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SAPIENS. DE ANIMALES A DIOSES: UNA BREVE HISTORIA DE LA HUMANIDAD, Yuval Noah Harari

200.000 Aparición de Homo sapiens por evolución en África oriental.

Tres revoluciones importantes conformaron el curso de la historia: la revolución cognitiva marcó el inicio de la historia hace unos 70.000 años. La revolución agrícola la aceleró hace unos 12.000 años. La revolución científica, que se puso en marcha hace solo 500 años, bien pudiera poner fin a la historia e iniciar algo completamente diferente.

La tolerancia no es una marca de fábrica de los sapiens. En tiempos modernos, pequeñas diferencias en el color de la piel, el dialecto o la religión han sido suficientes para animar a un grupo de sapiens a que se dispusiera a exterminar a otro grupo. ¿Habrían sido los antiguos sapiens más tolerantes hacia una especie humana completamente diferente? Bien pudiera ser que cuando los sapiens se toparon con los neandertales el resultado fuera la primera y más importante campaña de limpieza étnica de la historia.

Una segunda teoría plantea que nuestro lenguaje único evolucionó como un medio de compartir información sobre el mundo. Pero la información más importante que era necesaria transmitir era acerca de los humanos, no acerca de los leones y los bisontes. Nuestro lenguaje evolucionó como una variante de chismorreo. Según esta teoría, Homo sapiens es ante todo un animal social. La cooperación social es nuestra clave para la supervivencia y la reproducción. No basta con que algunos hombres y mujeres sepan el paradero de los leones y los bisontes. Para ellos es mucho más importante saber quién de su tropilla odia a quién, quién duerme con quién, quién es honesto y quién es un tramposo.

la característica realmente única de nuestro lenguaje no es la capacidad de transmitir información sobre los hombres y los leones. Más bien es la capacidad de transmitir información acerca de cosas que no existen en absoluto. Hasta donde sabemos, solo los sapiens pueden hablar acerca de tipos enteros de entidades que nunca han visto, ni tocado ni olido.

(…) la ficción nos ha permitido no solo imaginar cosas, sino hacerlo colectivamente. Podemos urdir mitos comunes tales como la historia bíblica de la creación, los mitos del tiempo del sueño de los aborígenes australianos, y los mitos nacionalistas de los estados modernos. Dichos mitos confirieron a los sapiens la capacidad sin precedentes de cooperar flexiblemente en gran número.

(…) desde la revolución cognitiva, los sapiens han vivido en una realidad dual. Por un lado, la realidad objetiva de los ríos, los árboles y los leones; y por el otro, la realidad imaginada de los dioses, las naciones y las corporaciones. A medida que pasaba el tiempo, la realidad imaginada se hizo cada vez más poderosa, de modo que en la actualidad la supervivencia de ríos, árboles y leones depende de la gracia de entidades imaginadas tales como dioses, naciones y corporaciones.

Las bandas vecinas competían por los recursos e incluso luchaban entre sí, pero también tenían contactos amistosos. Intercambiaban miembros, cazaban juntas, intercambiaban productos de lujo y raros, celebraban festividades religiosas y unían fuerzas contra los extranjeros. Esta cooperación era una de las improntas más importantes de Homo sapiens, y le confirió una ventaja crucial sobre otras especies humanas. A veces las relaciones con las bandas vecinas eran lo bastante estrechas para que constituyeran una única tribu, que compartía un lenguaje común, mitos comunes y normas y valores comunes.

Los sapiens no andaban únicamente en busca de comida y materiales. También buscaban afanosamente conocimiento (…) En otras palabras, el cazador-recolector medio tenía un conocimiento más amplio, más profundo y más variado de su entorno inmediato que la mayoría de sus descendientes modernos. Hoy en día, la mayoría de las personas de las sociedades industriales no necesitan saber mucho acerca del mundo natural con el fin de sobrevivir.

Las bandas merodeadoras de sapiens contadores de relatos fueron la fuerza más importante y más destructora que el reino animal haya creado nunca (…) El planeta Tierra estaba dividido en varios ecosistemas distintos, cada uno de ellos constituido por un conjunto único de animales y plantas. Sin embargo, Homo sapiens estaba a punto de poner punto final a esta exuberancia biológica (…) El viaje de los primeros humanos a Australia es uno de los acontecimientos más importantes de la historia, al menos tan importante como el viaje de Colón a América o la expedición del Apolo 11 a la Luna (…)

El momento en el que el primer cazador-recolector pisó una playa australiana fue el momento en el que Homo sapiens ascendió el peldaño más alto en la cadena alimentaria y se convirtió en la especie más mortífera que ha habido en los cuatro mil millones de años de la historia de la vida en la Tierra.

(…) la megafauna de Nueva Zelanda (que había resistido sin el menor rasguño el supuesto «cambio climático» de hace unos 45.000 años), sufrió golpes devastadores inmediatamente después de que los primeros humanos pusieran el pie en las islas. Los maoríes, los primeros sapiens que colonizaron Nueva Zelanda, alcanzaron las islas hace unos ochocientos años. En un par de siglos, la mayoría de la megafauna local se había extinguido, junto con el 60 por ciento de todas las especies de aves (…) Estos animales tenían que desarrollar el miedo a los humanos, pero antes de que pudieran hacerlo ya habían desaparecido.

Homo sapiens llevó a la extinción a cerca de la mitad de las grandes bestias del planeta mucho antes de que los humanos inventaran la rueda, la escritura o las herramientas de hierro. Esta tragedia ecológica se volvió a repetir en innumerables ocasiones y a una escala menor después de la revolución agrícola.

Poseemos la dudosa distinción de ser la especie más mortífera en los anales de la biología.

Entre los grandes animales del mundo, los únicos supervivientes del diluvio humano serán los propios humanos, y los animales de granja que sirven como galeotes en el Arca de Noé (…) Todo esto cambió hace unos 10.000 años, cuando los sapiens empezaron a dedicar casi todo su tiempo y esfuerzo a manipular la vida de unas pocas especies de animales y plantas.

El agricultor medio trabajaba más duro que el cazador-recolector medio, y a cambio obtenía una dieta peor. La revolución agrícola fue el mayor fraude de la historia (…) ¿Quién fue el responsable? Ni reyes, ni sacerdotes, ni mercaderes. Los culpables fueron un puñado de especies de plantas, entre las que se cuentan el trigo, el arroz y las patatas. Fueron estas plantas las que domesticaron a Homo sapiens, y no al revés (…) las nuevas tareas agrícolas exigían tanto tiempo que las gentes se vieron obligadas a instalarse de forma permanente junto a sus campos de trigo. Esto cambió por completo su modo de vida. No domesticamos el trigo. El término «domesticar» procede del latín domus, que significa «casa». ¿Quién vive en una casa? No es el trigo. Es el sapiens.

La revolución agrícola es uno de los acontecimientos más polémicos de la historia. Algunos partidarios proclaman que puso a la humanidad en el camino de la prosperidad y el progreso. Otros insisten que la llevó a la perdición. Fue el punto de inflexión, dicen, en el que los sapiens se desprendieron de su simbiosis íntima con la naturaleza y salieron corriendo hacia la codicia y la alienación.

Mientras que el espacio agrícola se encogía, el tiempo agrícola se expandía. Los cazadores-recolectores no solían invertir mucho tiempo pensando en la próxima semana o el mes siguiente. En cambio, los agricultores recorrían en su imaginación años y décadas hacia el futuro.

En consecuencia, desde la aparición de la agricultura las preocupaciones por el futuro se convirtieron en actores principales en el teatro de la mente humana.

El esfuerzo vinculado a la agricultura tuvo consecuencias trascendentales. Fue el fundamento de sistemas políticos y sociales a gran escala. Lamentablemente, los diligentes campesinos casi nunca consiguieron la seguridad económica futura que tanto ansiaban mediante su duro trabajo en el presente. Por todas partes surgían gobernantes y élites, que vivían a costa de los excedentes de alimentos de los campesinos y que solo les dejaban con una mera subsistencia.

Estos excedentes alimentarios confiscados impulsaron la política, las guerras, el arte y la filosofía. Construyeron palacios, fuertes, monumentos y templos. Hasta la época moderna tardía, más del 90 por ciento de los humanos eran campesinos que se levantaban cada mañana para labrar la tierra con el sudor de su frente. Los excedentes que producían alimentaban a la reducida minoría de élites (reyes, funcionarios gubernamentales, soldados, sacerdotes, artistas y pensadores) que llenan los libros de historia. La historia es algo que ha hecho muy poca gente mientras que todos los demás araban los campos y acarreaban barreños de agua.

Cuando la revolución agrícola abrió oportunidades para la creación de ciudades atestadas e imperios poderosos, la gente inventó relatos acerca de grandes dioses, patrias y sociedades anónimas para proporcionar los vínculos sociales necesarios. Aunque la evolución humana seguía arrastrándose a su paso usual de caracol, la imaginación humana construía asombrosas redes de cooperación en masa, distintas a cualesquiera otras que se hubieran visto en la Tierra.

Tanto Hammurabi como los Padres Fundadores americanos imaginaban una realidad regida por principios de justicia universales e inmutables, tales como la igualdad y la jerarquía. Pero el único lugar en el que tales principios existen es en la fértil imaginación de los sapiens, y en los mitos que inventan y se cuentan unos a otros. Estos principios no tienen validez objetiva.

(…) un orden imaginado se halla siempre en peligro de desmoronarse, porque depende de mitos, y los mitos se desvanecen cuando la gente deja de creer en ellos. Con el fin de salvaguardar un orden imaginado es obligado realizar esfuerzos continuos y tenaces, algunos de los cuales derivan en violencia y coerción.

Sin embargo, un orden imaginado no puede sostenerse solo mediante la violencia. Requiere asimismo verdaderos creyentes. El príncipe Talleyrand, que inició su carrera camaleónica bajo el reinado de Luis XVI, sirvió posteriormente a los regímenes revolucionario y napoleónico y cambió su lealtad a tiempo de terminar sus días trabajando para la monarquía restaurada. Su célebre frase «Se pueden hacer muchas cosas con las bayonetas, pero es bastante incómodo sentarse sobre ellas» resume décadas de experiencia de gobierno. Un único sacerdote suele hacer el trabajo de cien soldados, y de manera mucho más barata y eficiente.

¿Cómo se hace para que la gente crea en un orden imaginado como el cristianismo, la democracia o el capitalismo? En primer lugar, no admitiendo nunca que el orden es imaginado. Siempre se insiste en que el orden que sostiene a la sociedad es una realidad objetiva creada por los grandes dioses o por las leyes de la naturaleza.

Las humanidades y las ciencias sociales dedican la mayor parte de sus energías a explicar exactamente de qué manera el orden imaginado está entretejido en el tapiz de la vida. En el espacio limitado de que disponemos solo podemos arañar la superficie.

Un fenómeno objetivo existe con independencia de la conciencia humana y de las creencias humanas. La radiactividad, por ejemplo, no es un mito. Las emisiones radiactivas se producían mucho antes de que la gente las descubriera, y son peligrosas aunque no crea en ellas.

Lo subjetivo es algo que existe en función de la conciencia y creencias de un único individuo, y desaparece o cambia si este individuo concreto cambia sus creencias. Muchos niños creen en la existencia de un amigo imaginario que es invisible e inaudible para el resto del mundo.

Lo intersubjetivo es algo que existe en el seno de la red de comunicación que conecta la conciencia subjetiva de muchos individuos. Si un solo individuo cambia sus creencias o muere, ello tiene poca importancia. Sin embargo, si la mayoría de los individuos de la red mueren o cambian sus creencias, el fenómeno intersubjetivo mutará o desaparecerá.

Las grandes sociedades que encontramos en otras especies, como las hormigas y las abejas, son estables y resilientes porque la mayor parte de la información necesaria para sustentarlas está codificada en el genoma.

Sin embargo, los humanos sí lo hacen continuamente. Debido a que el orden social de los sapiens es imaginado, los humanos no pueden conservar la información crítica para hacerlo funcionar mediante el simple expediente de hacer copias de su ADN y de transmitirlas a su progenie. Hay que hacer un esfuerzo sustancial para mantener leyes, costumbres, procedimientos, conductas, pues, de otro modo, el orden social se hundiría rápidamente.

Entre 3500 y 3000 a.C., algunos genios sumerios anónimos inventaron un sistema para almacenar y procesar información fuera de su cerebro, un sistema que estaba diseñado expresamente para almacenar grandes cantidades de datos matemáticos. De ese modo, los sumerios liberaron su orden social de las limitaciones del cerebro humano, abriendo el camino a la aparición de ciudades, reinos e imperios. El sistema de procesamiento de datos que los sumerios inventaron se llama «escritura».

Con el tiempo, los mesopotamios empezaron a querer escribir otras cosas que no fueran los monótonos datos matemáticos. Entre 3000 y 2500 a.C. se añadieron cada vez más signos al sistema sumerio, que lo transformaron gradualmente en una escritura completa que hoy en día llamamos cuneiforme.

Aproximadamente en la misma época, los egipcios desarrollaron otra escritura completa, la jeroglífica. Otras escrituras completas se desarrollaron en China hacia 1200 a.C. y en América Central alrededor de 1000-500 a.C.

Desde estos centros iniciales, las escrituras completas se extendieron ampliamente, adoptando varias formas nuevas y tareas novedosas. La gente empezó a escribir poesía, libros de historia, novelas, dramas, profecías y libros de recetas de cocina. Pero la tarea más importante de la escritura continuó siendo el acopio de montones de datos matemáticos, y dicha tarea continuó siendo prerrogativa de la escritura parcial. La Biblia hebrea, la Ilíada griega, el Mahabharata hindú y el Tipitika budista empezaron como obras orales.

Lo que hace diferente la cultura de Sumer, así como la del Egipto faraónico, la antigua China y el Imperio inca, es que dichas culturas desarrollaron buenas técnicas de archivo, catalogación y recuperación de los registros escritos. También invirtieron en escuelas para escribas, amanuenses, bibliotecarios y contables.

A medida que pasaban los siglos, los métodos burocráticos de procesamiento de datos se hacían cada vez más diferentes del modo en que los seres humanos piensan de manera natural… y cada vez más importantes. Un paso fundamental se dio en algún momento anterior al siglo IX d.C., cuando se inventó una nueva escritura parcial, que podía almacenar y procesar datos matemáticos con una eficiencia sin precedentes. Esta escritura parcial se componía de diez signos, que representaban los números del 0 al 9.

Salvo raras excepciones, el cerebro humano es simplemente incapaz de pensar en conceptos como la relatividad y la mecánica cuántica. No obstante, los físicos consiguen hacerlo porque dejan de lado la manera de pensar humana tradicional y aprenden a pensar de nuevo con ayuda de sistemas externos de procesamiento de datos. Hay partes cruciales de su proceso de pensar que no tienen lugar en la cabeza, sino en ordenadores o en pizarras de aulas.

Más recientemente, la escritura matemática ha dado origen a un sistema de escritura todavía más revolucionario, una escritura informática binaria que consiste únicamente en dos signos: 0 y 1.

Nuestros ordenadores tienen dificultades para comprender cómo Homo sapiens habla, siente y sueña. De manera que enseñamos a Homo sapiens a hablar, sentir y soñar en el idioma de los números, que los ordenadores puedan comprender. Al final, los ordenadores podrían superar a los humanos en los mismos campos que hicieron que Homo sapiens fuera el amo del mundo: inteligencia y comunicación.

Comprender la historia humana en los milenios que siguieron a la revolución agrícola se resume en una única pregunta: ¿cómo consiguieron los humanos organizarse en redes de cooperación masivas cuando carecían de los instintos biológicos para mantener dichas redes? La respuesta, a grandes rasgos, es que los humanos crearon órdenes imaginados y diseñaron escrituras. Estos dos inventos llenaron las lagunas que había dejado nuestra herencia biológica.

La discriminación injusta suele empeorar, no mejorar, con el tiempo. El dinero llama al dinero, y la pobreza a la pobreza. La educación llama a la educación, y la ignorancia a la ignorancia. Los que una vez fueron víctimas de la historia es probable que vuelvan a serlo otra vez. Y aquellos a los que la historia ha concedido privilegios tienen más probabilidades de obtenerlos de nuevo.

La mayoría de las jerarquías sociopolíticas carecen de una base lógica o biológica: no son más que la perpetuación de acontecimientos aleatorios sostenidos por mitos.

(…) hay una jerarquía que ha sido de importancia suprema en todas las sociedades humanas conocidas: la jerarquía del género. En todas partes la gente se ha dividido en hombres y mujeres. Y casi en todas partes los hombres han obtenido la mejor tajada, al menos desde la revolución agrícola.

¿Cómo podemos distinguir lo que está determinado biológicamente de lo que la gente intenta simplemente justificar mediante mitos biológicos? Una buena regla empírica es: «La biología lo permite, la cultura lo prohíbe».

Al menos desde la revolución agrícola, la mayoría de las sociedades humanas han sido sociedades patriarcales que valoraban mucho más a los hombres que a las mujeres. Con independencia de cómo una sociedad definiera «hombre» y «mujer», ser un hombre era siempre mejor.

