en breve), en cuanto comiencen a sacudirse la caspa de las solapas y empiecen las rebajas (anticipadas). Pero, oigan, qué poco sexys son, sí.
PD.- Ah, y los madrileñ@s no votantes de la Era Pop tenemos premio doble con el gordo navideño: Ana Botella, alcaldesa a partir del martes 27 (podían nombrarla el 28, por aquello de las inocentadas). ¡Viva la modernidad!
Polvorones
La tradición y la costumbre no escritas en la piel de toro establecen que un polvorón, antes de llevárselo a la boca, debe ser estrujado, amasado y aplastado a conveniencia, con el envoltorio de papelillo puesto, para que luego no se desparrame y se desmigaje cuando se le quita el papel y la ingesta sea más cómoda. En esto la sociedad española, tan dada a tener cincuenta opiniones por cabeza y por minuto, cambiantes y contradictorias las unas con las otras, no admite discrepancias. El buen polvorón hay que trabajárselo previamente para que la experiencia sea completa. Nadie sabe dónde está Mr. Depende, que sigue sin emitir señales una semana después de su resonante victoria, pero posiblemente esté recibiendo instrucciones de allende los Pirineos, de Germania o más allá, para ir preparando la masa polvoronosa poco edulcorada, amarga más bien, que los españoles y las españolas vamos a empezar a engullir en breve y sin compasión. Va a ser una receta que pasará a los anales gastronómicos. Y sin masaje previo, que no hay que malgastar esfuerzos.
Pescadillas de enroscar
Las pescadillas de enroscar, esas que se muerden la cola, se pasan por harina y se fríen, eran un plato clásico en las cenas de mi infancia, cuando Europa estaba tan lejos. De cuando yo era un niño y Europa era un sueño lejano al que había parientes y conocidos de mis padres que habían emigrado para buscarse la vida lejos de la España franquista, a Alemania, a Inglaterra, a Suiza. Las pescadillas de enroscar fueron perdiendo peso, conforme yo crecía, en las cenas, que a cambio se enriquecieron con platos más internacionales, al tiempo que España se reencontraba con Europa y entraba en ella. Hoy Europa es un plato enfermo. La están devorando desde dentro y desde fuera. Los especuladores sacan provecho a cuenta de su deuda pública y Europa aplica más y más ajustes, sin llevar a cabo políticas de reactivación, con lo que la pescadilla que se muerde la cola está a punto de autoengullirse y desaparecer del plato.
PD.- El PP dice que devolverá la confianza a los inversores en España. A mí solo me infuden más y más desconfianza. Qué preocupantes son las trazas del Advenimiento Marianil si finalmente se perpetra. Vaticinó ayer De Cospedal que para después del 20-N España va a tener la calle “llena de manifestaciones” cuando Rajoy “diga lo que hay que hacer”. Y ¿qué es lo que quiere hacer? ¿No les parece una desvergüenza no desvelar su verdadero programa a los ciudadan@s antes de que vayan a las urnas? Salieron del gobierno mintiendo y pretenden volver no diciendo la verdad sobre sus intenciones y su programa. Mal final y, si es así, peor comienzo.
Esa mayoría
Las encuestas publicadas por los medios de comunicación dicen que la mayoría de los españoles cree que Mariano Rajoy ganó el debate con Alfredo Pérez Rubalcaba del pasado lunes por la noche. A esa mayoría, por tanto, no le inquietan la ambigüedad calculada, la falta de propuestas y de iniciativas del presidente del PP. A esa mayoría no le alarmó que el líder del PP echara una y otra vez balones fuera ante las reiteradas preguntas del candidato socialista sobre el futuro del Estado del Bienestar. A esa mayoría, por lo que se ve, no parece preocuparle lo que pueda ocurrir con las pensiones, con la sanidad, con la educación. “Estos son mis principios; si no le gustan tengo otros”, decía Groucho Marx, y es la divisa que podría emplear Mariano Rajoy para esta campaña, en la que procura por todos los medios no dar un paso que movilice al electorado de izquierda y que le reste votos. Lo que sea con tal de llegar a La Moncloa a golpe de bostezos, sin que nadie conozca, aunque se intuyan, las auténticas propuestas de su programa en la sombra, y que él se negó a desvelar en el debate televisivo. Si esa mayoría se mantiene y el Advenimiento Marianil se produce (¡los votos no lo quieran!), las próximas comparecencias televisivas de Rajoy a partir del 20 de noviembre ya no serán tan ambiguas, y más de uno entre esa mayoría tendrá que plantearse para qué ha servido su voto.
Tibias y peronés
Al hilo de la victoria, arrolladora, de Cristina Fernández de Kirchner en la Argentina comenzamos a hablar en la cena mi mujer y yo de la historia de la gran nación austral y de fenómenos como el peronismo y otros ismos de América Latina. Mi hija Estrella (6) zanjó la conversación: “Peronismo, ¿es de tibia y peroné, o no?”, preguntó intentando aproximar el confuso mundo de la política al no menos complejo universo de los huesos del cuerpo humano, ahora que en el cole está aprendiendo lo segundo. No supe qué contestarle, porque es verdad que entre ambos ecosistemas puede haber más relaciones de lo que parece a bote pronto. Veamos el cuerpo humano español, ese organigrama mutante tan complicado. En el organismo español, digo, próximo a su gran revisión médica cuatrienal el próximo 20 de noviembre, hay un candidato, Mariano R, cercano a la tibia -que diría mi hija- por su tibieza. Él no quiere hacer nada en esta campaña, quiere ir piano, piano (lo viene haciendo desde siempre). Solo sueña con que un prolongado bostezo entre volutas de humo de puro lleve en volandas sus tibias y tibiezas a las más altas magistraturas monclovitas. Pero sin hacer ruido ni causar alboroto en esta campaña, no vaya a ser que el electorado de izquierdas se movilice y le dé un susto. En suma, que mi niña tiene más razón de lo que parece y, ¡ay!, esperemos que al final no venga el llanto y el crujir de dientes (y de huesos) a manos del Advenimiento Marianil.