El patriarcado ha sido la norma en casi todas las sociedades agrícolas e industriales y ha resistido tenazmente a los cambios políticos, las revoluciones sociales y las transformaciones económicas.

Los mitos y las ficciones acostumbraron a la gente, casi desde el momento del nacimiento, a pensar de determinada manera, a comportarse de acuerdo con determinados estándares, desear ciertas cosas y observar determinadas normas. Por lo tanto, crearon instintos artificiales que permitieron que millones de extraños cooperaran de manera efectiva. Esta red de instintos artificiales se llama «cultura».

A diferencia de las leyes de la física, que carecen de inconsistencias, todo orden creado por el hombre está repleto de contradicciones internas. Las culturas intentan constantemente reconciliar dichas contradicciones, y este proceso impulsa el cambio.

El primer milenio a.C. contempló la aparición de tres órdenes universales en potencia, cuyos partidarios podían imaginar por primera vez a todo el mundo y a toda la raza humana como una única unidad gobernada por un único conjunto de leyes. Todos eran «nosotros», al menos en potencia. Ya no había «ellos». El primer orden universal que apareció fue económico: el orden monetario. El segundo orden universal fue político: el orden imperial. El tercer orden universal fue religioso: el orden de las religiones universales, como el budismo, el cristianismo y el islamismo.

El dinero fue creado muchas veces y en muchos lugares. Su desarrollo no requirió grandes descubrimientos tecnológicos: fue una revolución puramente mental. Implicó la creación de una nueva realidad intersubjetiva que solo existe en la imaginación compartida de la gente.

El dinero no son las monedas y los billetes. El dinero es cualquier cosa que la gente esté dispuesta a utilizar para representar de manera sistemática el valor de otras cosas con el propósito de intercambiar bienes y servicios.

Más del 90 por ciento de todo el dinero (más de 50 billones de dólares que aparecen en nuestras cuentas) existe solo en los servidores informáticos.

La confianza es la materia bruta a partir de la cual se acuñan todas las formas de dinero. Cuando el granjero rico vendió sus posesiones por un saco de cauris y viajó con ellos a otra provincia, confiaba en que al llegar a su destino otras personas estarían dispuestas a venderle arroz, casas y campos a cambio de las conchas. En consecuencia, el dinero es un sistema de confianza mutua, y no cualquier sistema de confianza mutua: El dinero es el más universal y más eficiente sistema de confianza mutua que jamás se haya inventado.

(…) el imperio ha sido la forma más común de organización política en el mundo a lo largo de los últimos 2.500 años. Durante estos dos milenios y medio, la mayoría de los humanos han vivido en imperios.

Los imperios español y portugués proclamaron que lo que buscaban en las Indias y América no eran riquezas, sino conversos a la fe verdadera.

Durante el siglo II d.C., Roma fue gobernada por un linaje de emperadores nacidos en Iberia, por cuyas venas corrían probablemente al menos algunas gotas de la sangre íbera local. Por lo general, se considera que los reinados de los emperadores íberos, desde Trajano a Marco Aurelio, constituyen la edad de oro del imperio.

Los nuevos ciudadanos del imperio adoptaron la cultura imperial romana con una alegría tal que, durante siglos e incluso milenios después de que el imperio se desplomara, continuaron hablando el lenguaje del imperio, viviendo bajo las leyes del imperio y creyendo en el Dios cristiano que el imperio había adoptado de una de sus provincias levantinas.

Resulta tentador dividir de manera clara la historia en buenos y malos, y situar a todos los imperios entre los malos. Al fin y al cabo, casi todos estos imperios se fundaron sobre la sangre, y mantuvieron su poder mediante la opresión y la guerra. Pero la mayor parte de las culturas actuales se basan en herencias imperiales.

Todas las culturas humanas son, al menos en parte, la herencia de imperios y de civilizaciones imperiales, y no hay cirugía académica o política que pueda sajar las herencias imperiales sin matar al paciente.

Hoy en día se suele considerar que la religión es una fuente de discriminación, desacuerdo y desunión. Pero, en realidad, la religión ha sido la tercera gran unificadora de la humanidad, junto con el dinero y los imperios.

Las religiones afirman que nuestras leyes no son el resultado del capricho humano, sino que son ordenadas por una autoridad absoluta y suprema. Esto ayuda a situar al menos algunas leyes fundamentales más allá de toda contestación, con lo que se asegura la estabilidad social.

Hasta donde sabemos, las religiones universales y misioneras solo empezaron a aparecer en el primer milenio a.C. Su aparición fue una de las revoluciones más importantes de la historia, e hizo una contribución vital a la unificación de la humanidad, de manera parecida a la aparición de los imperios universales y del dinero universal.

El único dios que los romanos se negaron a tolerar durante mucho tiempo fue el dios monoteísta y evangelizador de los cristianos. El Imperio romano no exigía que los cristianos renunciaran a sus credos y rituales, pero esperaban de ellos que respetaran a los dioses protectores del imperio y la divinidad del emperador. Esto se consideraba una declaración de lealtad política. Cuando los cristianos rehusaron hacerlo de forma vehemente y siguieron rechazando todos los intentos de llegar a un compromiso, los romanos reaccionaron persiguiendo a los que consideraban una facción políticamente subversiva. E incluso esto lo hicieron de mala gana.

(…) en esos tres siglos los politeístas romanos mataron a no más que unos pocos miles de cristianos. Por el contrario, a lo largo de los siguientes 1.500 años, los cristianos masacraron a millones de correligionarios para defender interpretaciones ligeramente distintas de la religión del amor y la compasión.

El judaísmo tenía poco que ofrecer a otras naciones, y a lo largo de la mayor parte de su existencia no ha sido una religión misionera.

En uno de los giros más extraños de la historia, esta secta judía esotérica se apoderó del todopoderoso Imperio romano. El éxito de los cristianos sirvió de modelo para otra religión monoteísta que apareció en la península Arábiga en el siglo VII: el islam.

Las religiones monoteístas expulsaron a los dioses por la puerta delantera con mucha alharaca, solo para dejarlos entrar de nuevo por la ventana lateral. El cristianismo, por ejemplo, desarrolló su propio panteón de santos, cuyo culto difería poco de los de los dioses politeístas.

LOS PILARES DE LA TIERRA, Ken Follet

Comencé a escribir novelas hacia los veinticinco años, siendo reportero del Evening News de Londres. Me di cuenta por aquel entonces de que nunca había prestado mucha atención al paisaje urbano que me rodeaba y carecía de vocabulario para describir los edificios donde se desarrollaban las aventuras de mis personajes. De modo que compré A History of European Architecture, de Nikolaus Pevsner.

Durante meses había sufrido decepciones y había aprendido que cuanto más esperanzador era el comienzo, tanto más penoso era el final.

–La sabiduría no siempre llega por el mero hecho de asumir un cargo monástico –afirmó Remigius, tajante. –Eso es verdad –admitió el hermano Paul en tono mesurado. Luego, mirando de frente a Remigius, añadió–: A veces nunca llega.

Lamento hacerte tan desdichado. –No lo lamentes. Lamenta más bien haberme hecho feliz. Eso es lo que duele, que me hicieras tan feliz.

Philip advirtió que, en una guerra civil, la primera víctima era la justicia.

La mayor parte de los patios pequeños están construidos de igual manera, incluidos los claustros de los monasterios. Ello se debe a que esas proporciones son las más placenteras. Si el centro fuera mayor, parecería una plaza de mercado, y si fuese más pequeño, daría la impresión de un agujero en el tejado; pero para obtener la impresión adecuada, el constructor ha de ser capaz de concebir la zona abierta en el centro de tal manera que sea exactamente la mitad de todo el conjunto.

El arcediano Peter mostraba un rostro impenetrable. Philip comprendió que era la peor clase de cristiano que podía existir. Aceptaba todos los aspectos negativos, admitía todas las proscripciones, insistía en todas las formas de negación y exigía el estricto castigo a cada ofensa. Sin embargo, ignoraba la compasión del cristianismo, negaba su misericordia, desobedecía de manera flagrante su ética de amor y se burlaba de las mansas leyes de Jesús. Así eran los fariseos, se dijo Philip. No es de extrañar que el Hijo de Dios prefiriese comer con publicanos y pecadores.

EL CAMINO, Miguel Delibes

No era Daniel, el Mochuelo, quien reclamaba a las cosas y al valle, sino las cosas y el valle quienes se le imponían, envolviéndole en sus rumores vitales, en sus afanes ímprobos, en los nimios y múltiples detalles de cada día.

Le dolía que los hechos pasasen, con esa facilidad, a ser recuerdos. Notar la sensación de que nada, nada de lo pasado, podría reproducirse.

Pero a Daniel, el Mochuelo, nada de esto le causó sorpresa. Empezaba a darse cuenta de que la vida es pródiga en hechos que antes de acontecer parecen inverosímiles y luego, cuando sobrevienen, se percata uno de que no tienen nada de inextricables y de sorprendentes. Son tan naturales como que el sol asome cada mañana, o como la lluvia, o como la noche, o como el viento.

Llegarían a desaparecer del mundo todos, absolutamente todos los que ahora poblaban su costra y el mundo no advertiría el cambio. La muerte era lacónica, misteriosa y terrible.

Los monoteístas tienen que hacer un ejercicio intelectual para explicar cómo un Dios omnisciente, todopoderoso y perfectamente bueno permite que haya tanto sufrimiento en el mundo. Una explicación bien conocida es que esta es la manera que tiene Dios de permitir el libre albedrío humano. Si no existiera el mal, los humanos no podrían elegir entre el bien y el mal, y por lo tanto no habría libre albedrío.

Aun así, los humanos poseen una maravillosa capacidad para creer en contradicciones. De manera que no
debería ser ninguna sorpresa que millones de piadosos cristianos, musulmanes y judíos consigan creer a la vez en un Dios omnipotente y en un Diablo independiente.

La figura central del budismo no es un dios, sino un ser humano: Siddharta Gautama.

Pasó seis años meditando sobre la esencia, las causas y las curas de la aflicción humana. Al final llegó a comprender que el sufrimiento no está causado por la mala fortuna, la injusticia social o los caprichos divinos. El sufrimiento está causado por las pautas de comportamiento de nuestra propia mente.

La intuición de Gautama fue que, con independencia de lo que la mente experimenta, por lo general reacciona con deseos, y los deseos siempre implican insatisfacción. Cuando la mente experimenta algo desagradable, anhela librarse de la irritación. Cuando la mente experimenta algo placentero, desea que el placer perdure y se intensifique. Por lo tanto, la mente siempre está insatisfecha e inquieta.

Pero ¿cómo se consigue que la mente acepte las cosas como son, sin sentir más deseos vehementes? ¿Aceptar la tristeza como tristeza, la alegría como alegría, el dolor como dolor? Gautama desarrolló un conjunto de técnicas de meditación que entrenan la mente para experimentar la realidad tal como es, sin ansiar otra cosa. Dichas prácticas entrenan la mente para centrar toda su atención en la pregunta «¿Qué es lo que estoy experimentando ahora?», en lugar de «¿Qué desearía estar experimentando?». Es difícil alcanzar este estado mental, pero no imposible.

Cuando las llamas se extinguen por completo, el deseo es sustituido por un estado de satisfacción perfecta y de serenidad, conocido como nirvana (cuyo significado literal es «extinguir el fuego»).

Según la tradición budista, el propio Gautama alcanzó el nirvana y se liberó totalmente del sufrimiento. A partir de entonces se le conoció como Buda, que significa «el Iluminado». Buda pasó el resto de su vida explicando sus descubrimientos a otros, para que todos pudieran liberarse del sufrimiento. Resumió sus enseñanzas en una única ley: el sufrimiento surge del deseo; la única manera de liberarse completamente del sufrimiento es liberarse completamente del deseo; y la única manera de liberarse del deseo es educar la mente para experimentar la realidad tal como es.

El budismo no niega la existencia de dioses (los describe como seres poderosos que pueden producir lluvias y victorias), pero no tienen influencia en la ley según la cual el sufrimiento surge del deseo. Si la mente de una persona es libre de todo deseo, no hay dios que pueda hacerla desdichada. Y al revés, una vez que el deseo surge en la mente de una persona, todos los dioses del universo no pueden salvarla del sufrimiento.

Los científicos que estudian los mecanismos internos del organismo humano no han encontrado el alma de la que se habla. Argumentan cada vez más que el comportamiento humano está determinado por hormonas, genes y sinapsis, y no por el libre albedrío; las mismas fuerzas que determinan el comportamiento de los chimpancés, los lobos y las hormigas. Nuestros sistemas judiciales y políticos intentan barrer en gran medida estos descubrimientos inconvenientes bajo la alfombra. Pero, con toda franqueza, ¿cuánto tiempo más podremos mantener el muro que separa el departamento de biología de los departamentos de derecho y ciencia política?

Una regla básica de la historia es que lo que en retrospectiva parece inevitable no lo era en absoluto en la época. Hoy en día, la situación no es distinta.

La historia no se puede explicar de forma determinista y no se puede predecir porque es caótica. Hay tantas fuerzas en juego y sus interacciones son tan complejas que variaciones extremadamente pequeñas en la intensidad de las fuerzas y en la manera en que interactúan producen grandes diferencias en los resultados.

(…) las ideas culturales viven dentro de la mente de los humanos. Se multiplican y se extienden de un anfitrión a otro, y en ocasiones debilitan al anfitrión e incluso lo matan.

El virus nacionalista se presentaba como beneficioso para los humanos, pero sobre todo ha sido beneficioso para sí.

Los últimos 500 años han sido testigos de un crecimiento vertiginoso y sin precedentes del poder humano. En el año 1500, había unos 500 millones de Homo sapiens en todo el mundo. En la actualidad, hay 7.000 millones. Se estima que el valor total en bienes y servicios producidos por la humanidad en el año 1500 fue de 250.000 millones de dólares de hoy día. En la actualidad, el valor de un año de producción humana se acerca a los 60 billones de dólares.[3] En 1500, la humanidad consumía unos 13 billones de calorías de energía al día. En la actualidad, consumimos 1.500 billones de calorías diarias. (Considere el lector de nuevo estas cifras: la población humana se ha multiplicado por 14, la producción por 240 y el consumo de energía por 115.)

El proceso histórico que condujo a Alamogordo y a la Luna se conoce como revolución científica. Durante dicha revolución la humanidad ha obtenido nuevos y enormes poderes al invertir recursos en la investigación científica. Se trata de una revolución porque, hasta aproximadamente 1500 d.C., los humanos en todo el mundo dudaban de su capacidad para obtener nuevos poderes médicos, militares y económicos. Mientras que el gobierno y los mecenas ricos destinaban fondos para la educación y el estudio, el objetivo era, en general, conservar las capacidades existentes y no tanto adquirir otras nuevas.

La revolución científica no ha sido una revolución del conocimiento. Ha sido, sobre todo, una revolución de la ignorancia. El gran descubrimiento que puso en marcha la revolución científica fue el descubrimiento que los humanos no saben todas las respuestas a sus preguntas más importantes. Las tradiciones premodernas del conocimiento, como el islamismo, el cristianismo, el budismo y el confucianismo, afirmaban que todo lo que era importante saber acerca del mundo ya era conocido.

Sin embargo, las meras observaciones no son conocimiento. Con el fin de comprender el universo necesitamos conectar observaciones en teorías generales. Las tradiciones iniciales solían formular sus teorías a través de relatos. La ciencia moderna usa las matemáticas.

En 1687, Isaac Newton publicó Principios matemáticos de la filosofía natural, del que puede afirmarse que es el libro más importante de la historia moderna. Newton presentó una teoría general del movimiento y el cambio. La grandeza de la teoría de Newton era su capacidad de explicar y predecir los movimientos de todos los cuerpos en el universo, desde las manzanas que caen hasta las estrellas fugaces, usando tres leyes matemáticas muy sencillas (…) Newton demostró que el libro de la naturaleza está escrito en el lenguaje de las matemáticas.

Solo hacia finales del siglo XIX, los científicos realizaron algunas observaciones que no encajaban con las leyes de Newton, y estas condujeron a la siguiente revolución en física: la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica.

Los generales estadounidenses le dijeron al presidente Harry S. Truman que una invasión de Japón costaría la vida a un millón de soldados estadounidenses y prolongaría la guerra hasta bien entrado 1946. Truman decidió utilizar la nueva bomba. Dos semanas y dos bombas atómicas después, Japón se rindió sin condiciones y la guerra terminó.

La ciencia, la industria y la tecnología militar solo se entrelazaron con la llegada del sistema capitalista y de la revolución industrial. Sin embargo, una vez que se hubo establecido dicha relación, el mundo se transformó rápidamente.

Hasta la revolución científica, la mayoría de las culturas no creían en el progreso. Pensaban que la Edad de Oro era cosa del pasado, y que el mundo se había estancado, si no algo peor. La fidelidad estricta a la sabiduría de los siglos quizá podría devolver los buenos tiempos pasados, y era concebible que el ingenio humano pudiera mejorar esta o aquella faceta de la vida cotidiana. Sin embargo, se consideraba imposible que los conocimientos prácticos humanos resolvieran los problemas fundamentales del mundo.

(…) la mayoría de las confesiones convirtieron la muerte en la principal fuente de sentido en la vida. Intente el lector imaginar el islamismo, el cristianismo o la religión del antiguo Egipto en un mundo sin la muerte. Estas religiones enseñaban a la gente que tenían que aceptar la muerte y depositar sus esperanzas en la vida después de la muerte, en lugar de intentar superar la muerte e intentar vivir para siempre aquí en la Tierra. Las mejores mentes se concentraban en dar sentido a la muerte, no en intentar escapar de ella.

La única ideología moderna que todavía concede a la muerte un papel central es el nacionalismo. En sus momentos más poéticos y desesperados, el nacionalismo promete que quien muera por la nación vivirá para siempre en su memoria colectiva.

En 1775, Asia suponía el 80 por ciento de la economía mundial. Las economías combinadas de la India y China por sí solas representaban dos tercios de la producción global. En comparación, Europa era un enano económico.

El centro global de poder no pasó a Europa hasta el período entre 1750 y 1850, cuando los europeos humillaron a las potencias asiáticas en una serie de guerras y conquistaron extensas partes de Asia.

¿Qué potencial desarrolló Europa a principios del período moderno que le permitió dominar el mundo moderno tardío? Hay dos respuestas complementarias a esta pregunta: la ciencia moderna y el capitalismo.

El imperialismo europeo fue completamente distinto a todos los demás proyectos imperiales de la historia. Los anteriores buscadores de imperios solían suponer que ya comprendían el mundo. La conquista simplemente utilizaba y extendía su visión del mundo. Los árabes, para citar un ejemplo, no conquistaron Egipto, Iberia o la India con el fin de descubrir algo que no conocían. Los romanos, mongoles y aztecas conquistaron vorazmente nuevas tierras en busca de poder y riquezas, no de saber. En cambio, los imperialistas europeos se dirigieron hacia lejanas costas con la esperanza de obtener nuevos conocimientos junto con los nuevos territorios.

Darwin había estudiado para convertirse en pastor anglicano, pero estaba mucho más interesado en la geología y en las ciencias naturales que en la Biblia. Aprovechó la oportunidad, y el resto es historia. Durante el viaje, el capitán pasó su tiempo dibujando mapas militares mientras que Darwin reunía los datos empíricos y formulaba las intuiciones que finalmente se convertirían en la teoría de la evolución.

Colón se mantuvo en este error durante el resto de su vida. La idea de que había descubierto un continente desconocido era inconcebible para él y para muchos de su generación. Durante miles de años, no solo los grandes pensadores y sabios, sino también las infalibles Escrituras, habían conocido solo Europa, África y Asia. ¿Podían haber estado equivocados todos? ¿Podía la Biblia haber pasado por alto la mitad del mundo? Sería algo así como si en 1969, en su camino hacia la Luna el Apolo 11 se hubiera estrellado en una luna hasta entonces desconocida que orbitara la Tierra, y que todas las observaciones previas no hubieran conseguido detectar. En su negativa a admitir ignorancia, Colón era todavía un hombre medieval.

La llegada de los españoles fue el equivalente de una invasión extraterrestre procedente del espacio exterior.

Durante 300 años, los europeos gozaron de un dominio indiscutible en América y Oceanía, en el Atlántico y el Pacífico. Las únicas refriegas importantes en estas regiones fueron entre diferentes potencias europeas. Finalmente, las riquezas y los recursos acumulados por los europeos les permitieron invadir también Asia, derrotar sus imperios y dividirlos entre ellos. Cuando los otomanos, persas, indios y chinos se despertaron y comenzaron a prestar atención, ya era demasiado tarde.

Y los imperios europeos surgieron y florecieron gracias también a factores distintos de la ciencia. Detrás del ascenso meteórico tanto de la ciencia como del imperio acecha una fuerza particularmente importante: el capitalismo.

(…) para comprender la historia económica moderna, solo necesitamos comprender una única palabra. La palabra es crecimiento. Para bien o para mal, en la salud y en la enfermedad, la economía moderna ha crecido como un quinceañero saturado de hormonas.

Esto se parece a un gigantesco sistema Ponzi, o piramidal, ¿no es verdad? Pero, si es un fraude, entonces toda la economía moderna es un fraude. El hecho es que no es un engaño, sino más bien un tributo a las asombrosas capacidades de la imaginación humana. Lo que permite que los bancos (y la economía entera) sobrevivan y prosperen es nuestra confianza en el futuro. Esta confianza es el único respaldo para la mayor parte del dinero del mundo.

Ya hemos visto que el dinero es una cosa asombrosa porque puede representar multitud de objetos diferentes y convertir cualquier cosa en casi cualquier otra cosa. Sin embargo, antes de la era moderna esta capacidad estaba limitada. En la mayoría de los casos, el dinero podía representar y convertir únicamente cosas que ya existían en el presente. Esto imponía graves limitaciones al crecimiento, puesto que hacía muy difícil financiar empresas nuevas.

La humanidad estuvo atrapada en este brete durante miles de años. Como resultado, las economías
permanecieron congeladas. La manera de salir de la trampa no se descubrió hasta la época moderna, con la aparición de un nuevo sistema basado en la confianza en el futuro. En él, la gente acordó representar bienes imaginarios (bienes que no existen en el presente) con un tipo de dinero especial al que llamaron «crédito». El crédito nos permite construir el presente a expensas del futuro. Se basa en la suposición de que es seguro que nuestros recursos futuros serán mucho más abundantes que nuestros recursos actuales.

Si el crédito es una cosa tan maravillosa, ¿por qué nadie pensó antes en él? Claro que lo hicieron. Los acuerdos crediticios de un tipo u otro han existido en todas las culturas humanas, y se remontan al menos hasta el antiguo Sumer. El problema en las épocas anteriores no era que nadie hubiera tenido la idea o supiera cómo usarla. Era que la gente raramente quería extender mucho crédito porque no confiaban en que el futuro fuera mejor que el presente. Por lo general, creían que las épocas pasadas habían sido mejores que su propia época y que el futuro sería peor o, en el mejor de los casos, muy parecido. Para expresarlo en términos económicos, creían que la cantidad total de riqueza era limitada, si acaso no se reducía.

Era una causa perdida. Debido a que el crédito era limitado, la gente tenía dificultades en financiar nuevos negocios. Debido a que había pocos negocios nuevos, la economía no crecía. Puesto que no crecía, la gente suponía que nunca lo haría, y los que tenían capital recelaban de extender crédito. La expectativa de estancamiento se cumplía.

A lo largo de los últimos 500 años, la idea de progreso convenció a la gente para que depositara cada vez más confianza en el futuro. Dicha confianza creó crédito; el crédito produjo crecimiento económico real; y el crecimiento reforzó la confianza en el futuro y abrió el camino para más crédito todavía.

Hoy en día, hay tanto crédito en el mundo que los gobiernos, las empresas comerciales y las personas privadas obtienen fácilmente créditos grandes, a largo plazo y a un interés bajo que exceden con mucho los ingresos reales.

Quizá al lector esto no le parezca muy original, puesto que todos vivimos en un mundo capitalista que da por sentado el razonamiento de Smith. Cada día oímos en las noticias variaciones sobre este tema. Sin embargo, la afirmación de Smith de que el impulso egoísta humano de aumentar los beneficios privados es la base de la riqueza colectiva es una de las ideas más revolucionarias de la historia humana; revolucionaria no solo desde una perspectiva económica, sino, más si cabe, desde una perspectiva moral y política. Lo que Smith dice es, en realidad, que la codicia es buena, y que al hacerme rico yo beneficio a todos, no solo a mí. El egoísmo es
altruismo.

En el nuevo credo capitalista, el primer mandamiento y el más sagrado de todos es: «Los beneficios de la producción han de reinvertirse en aumentar la producción». Esta es la razón por la que el capitalismo se llama «capitalismo». El capitalismo distingue el «capital» de la simple «riqueza». El capital consiste en dinero, bienes y recursos que se invierten en producción. La riqueza, en cambio, se entierra bajo el suelo o se malgasta en actividades improductivas.

(…) hasta finales del siglo XVIII Asia era el motor económico del mundo, lo que significa que los europeos tenían mucho menos capital a su disposición que los chinos, los musulmanes o los indios. Sin embargo, en los sistemas sociopolíticos de China, la India y el mundo musulmán el crédito desempeñaba únicamente un papel secundario.

Década tras década, Europa occidental asistió al desarrollo de un sistema social refinado que podía reunir grandes sumas de crédito en poco tiempo y ponerlo a disposición de empresarios privados y de gobiernos. Este sistema podía financiar exploraciones y conquistas de manera mucho más eficiente que ningún reino o imperio.

(…) en el plazo de ochenta años, los holandeses no solo obtuvieron su independencia de España, sino que consiguieron sustituir a los españoles y a sus aliados portugueses como dueños de las rutas oceánicas, construir un imperio holandés global y convertirse en el Estado más rico de Europa. El secreto del éxito de los holandeses fue el crédito.

De esta manera, el rey de España dilapidó la confianza de los inversores al mismo tiempo que los comerciantes holandeses consiguieron su confianza. Y fueron los comerciantes holandeses (no el Estado holandés) los que forjaron el Imperio holandés. El rey de España siguió intentando obtener tributos impopulares de una plebe descontenta. Los comerciantes holandeses financiaron la conquista a base de préstamos, y cada vez más vendiendo también acciones de sus compañías que daban derecho a sus propietarios a recibir una parte de los beneficios de la compañía. Los inversores precavidos que nunca hubieran prestado su dinero al rey de España, y que se lo habrían pensado dos veces antes de extender crédito al gobierno holandés, invirtieron gustosamente fortunas en las compañías por acciones holandesas, que eran el sostén principal del nuevo imperio.

Esta es la razón por la que la calificación crediticia de un país es hoy mucho más importante para su bienestar económico que sus recursos naturales. Las calificaciones crediticias indican la probabilidad de que un país pague sus deudas.

A finales de la Edad Media, la esclavitud era casi desconocida en la Europa cristiana. Durante los inicios del período moderno, el auge del capitalismo europeo fue de la mano con el auge del tráfico de esclavos en el Atlántico.

Desde el siglo XVI al XIX, unos 10 millones de esclavos africanos fueron importados a América. Alrededor del 70 por ciento de ellos trabajaron en las plantaciones de azúcar. Las condiciones de trabajo eran abominables. La mayoría de los esclavos vivían una vida corta y miserable, y otros millones más murieron durante las guerras emprendidas para capturar esclavos o durante el largo viaje desde el interior de África a las costas de América. Y todo esto para que los europeos pudieran gozar de su té dulce y sus golosinas, y para que los magnates del azúcar pudieran obtener enormes ganancias.

(…) el capitalismo ha creado un mundo que nadie que no sea un capitalista es capaz de hacer funcionar. El único intento serio de gestionar el mundo de manera diferente (el comunismo) era mucho peor en casi todos los aspectos concebibles, hasta el punto de que nadie tiene el estómago de intentarlo de nuevo.

La economía moderna crece gracias a nuestra esperanza en el futuro y a la buena disposición de los capitalistas a reinvertir sus ganancias en la producción. Pero esto no basta. El crecimiento económico necesita también energía y materias primas, y estas son finitas. Cuando se agoten, si es que lo hacen, todo el sistema se desmoronará.

Mientras que en 1700 los carros eran construidos principalmente por el esfuerzo muscular de carpinteros y herreros, en la actualidad las máquinas en las fábricas de Toyota y Boeing son accionadas mediante motores de combustión de petróleo y centrales de energía nuclear. Una revolución parecida ha recorrido casi todos los demás ámbitos de la industria. La denominamos revolución industrial.

Hay muchos tipos de máquinas de vapor, pero todos comparten un principio común. Se quema algún tipo de
combustible, como carbón, y se usa el calor resultante para hervir agua, con lo que se produce vapor. A medida que el vapor se expande, empuja un pistón. El pistón se mueve, y todo lo que esté conectado al pistón se mueve con él. ¡Hemos convertido el calor en movimiento!

Pasaron 600 años entre el momento en el que los alquimistas chinos descubrieron la pólvora y el momento en el que los cañones turcos pulverizaron los muros de Constantinopla. Transcurrieron solo 40 años entre el momento en el que Einstein determinó que cualquier tipo de masa podía convertirse en energía (esto es lo que significa E= mc2

En el fondo, la revolución industrial ha sido una revolución en la conversión de la energía. Ha demostrado una y otra vez que no hay límite a la cantidad de energía que tenemos a nuestra disposición.

La revolución industrial produjo una combinación sin precedentes de energía barata y abundante y de materias primas baratas y abundantes. El resultado fue una explosión de productividad humana.

Después de la industrialización de la agricultura, un número decreciente de agricultores era suficiente para alimentar a un número creciente de dependientes de comercio y obreros de fábricas. Hoy en día, en Estados Unidos solo el 2 por ciento de la población vive de la agricultura, pero este 2 por ciento produce lo suficiente no solo para alimentar a toda la población de Estados Unidos, sino también para exportar los excedentes al resto del mundo.

A medida que estas fábricas y oficinas empleaban a los miles de millones de manos y cerebros que se liberaban del trabajo en los campos, empezaron a lanzar una avalancha de productos sin precedentes. Los humanos producen en la actualidad mucho más acero, fabrican muchos más vestidos y construyen muchas más estructuras que nunca.

La economía capitalista moderna ha de aumentar constantemente la producción si tiene que sobrevivir, de la misma manera que un tiburón ha de nadar continuamente para no ahogarse. Pero únicamente no basta con
producir. Alguien tiene que adquirir también los productos; de lo contrario industriales y accionistas se arruinarán. Para evitar esta catástrofe y asegurarse de que la gente siempre comprara lo que quiera que fuera nuevo que la industria produjera, apareció un nuevo tipo de ética: el consumismo.

El consumismo considera que el creciente consumo de productos y servicios es positivo. Anima a la gente a permitirse placeres, a viciarse e incluso a matarse lentamente mediante un consumo excesivo.

El consumismo ha trabajado muy duro, con la ayuda de la psicología popular («Simplemente, ¡hazlo!»), para convencer a la gente de que los caprichos son buenos para nosotros, mientras que la frugalidad es una opresión autoimpuesta. Y ha tenido éxito. Todos somos buenos consumidores. Compramos innumerables productos que en realidad no necesitamos, y que hasta ayer no sabíamos que existieran.

Las sociedades agrícolas tradicionales vivían bajo la sombra terrible de la hambruna. En el mundo opulento de hoy en día, uno de los principales problemas de salud es la obesidad, que golpea a los pobres (que se hartan de hamburguesas y pizzas) más que a los ricos (que comen ensaladas orgánicas y batidos de frutas).

En la Europa medieval, los aristócratas gastaban descuidadamente su dinero en lujos extravagantes, mientras que los campesinos vivían frugalmente, fijándose en cada penique. Hoy en día las tornas han cambiado. Los ricos cuidan mucho de gestionar sus valores e inversiones, mientras que los menos acomodados se endeudan comprando coches y televisores que no necesitan realmente. La ética capitalista y la consumista son dos caras de la misma moneda, una mezcla de dos mandamientos. El supremo mandamiento de los ricos es «¡Invierte!». El supremo mandamiento del resto de la gente es «¡Compra!».

La historia de la ética es un triste relato de ideales maravillosos que nadie cumple. La mayoría de los cristianos no imitan a Jesucristo, la mayoría de los budistas no siguen las enseñanzas de Buda y la mayoría de los confucianistas habrían provocado a Confucio un berrinche colérico.

En cambio, la mayoría de la gente vive hoy siendo capaz de cumplir con éxito el ideal capitalista-consumista. La nueva ética promete el paraíso a condición de que los ricos sigan siendo avariciosos y pasen su tiempo haciendo más dinero, y que las masas den rienda suelta a sus anhelos y pasiones y compren cada vez más. Esta es la primera religión en la historia cuyos seguidores hacen realmente lo que se les pide que hagan. ¿Y cómo sabemos que realmente obtendremos el paraíso a cambio? Porque lo hemos visto en la televisión.

A medida que el mundo se moldeaba para que se ajustara a las necesidades de Homo sapiens, se destruyeron hábitats y se extinguieron especies. Nuestro planeta, antaño verde y azul, se está convirtiendo en un centro comercial de hormigón y plástico.

(…) los continentes de la Tierra son el hogar de más de 7.000 millones de sapiens. Si se pusiera a toda esta gente en una gran balanza, su masa combinada sería de unos 300 millones de toneladas. Si a continuación se cogieran a todos nuestros animales domésticos (vacas, cerdos, ovejas y gallinas) y se pusieran en una balanza todavía mayor, su masa supondría del orden de 700 millones de toneladas. En contraste, la masa combinada de todos los grandes animales salvajes que sobreviven (desde puercoespines y pájaros bobos a elefantes y ballenas) no llega a los 100 millones

(…) el desorden ecológico puede poner en peligro la propia vida de Homo sapiens. El calentamiento global, la elevación del nivel de los océanos y la contaminación generalizada pueden hacer que la Tierra sea menos acogedora para nuestra especie, y en consecuencia el futuro puede asistir a una carrera acelerada entre el poder humano y los desastres naturales inducidos por los humanos.

(…) todos estos trastornos quedan empequeñecidos por la revolución social más trascendental que jamás haya acaecido a la humanidad: el desplome de la familia y de la comunidad local y su sustitución por el Estado y el mercado.

Antes de la revolución industrial, la vida cotidiana de la mayoría de los humanos seguía su curso en el marco de tres antiguas estructuras: la familia nuclear, la familia extendida y la comunidad local íntima.

En consecuencia, la mayoría de los gobernantes no desarrollaron sistemas de protección social, sistemas de salud o sistemas de educación de masas. Dejaban estos asuntos en manos de las familias y comunidades.

Todo esto cambió de manera espectacular a lo largo de los dos últimos siglos. La revolución industrial confirió al mercado poderes nuevos e inmensos, proporcionó al Estado nuevos medios de comunicación y transporte, y puso a disposición del gobierno un ejército de amanuenses, maestros, policías y trabajadores sociales.

Pero la liberación del individuo tiene un precio. Muchos de nosotros lamentamos ahora la pérdida de familias y comunidades fuertes y nos sentimos alienados y amenazados por el poder que el Estado y el mercado impersonales ejercen sobre nuestras vidas.

Los mercados y estados proporcionan hoy la mayor parte de las necesidades materiales que antaño
proporcionaban las comunidades, pero también han de suministrar lazos tribales. Los mercados y estados lo hacen promoviendo «comunidades imaginadas» que contienen millones de extraños, y que se ajustan a las necesidades nacionales y comerciales.

Los dos ejemplos más importantes para el auge de estas comunidades imaginadas son la nación y la tribu de consumidores. La nación es la comunidad imaginada del Estado. La tribu de consumidores es la comunidad imaginada del mercado.

La nación hace todo lo que puede para ocultar este carácter imaginario. La mayoría de las naciones aducen que son una entidad natural y eterna, creada en alguna época primordial al mezclar el suelo de la patria con la sangre de la gente. Pero tales afirmaciones suelen ser exageradas. En el pasado lejano había naciones, si bien su importancia era mucho más pequeña que en la actualidad debido a que la importancia del Estado era mucho menor.

En la actualidad, la humanidad ha roto la ley de la jungla. Finalmente existe paz real, y no solo ausencia de guerra. Para la mayoría de las organizaciones políticas, no hay una perspectiva plausible que lleve a un conflicto a gran escala en el plazo de un año.

Para contentar a la vez a optimistas y pesimistas, podemos concluir diciendo que nos hallamos en el umbral tanto del cielo como del infierno, moviéndonos nerviosamente entre el portal de uno y la antesala del otro. La historia todavía no ha decidido dónde terminaremos, y una serie de coincidencias todavía nos pueden enviar en cualquiera de las dos direcciones.

Los últimos 500 años han sido testigos de una serie de revoluciones pasmosas. La Tierra se ha unido en una única esfera ecológica e histórica. La economía ha crecido de forma exponencial, y en la actualidad la humanidad goza del tipo de riqueza que solía ser propia de los cuentos de hadas. La ciencia y la revolución industrial han conferido a la humanidad poderes sobrehumanos y una energía prácticamente ilimitada. El orden social se ha transformado por completo, como lo han hecho la política, la vida cotidiana y la psicología humana. Pero ¿somos más felices?

Los historiadores rara vez se plantean estas preguntas. No se preguntan si los ciudadanos de Uruk y Babilonia eran más felices que sus antepasados cazadores-recolectores, si el auge del islam hizo que los egipcios estuvieran más contentos con su vida o cómo el desplome de los imperios europeos en África influyó sobre la felicidad de millones de personas. Pero estas son las preguntas más importantes que se pueden hacer a la historia.

Pero este relato de progreso no es convincente. Tal como hemos visto, nuevas aptitudes, comportamientos y habilidades no sirven necesariamente para tener una vida mejor.

A lo largo de las últimas décadas hemos alterado el equilibrio ecológico de nuestro planeta de tantas formas nuevas que parece probable que tenga consecuencias nefastas. Hay muchas pruebas que indican que estamos destruyendo los cimientos de la prosperidad humana en una orgía de consumo temerario.

Finalmente, podemos felicitarnos por los logros sin precedentes de los sapiens modernos únicamente si
ignoramos por completo la suerte de todos los demás animales.

Hasta aquí hemos comentado la felicidad como si fuera en gran parte un producto de factores materiales, como la salud, la dieta y la riqueza. Si la gente es más rica y está más sana, entonces también tiene que ser más feliz. Pero ¿es esto realmente tan obvio?

¿Acaso en las sociedades opulentas modernas la gente padece mucho debido a la alienación y a la vacuidad, a pesar de su prosperidad? ¿Y quizá nuestros antepasados menos prósperos encontraban gran satisfacción en la comunidad, la religión y los lazos con la naturaleza?

Sin embargo, el hallazgo más importante de todos es que la felicidad no depende realmente de condiciones objetivas, ni de la riqueza, la salud o incluso la comunidad. Depende, más bien, de la correlación entre las condiciones objetivas y las expectativas subjetivas.

Profetas, poetas y filósofos se dieron cuenta hace miles de años que estar satisfecho con lo que se tiene es mucho más importante que obtener más de lo que se desea.

Todo es cuestión de expectativas.

Si la felicidad viene determinada por las expectativas, entonces dos pilares de nuestra sociedad (los medios de comunicación y la industria publicitaria) pueden estar vaciando, sin saberlo, los depósitos de satisfacción del planeta.

¿Podría ser, pues, que el descontento del Tercer Mundo no estuviera fomentado únicamente por la pobreza, la enfermedad, la corrupción y la opresión política, sino también por la simple exposición a los estándares del Primer Mundo?

La felicidad y la desdicha desempeñan un papel en la evolución únicamente en la medida que promuevan la
supervivencia y la reproducción o dejen de hacerlo. Quizá no sea sorprendente, entonces, que la evolución nos haya moldeado para no ser ni demasiado desdichados ni demasiado dichosos. Nos permite gozar de una descarga momentánea de sensaciones placenteras, pero estas nunca duran para siempre. Más tarde o más temprano amainan y dan paso a sensaciones desagradables.

Si aceptamos la aproximación biológica a la felicidad, entonces resulta que la historia tiene una importancia menor, puesto que la mayoría de los sucesos históricos no han tenido ningún impacto en nuestra bioquímica. La historia puede cambiar los estímulos externos que hacen que se segregue serotonina, pero no cambia los niveles de serotonina resultantes, y por lo tanto no puede hacer que la gente sea más feliz.

Hoy, cuando finalmente nos damos cuenta de que las claves de la felicidad están en manos de nuestro sistema bioquímico, podemos dejar de perder nuestro tiempo en política y en reformas sociales, golpes de Estado e ideologías, y centrarnos en cambio en lo único que puede hacernos realmente felices: manipular nuestra bioquímica.

Más bien, la felicidad consiste en ver que la vida de uno en su totalidad tiene sentido y vale la pena.

Una vida con sentido puede ser extremadamente satisfactoria incluso en medio de penalidades, mientras que una vida sin sentido es una experiencia desagradable y terrible, con independencia de lo confortable que sea.

Hasta donde podemos saber, desde un punto de vista puramente científico, la vida humana no tiene en absoluto ningún sentido. Los humanos son el resultado de procesos evolutivos ciegos que operan sin objetivo ni propósito.

De ahí que cualquier sentido que la gente atribuya a su vida es solo una ilusión.

De modo que quizá la felicidad consista en sincronizar las ilusiones personales del sentido con las ilusiones colectivas dominantes en cada situación.

Según el budismo, la raíz del sufrimiento no es ni la sensación de dolor ni la tristeza, ni siquiera la falta de sentido. Más bien, el origen real del sufrimiento es la búsqueda continua e inútil de sensaciones fugaces, que hace que estemos en un estado de tensión constante, de desazón y de insatisfacción.

La gente se libera del sufrimiento no cuando experimenta este o aquel placer pasajero, sino cuando comprende la naturaleza no permanente de todas sus sensaciones y deja de anhelarlas. Este es el objetivo de las prácticas budistas de meditación.

La mayoría de los libros de historia se centran en las ideas de los grandes pensadores, la valentía de los guerreros, la caridad de los santos y la creatividad de los artistas. Tienen mucho que decir acerca de cómo se tejen y se desenredan las estructuras sociales, sobre el auge y caída de los imperios, acerca del descubrimiento y la expansión de las tecnologías; pero no dicen nada acerca de cómo todo esto influyó sobre la felicidad y el sufrimiento de los individuos. Esta es la mayor laguna en nuestra comprensión de la historia, y sería mejor que empezáramos a llenarla.

La consecuencia ha sido que, con independencia de cuáles sean sus esfuerzos y logros, los sapiens son incapaces de librarse de sus límites determinados biológicamente. Sin embargo, en los albores del siglo XXI esta asunción ya no es verdad: Homo sapiens trasciende dichos límites. Ahora está empezando a quebrar las leyes de la selección natural, sustituyéndolas con las leyes del diseño inteligente.

Durante cerca de 4.000 millones de años, todos y cada uno de los organismos sobre el planeta evolucionaron sometidos a la selección natural. Ni uno solo fue diseñado por un creador inteligente.

La belleza de la teoría de Darwin es que no necesita suponer la existencia de un diseñador inteligente para explicar cómo es que las jirafas han terminado teniendo un cuello largo.

En algún momento, organismos como las jirafas, los delfines, los chimpancés y los neandertales adquirieron por evolución conciencia y la capacidad de planificar por adelantado.

Nuestra capacidad de manipular no solo el mundo que nos rodea, sino sobre todo el mundo que hay en el interior de nuestro cuerpo y nuestra mente, se desarrolla a una velocidad vertiginosa.

Estos dilemas quedan pequeños ante las implicaciones éticas, sociales y políticas la búsqueda de la inmortalidad y de nuestras nuevas capacidades potenciales para crear superhumanos.

El mito de Frankenstein enfrenta a Homo sapiens con el hecho de que los últimos días se están acercando
rápidamente. A menos que alguna catástrofe nuclear o ecológica nos destruya primero, el ritmo del desarrollo tecnológico conducirá pronto a la sustitución de Homo sapiens por seres completamente distintos que no solo poseen un físico diferente, sino mundos cognitivos y emocionales muy distintos.

Nos costará mucho aceptar el hecho de que los científicos puedan manipular los espíritus al igual que los cuerpos y que, por lo tanto, futuros doctores Frankensteins podrán crear algo realmente superior a nosotros, algo que nos mirará de manera tan condescendiente como nosotros miramos a los neandertales.

Hace 70.000 años, Homo sapiens era todavía un animal insignificante que se ocupaba de sus propias cosas en un rincón de África. En los milenios siguientes se transformó en el amo de todo el planeta y en el terror del ecosistema. Hoy en día está a punto de convertirse en un dios, a punto de adquirir no solo la eterna juventud, sino las capacidades divinas de la creación y la destrucción.

(…) causamos estragos a nuestros socios animales y al ecosistema que nos rodea, buscando poco más que nuestra propia comodidad y diversión, pero sin encontrar nunca satisfacción. ¿Hay algo más peligroso que unos dioses insatisfechos e irresponsables que no saben lo que quieren?

MUJER DE GRIS SOBRE FONDO ROJO, Miguel Delibes

No te aturdas; déjate vivir, decía.

(…) las más de las veces, callábamos. Nos bastaba mirarnos y sabernos. Nada importaban los silencios, el tedio de las primeras horas de la tarde. Estábamos juntos y era suficiente. Cuando ella se fue todavía lo vi más claro: aquellas sobremesas sin palabras, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida, eran sencillamente la felicidad.

Es algo que suele suceder con los muertos: lamentar no haberles dicho a tiempo cuánto los amabas, lo necesarios que te eran. Cuando alguien imprescindible se va de tu lado, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales. Ensimismado en su tarea, uno cree, sobre todo si es artista, que los demás le deben acata miento, se erige en ombligo del mundo y deses tima la contribución ajena. Pero un día adviertes que aquel que te ayudó a ser quien eres se ha ido de tu lado y, entonces, te dueles inútilmente de tu ingratitud. Tal vez las cosas no puedan ser de otra manera, pero resulta difícilmente tolerable. La imposibilidad de poder replantearte el pasado y rectificarlo es una de las limitaciones más crueles de la condición humana. La vida sería más llevadera si dispusiéramos de una segunda oportunidad.

LOS COMUNEROS, Joseph Pérez

Un hecho es incuestionable: los comuneros que consiguieron escapar al castigo quedaron para siempre apartados de los cargos públicos. Estos hombres habían demostrado tener el gusto de la acción y de la política. Muy a menudo se reclutaban entre las clases medias urbanas. No creemos que sea exagerado afirmar que Castilla perdió con el fracaso de las Comunidades parte de su élite política, la más dinámica, quizá la más ilustrada.

La nueva dinastía parecía dispuesta a sacrificar el reino a sus propias exigencias de prestigio. Enfrentándose a estos proyectos, los comuneros entendían reivindicar los más altos derechos del reino. Para ellos, el reino, representado por las Cortes, limitaría los poderes del soberano.

En el pensamiento político transmitido por los teólogos [escolásticos] recogieron una idea mucho más revolucionaria que pretendieron implantar en la realidad: el rey y el reino no se hallaban en un plano de igualdad; en caso de conflicto entre ellos, la última palabra correspondía al reino. Dicho de otra forma, “el reino no es del rey, sino de la comunidad”.

(…) las Comunidades de Castilla constituyen, en palabras de Maravall, la primera revolución de los tiempos modernos.

El fracaso de esa tentativa incrementó aún más la debilidad de esa burguesía y comprometió sus posibilidades a largo plazo. Los fabricantes del interior, afectados por la represión y por sus repercusiones financieras, tendrán aún más dificultades para luchar contra el monopolio burgalés y contra la competencia extranjera. Castilla tardó más de veinte años en pagar las reparaciones que se le exigieron, y ¿qué economía podía resistir esto? La derrota de Villalar, al desalentar para un largo plazo una oposición verdaderamente seria, consagró el triunfo de la monarquía; la aristocracia se refugió como antes en sus dominios y se dedicó a la defensa de sus intereses económicos: la marea señorial subirá durante todo el siglo XVI e incluso por más tiempo; la burguesía, dividida y vencida, continuó su traición invirtiendo su dinero en tierras; sus hijos abandonaron los negocios para entrar en las universidades, en los cargos públicos, en las órdenes, cuando no eran tentados por la aventura colonial o militar –Iglesia o Mar o Casa Real-; el ideal de la renta se convirtió en la principal preocupación de una sociedad, junto al ansia de consideración social -afán de hidalguía- y la obsesión de la limpieza de sangre, valores que ponen de manifiesto el desconcierto de una sociedad cada vez más apartada de la realidad. Sin duda, la tradición liberal no erraba al situar la fecha de 1521 como el comienzo de la decadencia. Lo que desapareció en Villalar no fueron las libertades castellanas, sino quizá la libertad política y la posibilidad de imaginar otro destino distinto al de la España imperial (…)

EL INFINITO EN UN JUNCO: LA INVENCIÓN DE LOS LIBROS EN EL MUNDO ANTIGUO, Irene Vallejo

El libro ha superado la prueba del tiempo, ha demostrado ser un corredor de fondo. Cada vez que hemos despertado del sueño de nuestras revoluciones o de la pesadilla de nuestras catástrofes humanas, el libro seguía ahí. Como dice Umberto Eco, pertenece a la misma categoría que la cuchara, el martillo, la rueda o las tijeras. Una vez inventados, no se puede hacer nada mejor.

No olvidemos que el libro ha sido nuestro aliado, desde hace muchos siglos, en una guerra que no registran los manuales de historia. La lucha por preservar nuestras creaciones valiosas: las palabras, que son apenas un soplo de aire; las ficciones que inventamos para dar sentido al caos y sobrevivir en él; los conocimientos verdaderos, falsos y siempre provisionales que vamos arañando en la roca dura de nuestra ignorancia.

La pasión del coleccionista de libros se parece a la del viajero. Toda biblioteca es un viaje; todo libro es un pasaporte sin caducidad. Alejandro recorrió las rutas de África y de Asia sin separarse de su ejemplar de la Ilíada, al que acudía, según dicen los historiadores, en busca de consejo y para alimentar su afán de trascendencia. La lectura, como una brújula, le abría los caminos de lo desconocido.

El rollo de papiro supuso un fantástico avance. Tras siglos de búsqueda de soportes y de escritura humana sobre piedra, barro, madera o metal, el lenguaje encontró finalmente su hogar en la materia viva. El primer libro de la historia nació cuando las palabras, apenas aire escrito, encontraron cobijo en la médula de una planta acuática. Y, frente a sus antepasados inertes y rígidos, el libro fue desde el principio un objeto flexible, ligero, preparado para el viaje y la aventura.

Hablemos por un momento de ti, que lees estas líneas. Ahora mismo, con el libro abierto entre las manos, te dedicas a una actividad misteriosa e inquietante, aunque la costumbre te impide asombrarte por lo que haces.

Piénsalo bien. Estás en silencio, recorriendo con la vista hileras de letras que tienen sentido para ti y te comunican ideas independientes del mundo que te rodea ahora mismo. Te has retirado, por decirlo así, a una habitación interior donde te hablan personas ausentes, es decir, fantasmas visibles solo para ti (en este caso, mi yo espectral) y donde el tiempo pasa al compás de tu interés o tu aburrimiento. Has creado una realidad paralela parecida a la ilusión cinematográfica, una realidad que depende solo de ti. Tú puedes, en cualquier momento, apartar los ojos de estos párrafos y volver a participar en la acción y el movimiento del mundo exterior. Pero mientras tanto permaneces al margen, donde tú has elegido estar. Hay un aura casi mágica en todo esto.

Las tablillas rectangulares fueron un hallazgo formal. El rectángulo produce un extraño placer a nuestra mirada. Delimita un espacio equilibrado, concreto, abarcable. Son rectangulares la mayoría de las ventanas, de los escaparates, de las pantallas, de las fotografías y de los cuadros. También los libros, después de sucesivas búsquedas y ensayos, han terminado por ser definitivamente rectangulares.

Homero deja claro que Ulises valora intensamente la vida, con sus imperfecciones, sus instantes de éxtasis, sus placeres y su sabor agridulce. Es el antepasado de todos los viajeros, exploradores, marinos y piratas de ficción —capaz de afrontar cualquier situación, mentiroso, seductor, coleccionista de experiencias y gran narrador de historias—. Añora su hogar y su mujer, pero se entretiene a gusto por el camino. La Odisea es la primera representación literaria de la nostalgia, que convive, sin demasiados conflictos, con el espíritu de navegación y aventura.

Frente a la oralidad, que favorecía las formas e ideas tradicionales, reconocibles para su auditorio, el discurso alfabetizado podía abrirse a horizontes desconocidos porque el lector tenía tiempo para asimilar y meditar con tranquilidad las ideas novedosas. En los libros caben planteamientos excéntricos, voces de identidades individuales, desafíos a la tradición.

La invención del alfabeto derribó muros y abrió puertas para que muchas personas, y no solo un cónclave de iniciados, pudieran acceder al pensamiento escrito. La revolución se gestó entre los pueblos semíticos. Partiendo del complicado sistema egipcio, llegaron a una fórmula de asombrosa simplicidad. Retuvieron únicamente los signos que representaban las consonantes simples, la arquitectura básica de las palabras.

El alfabeto fue una tecnología aún más revolucionaria que Internet. Construyó por primera vez esa memoria común, expandida y al alcance de todo el mundo. Ni el saber ni la literatura completa caben en una sola mente pero, gracias a los libros, cada uno de nosotros encuentra las puertas abiertas a todos los relatos y todos los conocimientos.

En la sociedad judía medieval se celebraba con una ceremonia solemne el momento del aprendizaje, cuando los libros hacían partícipes a los chiquillos de la memoria comunitaria y del pasado compartido. Durante la fiesta de Pentecostés, el maestro sentaba en su regazo al niño al que iba a iniciar. Le enseñaba una pizarra en la que estaban escritos los signos del alfabeto hebreo y a continuación un pasaje de las Escrituras. El maestro leía en voz alta, y el alumno repetía. Luego se untaba con miel la pizarra y el iniciado la lamía, para que las palabras penetrasen simbólicamente en su cuerpo. También se escribían letras en huevos duros ya pelados o en pasteles. El alfabeto se volvía dulce y salado, se masticaba y se asimilaba. Entraba a formar parte de uno mismo.

«Lo único que merece la pena es la educación —escribe en el siglo II un seguidor de este culto—. Todos los otros bienes son humanos y pequeños y no merecen ser buscados con gran empeño. Los títulos nobiliarios son un bien de los antepasados. La riqueza es una dádiva de la suerte, que la quita y la da. La gloria es inestable. La belleza es efímera; la salud, inconstante. La fuerza física cae presa de la enfermedad y la vejez. La instrucción es la única de nuestras cosas que es inmortal y divina. Porque solo la inteligencia rejuvenece con los años y el tiempo, que todo lo arrebata, añade a la vejez sabiduría. Ni siquiera la guerra que, como un torrente, todo lo barre y arrastra, puede quitarte lo que sabes».

Entre el año 1500 y 300 a. C., existieron 55 bibliotecas, solo para un público minoritario, en algunas ciudades de Próximo Oriente, y ninguna en Europa. Según datos del año 2014 en España, el 97 por ciento de la población dispone de al menos una biblioteca pública en el lugar donde vive —hay un total de 4.649 bibliotecas en todo el país—. Estas cifras cuentan la historia de un enorme cambio y de una fantástica multiplicación. Aunque ha pasado bastante desapercibida, se trata de una de las realidades antiguas que nos han colonizado con más eficacia.

Las enumeraciones tienen que ver con el orden como ansiolítico, es decir, con nuestro sistema defensivo para neutralizar la expansión del caos. También tienen que ver con la angustia, con el miedo, con el doloroso convencimiento de que tenemos los días contados. De ahí que tratemos de reducir las cosas que nos desbordan a diez, cincuenta, cien epígrafes. (…) La escritura, dicen los expertos, nació para hacer contabilidad, es decir, listas de cabras, espadas y ánforas de vino. (…) Nos pasamos la vida haciendo listas, leyéndolas, memorizándolas, rompiéndolas, arrojándolas a la basura, tachando los objetivos cumplidos, aborreciéndolas y amándolas. Las mejores son las que conceden importancia a lo que enumeran y tratan de darle sentido.

Los griegos siempre tuvieron fama de grandes charlatanes y de litigantes inagotables. Los héroes de sus mitos no eran, como en el imaginario de otras culturas, meros guerreros brutos y musculosos, sino que todos sabían lanzar, cuando se terciaba, una arenga bien adornada, pues habían sido educados para ser expertos en la palabra. (…) El eco de estas ideas griegas resuena en la que me parece una de las frases más bellas del evangelio: «Una
palabra tuya bastará para sanarme».

Los investigadores calculan que durante el bibliocausto nazi ardieron las obras de más de 5.500 autores a quienes los nuevos líderes consideraban degenerados, un prólogo de los hornos crematorios que llegarían después, como había profetizado Heinrich Heine en 1821, al escribir: «Allí donde queman libros, acaban quemando personas».

El linchamiento de Hipatia marcó el hundimiento de una esperanza. El Museo y su sueño de reunir todos los libros y todas las ideas habían sucumbido en el brutal ring de los disturbios alejandrinos. Desde entonces, la Gran Biblioteca deja de ser mencionada, como si su gran colección hubiera desaparecido para siempre.

(…) el XX ha sido un siglo de espeluznante biblioclastia (las bibliotecas bombardeadas en las dos guerras mundiales, las hogueras nazis, los regímenes censores, la Revolución Cultural china, las purgas soviéticas, la Caza de Brujas, las dictaduras en Europa y Latinoamérica, las librerías quemadas o atacadas con bombas, los totalitarismos, el apartheid, la voluntad mesiánica de ciertos líderes, los fundamentalismos, los talibanes o la fetua contra Salman Rushdi, entre otros subapartados de la catástrofe).

Como escribió Cheever, otro explorador del subsuelo oscuro: «No poseemos más conciencia que la literatura… La literatura ha sido la salvación de los condenados, ha inspirado y guiado a los amantes, vencido la desesperación, y tal vez en este caso pueda salvar al mundo».

El arrebato coleccionista romano recuerda al de los ricos capitalistas estadounidenses, que, maravillados ante los largos siglos del arte europeo y por un puñado de dólares, expoliaban retablos, frescos arrancados de los muros, claustros completos, portadas de iglesias, frágiles antigüedades y lienzos de los grandes maestros. También bibliotecas enteras. Así imaginó Scott Fitzgerald al joven millonario Jay Gatsby.

En latín, liber, que significaba «libro», originariamente daba nombre a la corteza del árbol o, para ser más exactos, a la película fibrosa que separa la corteza de la madera del tronco. Plinio el Viejo afirma que los romanos escribían sobre cortezas antes de conocer los rollos egipcios. Durante muchos siglos, diversos materiales —el papiro, el pergamino— desplazarían a aquellas antiguas páginas de madera, pero, en un viaje de ida y vuelta, con el triunfo del papel, los libros volvieron a nacer de los árboles. (…) También los nombres germánicos —book, Buch, boek— descienden de una palabra arbórea: el haya de tronco
blanquecino.

Animales muy parecidos a los humanos modernos aparecieron por primera vez hace 2,5 millones de años. Hace 300.000 años, nuestros antepasados domesticaron el fuego. Hace unos 100.000 años, la especie humana conquistó la palabra. Entre el año 3500 y el 3000 a. C., bajo el sol abrasador de Mesopotamia, algunos genios sumerios anónimos trazaron sobre el barro los primeros signos que, superando las barreras temporales y espaciales de la voz, lograron dejar huella duradera del lenguaje. Solo en el siglo XX, más de cinco milenios después, la escritura se convirtió en una habilidad extendida, al alcance de la mayoría de la población —un largo recorrido; una adquisición muy reciente—.

Cuando comparamos algo viejo y algo nuevo —como un libro y una tableta, o una monja sentada junto a un adolescente que chatea en el metro—, creemos que lo nuevo tiene más futuro. En realidad, sucede lo contrario. Cuantos más años lleva un objeto o una costumbre entre nosotros, más porvenir tiene. Lo más nuevo, como promedio, perece antes. Es más probable que en el siglo XXII haya monjas y libros que WhatsApp y tabletas.

Por eso, ante la catarata de predicciones apocalípticas sobre el futuro del libro, yo digo: un respeto. No subsisten tantos artefactos milenarios entre nosotros. Los que quedan han demostrado ser supervivientes difíciles de desalojar (la rueda, la silla, la cuchara, las tijeras, el vaso, el martillo, el libro…). Algo hay en su diseño básico y en su depurada sencillez que ya no admite mejoras radicales. Han superado muchas pruebas —sobre todo, la prueba de los siglos— sin que hayamos descubierto ningún artilugio mejor para cumplir su función, más allá de pequeños ajustes en sus materiales o componentes. Rozan la perfección en su humilde esfera utilitaria. Por eso creo que el libro seguirá siendo el soporte esencial para la lectura —o algo muy parecido a lo que el libro nunca ha dejado de ser, incluso desde antes de la invención de la imprenta—.

Sabemos que el códice fue ganando terreno frente al rollo gracias a la decidida preferencia de los cristianos. Víctimas de persecuciones durante siglos, obligados a buscar escondites y a interrumpir bruscamente sus reuniones, se organizaban en grupúsculos clandestinos. El libro de bolsillo resultaba más fácil de esconder a toda prisa entre los pliegues de la túnica. Permitía localizar más rápido un determinado párrafo de texto —una epístola, una parábola evangélica, una homilía— y comprobarlo para tener la seguridad de que era correcto, pues un error podía poner en peligro la salvación del alma. Se podían hacer anotaciones al margen y dejar marcapáginas en los pasajes importantes. Además, estos libros eran cómodos de transportar con disimulo en viajes de apostolado. Ventajas todas ellas enormes para comunidades de lectores furtivos. Por otra parte, los cristianos deseaban romper con el simbolismo judío y pagano del rollo, y afirmar su identidad peculiar.

El problema, para algunos, es la llegada a los clásicos. Incrustados en los programas escolares y universitarios, se han convertido en lecturas obligatorias. Corremos el riesgo de percibirlos como imposiciones que nos ahuyentan. En La desaparición de la literatura, Mark Twain proponía una definición irónica: «Clásico es un libro que todo el mundo quiere haber leído pero nadie quiere leer».

Los libros han legitimado, es cierto, acontecimientos terribles pero también han sustentado los mejores relatos, símbolos, saberes e inventos que la humanidad construyó en el pasado. En la Ilíada contemplamos el desgarrador acercamiento entre un anciano y el asesino de su hijo; en los versos de Safo descubrimos que el deseo es una forma de rebeldía; en la Historia de Heródoto aprendimos a buscar la versión del otro; en Antígona vislumbramos la existencia de la ley internacional; en las Troyanas nos enfrentamos a la barbarie propia; en una epístola de Horacio encontramos la máxima ilustrada «atrévete a saber»; en el Arte de amar de Ovidio hicimos un curso intensivo de placer; en los libros de Tácito comprendimos los mecanismos de la dictadura; y en la voz de Séneca escuchamos un primer grito pacifista. Los libros nos han legado algunas ocurrencias de nuestros antepasados que no han envejecido del todo mal: la igualdad de los seres humanos, la posibilidad de elegir a
nuestros dirigentes, la intuición de que tal vez los niños estén mejor en la escuela que trabajando, la voluntad de usar —y mermar— el erario público para cuidar a los enfermos, los ancianos y los débiles. Todos estos inventos fueron hallazgos de los antiguos, esos que llamamos clásicos, y llegaron hasta nosotros por un camino incierto. Sin los libros, las mejores cosas de nuestro mundo se habrían esfumado en el olvido.

Somos los únicos animales que fabulan, que ahuyentan la oscuridad con cuentos, que gracias a los relatos aprenden a convivir con el caos, que avivan los rescoldos de las hogueras con el aire de sus palabras, que recorren largas distancias para llevar sus historias a los extraños. Y cuando compartimos los mismos relatos, dejamos de ser extraños. (…) De alguna forma misteriosa y espontánea, el amor por los libros forjó una cadena invisible de gente —hombres y mujeres— que, sin conocerse, ha salvado el tesoro de los mejores relatos, sueños y pensamientos a lo largo del tiempo.

¡POYEJALI! (50 PELÍCULAS ESENCIALES SOBRE LA EXPLORACIÓN DEL ESPACIO)

Desde la Antigüedad, el ser humano ha soñado con viajar fuera de la Tierra y conocer de cerca los astros que les ofrecía el cielo, anhelo que se ha reflejado en la literatura mediante viajes espaciales fruto de un sueño, poderes mágicos o dispositivos tecnológicos sin base científica plausible.

La mujer en la Luna fue la primera historia cinematográfica en la que se narra un viaje espacial con sus verdaderos pormenores tecnológicos. Ni en Viaje a la Luna (George Méliès, 1902) ni en Himmelskibet (A Trip to Mars) (Holger-Madsen, 1918) ni en Aelita (Yakov Protazanov, 1924) dan apenas detalles técnicos realistas de cómo van a realizar el viaje.

En Con destino a la Luna, por primera vez, se ven astronautas en el espacio, fuera de la nave: deben salir fuera a solucionar una contingencia técnica. Este esquema se ha reproducido con posterioridad en multitud de ocasiones, como en esta película creadora del estándar de viaje espacial, a causa de un problema en el sistema de comunicaciones.

La mejor manera de innovar y evolucionar en cualquier ámbito es tomar perspectiva. Esto es lo que ocurrió en el caso de 2001: Una odisea del espacio: un director alejado del género de ciencia ficción, que consideraba que no
se había hecho hasta el momento una película de ciencia ficción que mereciese la pena, realizó un trabajo sin el cual este género no hubiese evolucionado de la forma en la que lo hizo.

(…) diseñó una escafandra con la que soportar las temperaturas extremas, la baja presión y la falta de oxígeno en la estratosfera: la escafandra estratonáutica, precursora del traje espacial en el que, posteriormente, se interesó la NASA hasta el punto de querer contratar a Herrera para su programa espacial. Declinó la oferta. Según varias fuentes porque, a su vez, la NASA declinó su oferta de que el gobierno de la República en el exilio abanderase
junto con Estados Unidos las misiones espaciales emprendidas.

Una de las características del fenómeno Star Wars consiste en mostrar elementos acerca de los cuales los fans deben investigar y poner en común sus hipótesis y conocimientos para poder comprenderlos, amén de consumir
toda la información y productos relacionados, lo cual, además de generar beneficios, es muy estimulante para los apasionados de la ciencia y la tecnología.

Aunque los astronautas (Jim Lovell, Fred Haise y Jack Swigert) sobrevivieron al desastre, la perspectiva de que el programa Apolo presentase bajas en el espacio, con el consiguiente varapalo de cara a la opinión pública, propició la cancelación de más misiones que ya se estaban planificando. «Houston, we’ve had a problem» [Apolo 13]

Ante todo, Interstellar es una oda a la ciencia y a la exploración espacial, pero también una historia sobre la naturaleza humana y sus motivaciones para tomar decisiones en contextos límite.

NOSTALGIA DEL ABSOLUTO, George Steiner

(…) iglesias y corrientes cristianas (subrayo esta pluralidad) organizaron en gran medida la visión occidental de la identidad humana y de nuestra función en el mundo, y sus prácticas y simbolismo impregnaron profundamente
nuestra vida cotidiana desde el final del mundo romano y helenístico en adelante, pero gradualmente, por esas razones diversas y complicadas, fueron perdiendo el control sobre la sensibilidad y la existencia cotidiana.

(…) la descomposición de una doctrina cristiana globalizadora había dejado en desorden, o sencillamente había dejado en blanco, las percepciones esenciales de la justicia social, del sentido de la historia humana, de las relaciones entre la mente y el cuerpo, del lugar del conocimiento en nuestra conducta moral.

Los ortodoxos del movimiento original odiarán a esos herejes, a los que perseguirán con una enemistad mucho más encarnizada de la que descargarían contra el no creyente. No es la increencia lo que temen, sino la forma herética de su propio movimiento.

Las mitologías fundamentales elaboradas en Occidente desde comienzos del siglo XIX no sólo son intentos de llenar el vacío dejado por la decadencia de la teología cristiana y el dogma cristiano. (…) Son una especie de teología sustituta. Son sistemas de creencia y razonamiento que pueden ser ferozmente
antirreligiosos, que pueden postular un mundo sin Dios y negar la otra vida, pero cuya estructura, aspiraciones y pretensiones respecto del creyente son profundamente religiosas en su estrategia y en sus efectos.

Esos grandes movimientos, esos grandes gestos de la imaginación que en Occidente han tratado de sustituir a la religión, y al cristianismo en particular, son muy semejantes a las iglesias, muy semejantes a la teología que pretenden reemplazar. Quizá podríamos decir que en toda gran batalla uno empieza a hacerse semejante a su oponente. (…) nostalgia del Absoluto profundamente arraigada. Esa nostalgia, tan profunda, yo creo, en la mayor parte de nosotros, fue directamente provocada por la decadencia del hombre y la sociedad occidental, por la decadencia de la antigua y magnífica arquitectura de la certeza religiosa. Como nunca anteriormente, hoy, en este momento del siglo XX, tenemos hambre de mitos, de explicaciones totales, y anhelamos profundamente una profecía con garantías.

Para Claude Lévi-Strauss los mitos son, sencillamente, los instrumentos de la supervivencia del hombre como especie pensante y social. Es a través de los mitos como el hombre comprende el sentido del mundo (…) El hombre se encuentra enredado en contradicciones primarias entre ser y no ser, masculino y femenino, joven y viejo, luz y oscuridad, comestible y tóxico, móvil e inerte. No puede, dice Lévi-Strauss, resolver estas formidables antítesis enfrentadas mediante procesos puramente racionales. (…) En los dos polos del tiempo concebible se encuentra enfrentado primero con el misterio de sus orígenes y luego con el misterio de su extinción. (…) El hombre es, en la visión de Lévi-Strauss, un primate mitopoético (es una expresión difícil, pero no tenemos otra mejor), un primate capaz de elaborar y crear mitos, y a través de éstos soportar el contradictorio e insoluble curso de su destino.

Queda otra alternativa. La fundamentación de la existencia personal en la búsqueda de la verdad científica objetiva: el camino de las ciencias filosóficas y exactas. Pero ¿tiene futuro ese camino? (…) la gradual erosión de la religión organizada y de la teología sistemática, especialmente de la religión cristiana en Occidente, nos ha dejado con una profunda e inquietante nostalgia del Absoluto. (…) Nosotros, en Occidente, somos un animal construido para plantear preguntas y tratar de lograr respuestas cueste lo que cueste.

ANATOMÍA DE UN INSTANTE, Javier Cercas

(…) en la gran cloaca madrileña, en el pequeño Madrid del poder, muchos sienten que la realidad en pleno conspira contra Adolfo Suárez, y durante el otoño y el invierno de 1980 apenas quedará algún miembro de la clase dirigente que consciente o inconscientemente no añada su granito de arena a la gran montaña de la conspiración. O de lo que Suárez siente como una conspiración.

La historia fabrica extrañas figuras, se resigna con frecuencia al sentimentalismo y no desdeña las simetrías de la ficción, igual que si quisiera dotarse de un sentido que por sí misma no posee. ¿Quién hubiera podido prever que el cambio de la dictadura a la democracia en España no lo urdirían los partidos democráticos, sino los falangistas y los comunistas, enemigos irreconciliables de la democracia  y enemigos irreconciliables entre sí durante tres años de guerra y cuarenta de posguerra? ¿Quién hubiera pronosticado que el secretario general del partido comunista en el exilio se erigiría en el aliado político más fuiel del último secretario general del Movimiento, el partido fascista?

La historia se repite. Marx observó que los grandes hechos y personajes aparecen en la historia dos veces, una como tragedia y otra como farsa (…)

¿Qué es un político puro? ¿Es lo mismo un político puro que un gran político, o que un político excepcional? ¿Es lo mismo un político excepcional que un hombre excepcional, o que un hombre éticamente irreprochable, o que un hombre simplemente decente? Es muy probable que Adolfo Suárez fuera un hombre decente, pero no fue un hombre éticamente irreprochable, ni tampoco un hombre excepcional; fue sin embargo, hechas las sumas y las restas, el político español más contundente y resolutivo del siglo pasado.

(…) Suárez fue un político y su peripecia sugiere que en un político los vicios privados pueden ser virtudes públicas o que en política es posible llegar al bien a través del mal (…) Suárez no fue un hombre éticamente irreprochable, pero es muy posible que nunca hubiera podido hacer lo que hizo si durante años no hubiese sido un pícaro con la moral del superviviente y el don del engaño, un arribista sin mucha cultura ni ideas políticas firmes, un gallito falangista, adulador y trapacero.

¿Tiene razón Borges y es verdad que cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo instante, el instante en que un hombre sabe para siempre quién es? Vuelvo a mirar la imagen de Adolfo Suárez en la tarde del 23 de febrero y, como si no la hubiera visto centenares de veces, vuelve a parecerme una imagen hipnótica y radiante, real e irreal al mismo tiempo, minuciosamente cebada de sentido: los guardias civiles disparando sobre el hemiciclo, el general Gutiérrez Mellado de pie junto a él, la mesa del Congreso despoblada, los taquígrafos y los ujieres tumbados en el suelo, los parlamentarios tumbados en el suelo y Suárez recostado contra el cuero azul de su escaño de presidente mientras las balas zumban a su alrededor, solo estatutario y espectral en un desierto de escaños vacíos.

GUERRA Y PAZ, Lev Tolstoi

-Si yo fuese zar, nunca haría la guerra-, dino Nevitsky, volviéndose.

Algo lo atraía hacia las personas más poderosas y más ricas que él, y estaba dotado del raro arte de captar precisamente el momento más favorable para sacar partido.

Creía ser el centro de un importante movimiento general; se daba cuenta de que, sin cesar, se esperaba algo de él y que si no lo hacía entristecería y decepcionaría a mucha gente. Por eso, hacía todo lo que le exigían, pero lo bueno siempre quedaba sin realizar.

Miró esa imagen que con tanta devoción le había puesto su hermana, pensando: “¡Qué bien estaría si supiéramos dónde buscar ayuda en esta vida y lo que podemos esperar cuando se acabe! ¡Cuán feliz y tranquilo me sentiría si pudiera decir ahora: ¡Señor, perdóname!… Pero, ¿a quién voy a decir esto? ¿A una fuerza indefinida, incomprensible, a la que no puedo dirigirme con palabras, una fuerza grandiosa o la nada, o a ese Dios que está representado en este amuleto que me ha dado la princesa María? No hay nada seguro, salvo la insignificancia de lo que soy capaz de entender y la magnitud de algo incomprensible, pero muy importante”.

“¿Qué debemos amar? ¿Qué debemos aborrecer? ¿Para qué vivimos? ¿Qué represento yo? ¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte? ¿Cuál es la fuerza que lo rige todo?”, se preguntaba Pierre. No encontraba respuesta para ninguna de estas preguntas, salvo una, ilógica, y que no daba la solución. Era la siguiente: “Morirás y todo habrá acabado. Cuando mueras, lo sabrás todo, o bien dejarás de hacer preguntas”. Pero también resultaba terrible morir.

-Le digo por última vez que fije su atención sobre su pesona. Encadene sus sentidos y no busque la felicidad en las pasiones, sino en su propio corazón. La fuente de la dicha no está fuera, sino dentro de nosotros…

Llegó a la antigua conclusión desoladora de que no debía emprender nada, que era preciso esperar al fin, sin hacer mal a nadie, sin alterarse ni desear nada.

La Biblia nos enseña que la ausencia de trabajo, de ociosidad, era la condición de beatitud del primer hombre antes de su caída. El amor a la ociosidad sigue siendo el mismo en el hombre caído, pero la maldición pesa sobre él, no solo porque debemos ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente, sino porque, por nuestras propiedades morales, no podemos ser felices permaneciendo ociosos. Una voz misteriosa dice que debemos sentirnos culpables al estar ociosos. Si el hombre pudiese encontrar un estado en el que, permaneciendo ocioso, se sintiera útil y cumplidor de su deber, hallaría una parte de su dicha primitiva. Una clase entera, la militar, goza de ese estado de ociosidad obligatoria e irreprochable. Y precisamente en ella estriba el atractivo del servicio militar.

“He aquí un verdadero sabio. No ve más allá del momento presente ni de sus diversiones; nada lo inquieta; por eso siempre está alegre, satisfecho y tranquilo. ¿Qué daría yo por ser como él?”, pensó Pierre con envidia.

-Un gran número de conventos e iglesias es siempre señal del atraso de un pueblo-, exclamó Napoléon (…) en ningún sitio de Europa hay nada semejante- exclamó Bonaparte. -Pido perdón a su majestad; en España también hay muchos conventos y muchas iglesias- replicó Balashov. Esta respuesta, que aludía a la reciente derrota de los franceses en España, fue muy celebrada cuando Balashov la contó en la corte de Alejandro I, pero pasó inadvertida en la comida de Napoleón.

“El amor. ¿Qué es el amor? El amor impide la muerte. El amor es la vida. Todo lo que comprendo, lo comprendo solo porque amo. Todo existe solo porque amo. Todo está unid por el amor. El amor es Dios, y morir significa para mí partícula de amor, volver a la fuente común y eterna.”

Cuando el hombre se mueve, siempre adjudica una meta a su movimiento. Para recorrer mil verstas, el hombre debe pensar que, más allá de ellas, existe algo bueno.

-Quería decir simplemente que todas las ideas que tienen grandes consecuencias son siempre sencillas. Mi idea es que si los hombres viciosos están unidos entre sí y tienen la fuerza, los hombres honrados deben hacer lo mismo. ¡Es tan sencillo!

Si la fuente del poder no está en las cualidades físicas ni morales de la persona que lo posee, no cabe duda de que debe de encontrarse fuera del personaje, es decir, en las relaciones que existen entre este y las masas.

A Pierre le pareció que aquel cometa correspondía por completo a lo que encerraba su alma rebosante y enternecida, abierta para una nueva vida.

STONER, John Williams

En la primera clase que tuvo, después de las rutinas iniciales de inscripciones y planes de estudios, cuando empezó a hablar sobre su asignatura a los alumnos, se dio cuenta de que su deslumbramiento se le había quedado escondido dentro. A veces, cuando les hablaba, era como si estuviera fuera de sí mismo y observase a un extraño hablar a un grupo reunido contra su voluntad, escuchaba su propia voz desmotivada recitando los materiales que había preparado y nada de su entusiasmo aparecía durante la charla.

Aún sonriente y con malévola ironía, se giró hacia Stoner. “Tú tampoco te escapas, amigo. Para nada. ¿Quién eres tú? ¿Un sencillo hombre de campo, como te finges? Oh, no. Tú también estás entre los enfermos, tú eres el soñador, el loco en el mundo de lso locos, nuestro Don Quijote de El Medio Oeste sin su Sancho, retozando bajo el cielo azul.

Había llegado a ese punto en el que le asaltaba, con intensidad creciente, una cuestión de una simplicidad tan aplastante que carecía de recursos para afrontarla. Se empezó a preguntar si su vida merecía la pena, si alguna vez la había merecido. Era una duda, sospechaba, que le llegaba a todo el mundo tarde o temprano. Se preguntaba si a los demás les sobrevenía con la misma fuerza impersona que a él.

(…) William Stoner aprendió lo que otros, mucho más jóvenes, habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin, sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra.

Averiguó que el mundo conspiraba conta él, contra Katherine y contra la pequeña parcela que ellos habían creído suya y lo asumía con creciente cercania, con una tristeza que no podia articular, ni siquiera transmitírsela a Katherine.

Sin piedad vio su existencia como debía de parecerle a los otros. Desapasionada y objetivamente, examinó el fracaso que, aparentemente, había sido su vida. Había buscado amistad, la amistad más cercana que pudiera acercarle a la raza humana. Había tenido dos amigos, uno de los cuales había muerto sin sentido antes de conocerle; el otro se había alejado ahora tanto por avatares de la vida que… Había buscado la singularidad y la tranquila pasión conjunta del matrimonio. Había tenido eso también, no supo qué hacer con ello y murió. Había buscado amor y había tenido amor, y había renunciado a él, lo había dejado marchar en el caos de la potencialidad. Katherine, pensó. “Katherine”.

WINESBURG, OHIO, Sherwood Anderson

Fueron las verdades la que hicieron grotesca a la gente El anciano tenía totalmente elaborada una teoría referente al asunto. Su idea era que en cuanto una persona tomaba para sí una de las verdades, la llamaba su verdad y tratata de vivir su vida por ella, se convertía en grotesco y la verdad que abrazaba se convertía en una falsedad.

La historia de Wing Biddlebaum es una historia de manos. La incansable actividad de esas manos, que las asemejaba al batir de las alas de un pájaro enjaulado, le había dado su nombre. Se le había ocurrido a algún oscuro poeta de la ciudad. Aquellas manos alarmaban a su propietario. Quería mantenerlas ocultas y contemplaba con asombro las tranquilas manos inexpresivas de otros hombres que trabajaban junto a él en los campos o que pasaban por los caminos rurales conduciendo tiros de caballos soñolientos.

Era muy tranquila, pero debajo de un plácido exterior había una fermentación continua.

Si es un muchacho imaginativo, se le abre bruscamente una puerta, y por primera vez contempla el mundo, viendo, como si desfilaran en procesión delante de él, las incontables figuras de los hombres que antes que él han salido de la nada y ha entrado en el mundo, han vivido sus vidas y han desaparecido nuevamente en la nada.

Fue de este modo que bajaron la colina. Jugaron en la oscuridad como dos espléndidos seres jóvenes en un mundo joven. En un momento dado, corriendo velozmente hacia delante, Helen le echó la zancadilla a George, que cayó al suelo. George se retorció y aulló. Sacudiéndose de risa, se dejó rodar por la pendiente de la colina. Helen corrió tras él. Por un breve instante, Helen se detuvo en la oscuridad. No hay modo de saber qué ideas de mujer le cruzaron la mente, pero cuando llegó al pie de la colina y alcanzó al muchacho, le tomó del brazo y caminó a su lado en dignficado silencio. Por alguna razón que no hubieran sabido explicar, habían obtenido de aquella silenciosa noche en que habían paseado juntos la cosa que necesitaban.

UN PUEBLO TRAICIONADO, Paul Preston

El filósofo José Ortega y Gasset escribió en 1921: “Empezando por la Monarquía y siguiendo por la Iglesia, ningún poder nacional ha pensado más que en sí mismo”.

Con breves intervalos de optmismo, entre 1931 y 1936 y durante la primera década del rey Juan Carlos en el trono, la actitud de los españoles hacia la clase política de su país ha sido a menudo de un desdén que roza el desánimo. El convencimiento de que los políticos son incompetentes y corruptos ha sido una constante habitual en la vida española desde la invasión napoleónica, si no antes. Franco utilizó la retórica sobre los políticos corruptos para justificar una dictadura bajo la cual la corrupción se extendió sin control y fue explotada sin escrúpulos por el propio Caudillo, tanto para su enriquecimiento personal como para manipular a sus partidarios.

La victoria del general Franco supuso el establecimiento de un régimen de terror y pillaje que les permitió, a él y a una élite de secuaces, saquear con impunidad, enriqueciéndose, al mismo tiempo que daba rienda suelta a la ineptitud política que prolongó el atraso económico de España hasta bien entrados los años cincuenta. Irónicamente, a lo largo de su vida, Franco expresó un feroz desprecio por la clase política, a la que consideraba responsable de la pérdida del imperio colonial en 1898.

DE REPENTE, Héctor Cajaraville

E que fixen eu na vida? Xa non falo dos traballos, que tal como están as cousas… Refírome a que fixen eu de verdade. Que pegada deixarei do meu paso polo mundo, que achega supuxo a miña existencia a un planeta en que hai máis de sete mil millóns de individuos, o que me converte no 0,0000000142 por cento da humanidade. Máis alá do que escribo, penso que nada, e non digo por falsa modestia nin desde a decepción, porque é o mesmo que lle acontece á inmensa maioría de todos ese miles de millóns de persoas.

TORMENTO, Benito Pérez Galdós

Cada hombre -manifestó Agustín- es hechura de su propia vida. El hombre nace, y la Naturaleza y la vida le hacen.

Madrid, sin ser pequeño, lo parece a veces (entonces lo parecía más), por la escasa renovación del personal en paseos y teatros. Siempre se ven las mismas caras, y cualquier persona que concurra con asiduidad a los sitios de púbica diversión concluye por conocer en tiempo breve a todo el mundo.

A mí lo que me gusta es la tranquilidad, el orden, estarme quietecita en mi casa, ver poca gente, tener una familia a quien querer y que me quiera a mí, gozar de un bienestar medianito y no pasar tantísimo susto por correr detrás de una fortuna que al fin se encuentra, sí, pero ya un poco tarde y cuando no se puede disfrutar de ella.

Hasta el aire que respiraba en Madrid parecíale tener en su vaga sustancia algo que la denunciaba, algo de indiscreto y revelador, y ansiaba respirar ambiente nuevo en un mundo y bajo un cielo distinto de este, a los cuales pudiese decir: “Ni tú, aire, me conoces, ni tú, cielo, me has visto nunca, ni tú, tierra, sabes quién soy”.

LA BIBLIA SEGÚN DIOS, @diostuitero

La Biblia es el libro más vendido y el menos leído. Al fin y al cabo, ¿qué es el cristianismo? Gente que va todos los domingos a misa a que alguien les lea un libro que ellos no piensan leerse nunca.

MICROGEOGRAFÍAS DE MADRID, Belén Bermejo

La calle, desperándose, silenciosa, con su promesa de churros y patatas fritas. Madrid y su caos, su desorden, sus hechuras de pueblo, su carencia de ínfulas, sus cielos, su color, su luz, su olor a metro, sus prisas, Vives en Madrid, eres de Madrid.

EL VIENTO DE LA LUNA, Antonio Muñoz Molina

En el mundo donde yo nací y en el que es posible que tenga que vivir siempre todo o casi todo es áspero, las manos de los hombres, la pana de sus pantalones de trabajo, los terrones secos, las paredes encaladas, las albardas y los serones de los animales de carga, el cáñamo de las sogas, la tela de los sacos, el jabón basto y casero que fabrican en grandes lebrillos mi madre y mi abuela y pica las manos, y casi no deja espuma, las toallas con las que nos secamos, las hojas de papel de periódico con las que nos limpiamos el culo.

(…) la Biblia nos propone metáforas que la razón del Hombre no siempre sabe interpretar.

Cada acto es una repetición, cada experiencia idéntica lleva consigo una frase hecha o un refrán que la confirma como algo ya sucedido muchas veces.

En el joven hay una inspiración de ideal, una dimensión de anhelo que la sociedad no reconoce, y eso despierta su rebeldía y la incomprensión de los adultos.

Nada es simple, nada es lo que parece a primera vista, y cualquier fragmento mínimo de la realidad contiene tales posibilidades de conocimiento y de misterio que da vértigo asomarse a ellas.

Hace unos pocos minutos tenía trece años y regresaba de la biblioteca pública de Mágina con un libro de Astronomía bajo el brazo y ahora, en el espejo del cuarto de baño, soy un hombre de pelo gris extraviado de pronto en un porvenir más lejano que el de la mayor parte de las historias futuristas que leía entonces.

ODISEA, Homero

¡Ay, ay! ¡Cómo les echan las culpas los mortales a los dioses! ¡Pues dicen que de nosotros proceden las desgracias cuando ellos mismos por sus propias locuras tienen desastres más allá de su destino!

EL INVIERNO EN LISBOA, Antonio Muñoz Molina

Más tarde me di cuenta de que yo siempre había notado en él esa cualidad inmutable de quienes viven, aunque no lo sepan,, con arreglo a un destino que probablemente les fue fijado en la adolescencia.

– Sí me entiendes. Seguro que te has despertado una mañana y te has dado cuenta de que ya no necesitabas la felicidad ni el amor para estar razonablemente vivo. Es un alivio, es tan fácil como alargar la mano y desconectar la radio.

He observado que los extranjeros no tienen el mejor escrúpulo en cancelar sin previo aviso su amistad o su copiosa cortesía.

Hay ocasiones en las que uno tarda una fracción de segundo en aceptar la brusca ausencia de todo lo que le ha pertenecido: igual que la conciencia es más rápida que el dolor, y nos deslumbra como un relámpago que sucede en silencio.

UN LARGO SÁBADO, George Steiner

El lenguaje lo permite todo. Es algo espantoso en lo que no solemos reparar: se puede decir de todo, nada nos ahoga, nada corta nuestra respiración cuando decimos algo monstruoso. El lenguaje es infinitamente servil y no tiene -a eso se debe el misterio- límites éticos. (…) Ahora bien, por lo menos debe haber cierta relación entre la palabra y la vida. Puede ser muy complicado, lo sé; la sinceridad es sumamente difícil, exige un esfuerzo constante de autocritica. Pero decir lo contrario de lo que uno vive siempre me ha parecido demasiado fácil.

A mí me encanta el viento, muchísimo. Ser un Luftmensch no me importa en absoluto. Por el contrario, me permite cruzar océanos, continentes, y descubrir una parte de este mundo fascinante en el que nuestra vida es tan breve. Dicho eso, no ignoro que para la mayoría de los seres humanos (y están en su derecho), la búsqueda de un terruño, de un hogar, es una pasión muy profunda. Eso me merece respeto, no soy estúpido. Pero a menudo la medalla tiene otra cara: el chauvinismo, el odio racial, el miedo al otro (…) Creo que el judío tiene una misión: la de ser un peregrino de las invitaciones. La de ser por todas partes un invitado para tratar, muy lentamente, dentro de los límites de sus capacidades, de explicar al hombre que en la tierra somos todos invitados (…) ¿Qué debe hacer un invitado? Debre vivir entre los hombres, allá donde esté. Y un buen invitado, un invitado digno, deja el lugar en el que ha sido hospedado algo más limpio, algo más bonito, algo más interesante que como lo encontró. Y si tiene que marcharse, hace sus maletas y se va.

(…) en el fondo, soy antisionista (…) Durante miles y miles de de años, los judíos no han tenido el poder necesario para maltratar, torturar o expropiar a nadie en el mundo. Para mí se trata de la más noble aristocracia que existe. Cuando me presentan a un duque inglés, me digo en silencio: “La mayor nobleza es la de haber pertenecido a un pueblo que nunca ha humillado a otro”. Ni torturado a otro. Ahora bien, en la actualidad Israel debe necesariamente (subrayaría y repetiría el término veinte veces si pudiera), necesariamente, pues, inevitablemente, ineluctablemente, matar y torturar para poder sobrevivir; Israel debe comportarse como el resto de la humanidad supuestamente normal. Pues bien, soy de un esnobismo ético sin fin , de una arrogancia ética total; convirtiéndose en un pueblo como los demás, me han quitado el título de nobleza que les atribuía.

(…) casi es posible definir al judío como aquel que siempre lee lápiz en mano porqu está convencido de ser capaz de escribir un libro mejor que el libro que está leyendo. Es una de las grandes arrogancias de mi pequeño y trágico pueblo (…) Erasmo dijo: “El que no tiene libros destrozados, es que no los ha leído”.

(…) en Europa el peso del pasado es enorme. En cambio, el peso del futuro es muy ligero, ligerísimo. Es un problema grave.

LA HISTORIA DE GENJI, Murasaki Shikibu

El Resplandenciente Genji: el nombre era impresionante, pero no así los numerosos y deplorables deslices de su portador; y habida cuenta de la discreción con que se entregaba al libertinaje, para que esa actitud no llegara a oídos de la posteridad y le diera una fama inoportuna, cualquiera que airease sus secretos al mundo era un chismoso terrible.

Las primeras lluvias del verano caían sin cesar mientras en palacio se mantenía el aislamiento [monoimi, una época de confinamiento bajo techo para evitar las influencias malignas].

BREVES RESPUESTAS A LAS GRANDES PREGUNTAS, Stephen Hawking

Debemos luchar para que cada mujer y cada hombre tengan la oportunidad de vivir vidas sanas y seguras, con oportunidades y amor. Todos somos viajeros en el tiempo, viajamos juntos hacia el futuro.

Si creemos en la ciencia, como yo creo, creemos que hay ciertas leyes que siempre se obedecen. Si lo deseamos, podemos decir que dichas leyes son obra de Dios, pero eso es más bien una definición de Dios que una demostración de su existencia.

Creo que cuando morimos volvemos a ser polvo, pero hay un sentido en aquello que vivimos, en  nuestra influencia y en  los genes que transmitimos a nuestros hijos.

MARY WOLLSTONECRAFT, MARY SHELLEY, Charlotte Gordon

Madre e hija coincidieron en tratar de liberarse del dogal de la alta sociedad, y en pugnar por alcanzar un equilibrio entre la necesidad de amor y la de independencia (…) Para ambas, madre e hija, fue la libertad lo más importante, la llave que abriría las puertas del cambio.

El corpus de su obra destaca por su compromiso con los derechos de la mujer y por su condena de la ambición masculina desatada.

VIVES EN LAS CINTAS QUE ME GRABASTE, Rob Sheffield

Cuento con la música para que me devuelva al pasado; o, más concretamente, para que la traiga a ella al presente.

Grabar una canción en una cinta es liberarla.

LA GRAVEDAD Y LA GRACIA, Simone Weil

Nada poseemos en el mundo -porque el azar puede quitárnoslo todo-, salvo el poder de decir yo.

A SANGRE Y FUEGO, Manuel Chaves Nogales

Yo era eso que los sociólogos llaman un “pequeño burgués liberal”, ciudadano de una república democrática y parlamentaria (…) mi única y humilde verdad era un odio insuperable a la estupidez y a la crueldad (…) Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que partieron España (…) No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras.

Su causa, la de la libertad, ni había en España quien la defendiese.

LIBRO DEL DESASOSIEGO, Fernando Pessoa

Consideré que Dios, siendo improbable, podría existir, pudiendo por lo tanto ser adorado; pero que la Humanidad, siendo una mera idea biológica, y no significando más que la especie animal humana, no era más digna de admiración que cualquier otra especie animal.

El único modo de estar de acuerdo con la vida consiste en estar en desacuerdo con nosotros mismos.

Toda la vida del alma humana es un movimiento en la penumbra. Vivimos en medio de un crepúsculo de la conciencia, nunca seguros de lo que somos o creemos ser.

Tal vez se descubra que aquello que llamamos Dios, y que tan patentemente está en un plano distinto de la lógica y de la realidad espacial y temporal, es una manera nuestra de existencia, una sensación de nosotros mismos en otra dimensión del ser.

Vivo siempre en el presente. El futuro lo desconozco. El pasado ya no lo tengo.

En realidad, no poseemos más que nuestras propias sensaciones; en ellas, pues, y no en lo que ellas ven, tenemos que fundamentar la realidad de nuestra vida.

Considerar todo cuanto nos sucede como accidentes o episodios de una novela, a la que asistimos no con la atención sino con la vida. Solo con esta actitud podremos vencer la malicia de los días y los caprichos de los acontecimientos.

Adoramos la perfección porque no podemos poseerla; nos repugnaría si la poseyéramos. Lo perfecto es inhumano, porque lo humano es imperfecto.

En todos los lugares de la vida, en todas las situaciones y convivencias, yo fui siempre, para todos, un intruso. Por lo menos, fui siempre un extraño.

SOLDADOS DE SALAMINA, Javier Cercas

Yo había sabido que aquel hombre culto, refinado, melancólico y conservador, huérfano de coraje físico y alérgico a la violencia, sin duda porque se sabía incapaz de practicarla, durante los años veinte y treinta había trabajado como casi nadie para que su país se sumergiera en una salvaje orgía de sangre.

(…) la vieja guardia de Falange podía empezar a intuir que la revolución fascista con que había soñado no iba a llegar nunca, porque el cóctel expeditivo de su doctrina (…) iba a acabar diluyéndose en un aguachirle gazmoño, previsible y conservador.

Dice Andrés Trapiello que, como tantos escritores falangistas, Sánchez Mazas ganó la guerra y perdió la historia de la literatura.

(…) entender no es justificar (…)

JESÚS, ESE GRAN DESCONOCIDO, Juan Arias

La gran paradoja de judío Jesús de Nazaret es que se trata de un personaje de quien apenas sabemos que existió, pero que al mismo tiempo ha condicionado como ningún otro la vida de Occidente y más allá (…) Hoy no existe duda de que la historia de Occidente, y en parte del mundo entero, hubiera sido diferente sin el judío Jesús de Nazaret, a quien casi mil millones de creyentes adoran como Dios.

Él, probablemente, nunca pensó en fundar ni una nueva religión, ni una nueva iglesia sino sencillamente proponer una forma distinta de vivir las relaciones de los hombres entre sí no basada en el poder, sino en la fraternidad.

Puede ser, en efecto, que en Jesús de Nazaret, a pesar de las traiciones perpetradas en su nombre por una parte de la Iglesia que nació bajo su fe, cada ser humano siga viendo un ideal personal, espiritual, social y hasta político.

Jesús ignora la situación de inferioridad de la mujer de su tiempo y la trata en un plano de igualdad, olvidándose de todas las prohibiciones que giraban sobre ella, y la asocia a la vida pública con total normalidad (…) Para él, la mujer aparce como símbolo de todo lo que debe ser rescatado a su libertad original.

Si es verdad que en el cristianismo quedaron no pocas de las raíces del judaísmo, empezando por el sentido de culpa y el sentimiento trágico de la vida, sin embargo en materia de sexo el cambio fue radical. Mientras que para el judaísmo el alma es algo que vive dentro del cuerpo, siendo este, su carne, la verdadera realidad del hombre, para el cristianismo, por el contrario, lo que hace que un individuo sea tal es el alma, siendo el cuerpo solo un instrumento de ella. De ahí que para los judíos el sexo fuera algo positivo y digno de vivirse con felicidad, mientras que para los cristianos, por ser un elemento fundamental del cuerpo y de la carne, lo mejor era reprimirlo para dejar libre al alma, que era el elemento esencial de la persona.

Jesús llegó a decir: “En verdad que quien entienda mis palabras no volverá a morir”. Era una metáfora para indicar que quien entra en esa nueva dimensión de relaciones humanas que él anunciaba mira a la muerte con otros ojos. Lo que importa ya no es la muerte, sino la vida. Es verdad que quien le escuchaba no lo entendía así (…) Esa fue la gran intuición de Jesús, su gran locura, el haber entendido que los hombres, aun teniendo que morir, no querían hacerlo, y que dentro de ellos alguien, algún dios misterioso y sin nombre, ha colocado ese germen, o sé si bendito o maldito, de un deseo inapagable de lo eterno y lo inmortal.

PATTI SMITH, Marcos Gendre

Mi postura política es muy simple: no tengo inclinaciones políticas, pero sí me siento inclinada por la Tierra; me inclino por la humanidad. Estoy muy preocupada por la condición humana. Estoy muy preocupada por todos los seres humanos. No soy nacionalista, no tengo ningún interés en eso y nunca lo he tenido, ni siquiera de niña.

HISTORIA DE LOS JUDÍOS ESPAÑOLES HASTA 1492, Evelyne Kenig

La variedad de las culturas, costumbres y lenguas expresa el pasado rico y agitado de la Península Ibérica (…) En ningún otro país de Europa ha dejado la historia huellas tan contradictorias y emocionantes (…)

CONFUCIO EN 90 MINUTOS, Paul Strathern

“La vida perfecta busca en sí misma. La vida vacía busca en los otros.”

Su objetivo era enseñar a los alumnos a comportarse adecuadamente. Si deseaban gobernar a otras personas, primero deberían aprender a gobernarse a sí mismos. Pero el verdadero núcleo de sus enseñanzas se encuentra en el ámbito familiar: la virtud significa amar al prójimo. Este sentimiento moral, el más profundo de la humanidad, fue articulado por Confucio más de quinientos años antes del nacimiento de Cristo.

LA RUTA DE DON QUIJOTE, Azorín

No son estos los pueblecitos moriscos de Levante, todo recogidos, todo íntimos; son los poblados anchurosos, libres, espaciados, de la vieja gente castellana. Aquí cada imaginación parece que ha de marchar por su camino, independiente, opuesta a toda traba y ligamen (…)

Decidme, ¿no comprendéis en estas tierras los ensueños, los desvaríos, las imaginaciones desatadas del grande loco? La fantasía se echa a volar frenética por estos llanos; surgen en los cerebros visiones, quimeras, fantasías torturadoras y locas.

CONCEPCIÓN ARENAL. LA CAMINANTE Y SU SOMBRA, Anna Caballé

La mayor parte de sus escritos están vinculados al tema sobre el que giró su vida, la necesaria reforma de las cárceles y asilos cuyo abandono y dejadez eran desoladores, así como la lucha por concienciar a la sociedad española de la urgente tarea de disponer de una Administración moderna en la que la corrupción de los funcionarios no tuviera cabida legal.

El sufrimiento tiende puentes al mundo, mientras que la felicidad nos aísla de él porque nos vuelve egoístas y caprichosos. Pensamos que por nuestra valía merecemos ser felices, nunca pensamos que merecemos ser desgraciados. El sufrimiento es, pues, el tendón principal de la vida, y pese al espacio que ocupa en la vida humana, nadie nos enseña cómo afrontarlo y aprender de él para que al menos rinda un servicio que nos sea útil. No pensemos, sin embargo, que ella defiende el dolor en sí mismo, sino que parte de su inexorabilidad y lo pone a trabajar en el beneficio psicológico y moral que pueda ocasionar al individuo. Toda su filosofía girará en torno a esta severa, incluso intransigente pero eficaz línea de fuerza expuesta ya en sus primeros libros doctrinales y que podría resumirse así: el ser humano va en busca de la felicidad, pero el sustrato fundamental de su vida es la desdicha. Y convendría que lo tuviera presente.

(…) ningún tema quedaría fuera de su interés: de la literatura a la filosofía, pasando por el derecho y el activismo social. El maltrato animal, el pacifismo, los derechos de la mujer, el abolicionismo, el ecologismo, el vegetarianismo, la reforma de las leyes, la protección de los necesitados, la naturaleza humana… ¿Cómo habrá que definirla en lo sucesivo? ¿Pensadora? ¿Penalista? ¿Escritora? ¿Reformista?¿Feminista?

“El periodista es una desdichada variedad del escritor; es, en el mundo de la inteligencia, el obrero condenado por su mala suerte a trabajos insalubres.”

Para Arenal, la vida es una escuela de sufrimiento de la que hay que aprender dos cosas: fortaleza y virtud. Ambas se oponen a la felicidad, en la que medida que esta es complaciente y egoísta. La moral no puede basarse en la felicidad porque esta no aporta nada a la vida ética del invididuo. El dolor, sí: enseña al individuo a superarse y lo ayuda a mejorar en el sentido de la perfección moral a la que se debe aspirar. Pero, a su vez, la resignación cristiana es una pérdida de tiempo y un agente del inmovilismo extremo.

¿CÓMO SOMOS? UN RETRATO ROBOT DE LA GENTE CORRIENTE, Ignacio Urquizu

Lo que más echo de menos en muchos análisis es que no hablamos de una parte de la sociedad que es mayoritaria y que, a pesar de no protagonizar las manifestaciones o no “asaltar los cielos”, tienen opiniones políticas relevantes que están detrás de muchos de los cambios a los que estamos asistiendo (…) Nos venimos deteniendo en exceso en minorías que aparecen como vanguardias de los cambios, pero sin las mayorías sociales esos cambios no serían posibles.

(…) la gente corriente, de la que se habla en muy pocas ocasiones, tiene un papel vertebrador en muchos momentos históricos, ya sea porque determina mayorías o porque su opinión es la más extendida.

(…) los perdedores de la Gran Recesión cuestionaron nuestros sistemas políticos y económicos desde posiciones progresistas, pidiendo una mayor justicia social. En cambio, los temerosos de perder en el futuro se están rebelando desde visiones más conservadoras e identitarias. Ante la incertidumbre del mañana, algunos parecen querer que el mundo se pare, que no avance y no se modernice, buscando además refugio en su comunidad más próxima: un repliegue sobre la tribu.

(…) las sociedades se enfrentan a dos desafíos enormes: la globalización y el cambio tecnológico. El hombre medio teme perder mucho en el futuro y su reacción puede estar siendo conservadora. Frente al ciclo de protestas 2011-2016, donde sus protagonistas demandaban un cambio, el nuevo ciclo político parece ir en dirección totalmente opuesta.

(…) el hombre medio es menos económico que ideológico y que, además, es más prospectivo que retrospectivo, lo que no significa que sea mejor o peor ciudadano, sino que utiliza argumentos distintos para decidir su voto (…) Asumiendo que sus condiciones de vida no le permiten contar con tantos recursos como otros sectores sociales para participar en política, se apoya en lo más político que tiene a su alcance: la ideología.

(…) para Mark Lilla, si la izquierda ha entrado en crisis es porque ha sustituido las reivindicaciones socioeconómicas y de clase por las cuestiones identitarias, convirtiendo su proyecto político en una aspiración individualista y no de comunidad.

(…) el hombre medio no tiene la épica de los indignados, del feminismo o del movimiento LGTB (…) Sus historias no tienen épica, a diferencia de otros colectivos. Es quizás por eso que muchos analistas no vieron venir fenómenos como Donald Trump, el Brexit o los Demócratas de Suecia (…) Pues lo que parecía imposible está empezando a suceder en muchas sociedades. Y todo lo que nos llega a través de los distintos análisis es que no son gente marginada o psicópatas los que están apoyando este tipo de movimientos. Todo lo contrario, predomina la gente corriente, “la que madruga todos los días”.

Si queremos que la gente corriente deje de temer el futuro y lo mire con optimismo, debemos liderar el cambio tecnológico y la globalización con los valores del hombre medio, dando respuesta a sus miedos.

EL MISMO MAR, Amos Oz

Un hombre y una mujer, usted, señor, debe saberlo, forman una misteriosa conjunción: un día se acercan, al otro día se dan la espalda.

También tú, con tus viajes y tu obsesión por alejarte y acumular experiencias, arrastras contigo tu jaula de un extremo a otro del zoo. Cada uno tiene su propio cautiverio.

El camino es llano. El hielo es fino y brillante. Junto al mar le espera su padre y más allá, en el fondo, su madre le espera.

Todos somos un enigma, incluso la persona más cercana.

Todo aquel nacido de mujer lleva sobre sus hombros a sus padres. No sobre sus hombros. En su interior.

En el café hay noticias buenas y malas. Malas, que el tiempo transcurre. Buenas, que el tiempo cura.

EL CIELO SEGÚN GOOGLE, Marta Carnicero

Una vez le escuché a mi madre que debería existir una palabra especial para referirse a la traición de una persona querida. La falta, insistió, merecería ser castigada con una pena distinta, menos justa, porque alguien con capacidad para hacer tanto daño no merece justicia alguna.

(…) si pensáramos que nos morimos poco a poco, un poquito cada día, procuraríamos centrarnos en lo que nos hace felices. A menudo nos queremos, y hasta nos permitimos hacernos daño, como si tuviésemos carta blanca para rectificar, todo el tiempo del mundo para aspirar a la felicidad y ninguna prisa por alcanzarla, mientras llegue.

LOS RESISTENTES. RELATO SOCIALISTA SOBRE LA VIOLENCIA DE ETA (1984-2011), Sara Hidalgo García de Orellán

La soledad y el silencio son seguramente las dos palabras que mejor muestran los sentimientos de las víctimas y su percepción sobre la situación. Además, al proyectar la vergüenza y la estigmatización sobre la víctima, se refuerza la hegemonía del discurso de ETA de que cuando alguien es asesinado, alguna razón habría para hacerlo, es decir, el crimen estaba justificado (…) En esa batalla simbólica y dialéctica, el socialismo vasco se posicionó en una defensa de las víctimas de ETA (…).

Durante los años en que los miembros y simpatizantes del PSE experimentaron la violencia d ETA se produjo un proceso político que podríamos catalogar de creación de una cultura de la resistencia.

ZONA DE OBRAS, Leila Guerriero

Pasen por las historias sin hacerles daño (sin hacerse daño). Sean suaves, como un ala, igual de peligrosos. Y respeten: recuerden que trabajan con vidas humanas. Respeten.

(…) hace falta la mitad de la vida para entender cosas que suceden en minutos.

Si uno es periodista no acomoda los hechos según le convenga, no le inventa piezas el mecano porque las que tiene no encajan y no escribe las cosas tal como le habría gustado que sucedieran.

(…) decir que todos podemos ser periodistas -solo porque se ha facilitado el acceso a algunas herramientas que los periodistas usan- podría ser un argumento engañoso: una forma de demagogia. El equivalente a decir, por ejemplo, que todos podemos ser filósofos. Después de todo, que yo sepa, para ser filósofo nunca hizo falta mucho más que un cerebro. Y sin embargo.

(…) los editores han decretado que los lectores ya no leen (…) Y es raro, porque si hay algo que uno debe hacer para dedicarse a un oficio como este -editar diarios y revistas- es creer en él.

BUENOS DIAS, TRISTEZA, Françoise Sagan

Lo único que le minaba y le consumía era el hábito y la rutina, como a mí. Éramos ambos de la misma raza. Tan pronto me daba la impresión de que era la hermosa y pura raza de los nómadas, como la raza pobre y consumida de los vividores.

LA SONRISA ETRUSCA, José Luis Sampedro

Eso mismo, florecer. Yo creía que era cosa de mujeres, que el hombre es solo madera, cuanto más recia, mejor. Pero, ¿por qué no flor? A David le gustaban las flores, se paraba en las marchas para mirarlas y siempre andaba preguntando cómo se llamaban. Nos burlábamos al principio, hasta que le vimos su buena madera y se ganó el respeto (…) ¡Cuándo yo a pensar que el hombre también florece. ¡Qué sorpresas!

Esa mujer no es un manantial ardiendo; sino un manantial para siempre.

LA IZQUIERDA ES LA LIBERTAD, José Andrés Torres Mora

¿Qué condición personal, qué circunstancia, nos da un privilegio ontológico o epistemológico -nos hace mejores y más listos- que nos garantice formar parte de la verdadera izquierda, siempre y sin la menor duda? Me temo que, a poco que se piense,, lo mejor es cultivar un sano escepticismo que nos haga estar vigilantes sobre nosotros mismos y sobre las políticas que apoyamos. Una actitud que nos lleve al diálogo antes que a la trinchera.

(…) el Estado del Bienestar, la combinación de libertades individuales y derechos sociales sigue siendo el mejor sistema político que han tenido los seres humanos en su historia.

(…) lo importante para la izquierda no es atarse a dogmas, ni consignas, sino cultivar la razón y la creatividad, puestas al servicio de los mejores valores y los más nobles sentimientos, y atreverse a explorar nuevos caminos, nuevas formas de alcanzar que los seres humanos tengan una vida plena.

EL MERCADO Y LA GLOBALIZACIÓN, José Luis Sampedro

Bastaría orientar el progreso técnico hacia el interés social pensando en todos para organizar otra globalización y otro mundo mejor, que es posible.

POSTGUERRA, Tony Judt

En retrospectiva, los años transcurridos entre 1945 y 1989 empezarían a considerarse no como el umbral de una nueva época sino más bien como un periodo de transición: un paréntesis de postguerra, la situación inacabada de un conflicto que finalizó en 1945, pero cuyo epílogo había durado otro medio siglo.

La Europa de la postguerra fue liberada, o enclaustrada, por forasteros. Solo tras considerables esfuerzos y el transcurso de varias décadas, los europeos lograron recuperar el control de su destino.

FRANKENSTEIN O EL MODERNO PROMETEO, Mary Shelley

(…) ¡cuántas cosas tendríamos al alcance de nuestro conocimiento si la cobardía o la indiferencia no frenaran nuestras investigaciones!

Nada hay más doloroso para el espíritu humano, tras la excitación que provoca la rápida sucesión de los acontecimientos, como esa calma mortal de apatía y certidumbre que la sigue, y priva al alma de toda esperanza y temor.

¡Ay! ¿Por qué se jacta el hombre de sensibilidades superiores a las del bruto? Ello no hace sino someterle más a la necesidad. Si nuestros impulsos se redujesen al hambre, a la sed y al deseo, casi seríamos libres; en cambio, así nos mueve cualquier soplo de viento, cualquier palabra casual, o la idea que esa palabra puede transmitir.

CIEN AÑOS DE SOLEDAD, Gabriel García Márquez

El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.

(…) en verdad estaban más ligados hasta la muerte por un vínculo más sólido que el amor: un común remordimiento de conciencia.

Pero mientras su hermano había conseguido esterilizar los recuerdos, ella solo había conseguido escaldarlos.

EL JILGUERO, Donna Tartt

Pero a veces, cuando menos me lo esperaba, el dolor me sobrevenía en oleadas que me dejaban sin aliento, y cuando esas retrocedían me encontraba contemplando los restos del naufragio iluminados a una luz tan cruda, enfermiza y vacía que me costaba recordar que el mundo había estado de todo menos muerto.

Mantente alejado de los que amas demasiado. Esos son los que te matarán.

Pero lo que quisiera que alguien me explicara es lo siguiente: ¿qué pasa si da la casualidad de que tienes un corazón que no es de fiar?

No escogemos lo que queremos y lo que no queremos, esta es la única y cruda verdad. A veces queremos lo que queremos aunque sepamos que nos matará. No podemos escapar de quiénes somos.

DIARIO, Anne Frank

(…) tampoco en el futuro le tendré miedo a la verdad, puesto que cuanto más se la pospone, tanto más difícil es enfrentarla.

Otra cosa que escribe Sis Heyster es que a esa edad las adolescentes son muy inseguras, y empiezan a descubrir que son personas con ideas, pensamientos y costumbres propias.

Algún día esta horrible guerra habrá terminado, algún día volveremos a ser personas y no solamente judíos (…). ¡Ay, es triste, muy triste, que por enésima vez se confirme la vieja sentencia de que lo que hace un cristiano es responsabilidad suya, pero lo que hace un judío es responsabilidad de todos los judíos!

En el libro “Combatientes para toda la vida” pone algo que me ha conmovido bastante, y es algo así como que por lo general las mujeres, tan solo por el hecho de tener hijos, padecen más dolores, enfermedades y desgracias que cualquier héroe de guerra (…) Las mujeres son soldados mucho más valientes y heroicos, que combaten y padecen dolores para preservar a la humanidad, mucho más que tantos libertadores con todas sus bonitas historias.

TANTOS DÍAS FELICES, Laurie Colwin

¿Sabes cuál es tu problema? Que eres inteligente, pero la inteligencia la aplicas mal.

VEINTE POEMAS DE AMOR Y UNA CANCIÓN DESESPERADA, Pablo Neruda

Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes / a tus ojos oceánicos.

Quiero hacer contigo / lo que la primavera hace con los cerezos.

Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

EL IMPOSTOR, Javier Cercas

A todas horas me repetía, como una consigna: “La realidad mata, la ficción salva”.

Yo pensaba que nuestra primera obligación es entender. Entender, por supuesto, no significa disculpar (…)

(…) los buenos mentirosos no solo trafican con mentiras, sino también con verdades y las grandes mentiras se fabrican con pequeñas verdades (…)

(…) con el fin de conquistar el amor y la admiración que no había tenido, decidió reinventar su pasado, reinventarse a sí mismo, construir con su vida una gloriosa ficción para esconder la mediocre y vergonzante realidad, contar que no era quien era (…)

En “Yo soy Enric Marco” comparé a Marco con Don Quijote, porque ambos son dos grandes mentirosos que “no se conformaron con la grisura de su vida real y se inventaron y vivieron una heroica vida ficticia”.

Marco se inventó un pasado (o lo adornó o lo maquilló) en un momento en que alrededor de él, en España, casi todo el mundo estaba adornando o maquillando su pasado, o inventándoselo (…). Es lo que ocurrió durante la transición de la dictadura a la democracia en España.

CÓMO SER UN ESTOICO, Massimo Pigliucci

El estoicismo no se centra en suprimir u ocultar las emociones; más bien se trata de reconocer nuestras emociones, reflexionar sobre lo que las provoca y redirigirlas para nuestro propio bien. También se trata de tener claro qué está y qué no está bajo nuestro control, centrando nuestros esfuerzos en lo primero y no malgastándolos en lo segundo. Se trata de practicar la virtud y la excelencia, y de transitar por el mundo maximizando nuestras capacidades, mientras somos conscientes de la dimensión moral de todas nuestras acciones.

Siempre vivimos “hic et nunc”: aquí y ahora.

PLAN DE VUELO, Luis Greciano de Miguel

Antonio fue testigo de ese momento en que la cocinera, como todas las mujeres valientes que había conocido, optan de forma resuelta por levantarse, sacudirse las penas que las amarran al pozo de la amargura y caminar. Tan solo caminar, las sonrisas ya vendrán.

EL ALEPH, Jorge Luis Borges

Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal.

LA REINA JUANA I DE ESPAÑA, MAL LLAMADA LA LOCA, María Milagros Rivera Garretas

Fue un delito típico del patricarcado del siglo XVI. Consistió en utilizar toda la violencia posible para despojar de hecho, aunque no de derecho, a Juana I (…) del ejercicio libre de su poder y gobierno porque era mujer, reemplazándola por tres hombres conjurados en el proyecto patriarcal moderno: su marido Felipe el Hermoso, su padre Fernando el Católico y su hijo Carlos I. Si la reina Juana enfermó, enfermaría de miedo, como ha sugerido la historiadora Bethany Aram. Es sospechoso que las primeras referencias documentales a su “enfermedad” no aparecieran hasta 1503, cuando se convirtió, inesperadamente, en heredera de los tronos de su madre y de su padre.

La reina Juana I no hizo el arriesgado espectáculo de trasladar ceremoniosamente el cadáver de su marido desde Miraflores hasta Granada solo por defender los derechos sucesorios de su hijo Carlos. Lo hizo también para escenificar y dar a conocer su propio pensamiento político sobre la monarquía. Mientras los nobles y los burgueses de Europa tomaban violentamente el camino del individualismo y del absolutismo moderno, ella reforzó la noción medieval de libertad femenina, entendida como libertad relacional, no individualista, y consecuentemente, de una monarquía no absoluta, sino en relación (…). Ella quiso gobernar con amor. “Yo tengo mucho amor a todas las gentes”, dijo al empezar su discurso a los Comuneros de Castilla en 1520.

PERIODISMO HERIDO BUSCA CICATRIZ, Javier Mayoral

Con tanto artículo de opinión en las páginas de los periódicos (con tantas tertulias en radio y televisión), podríamos tal vez llegar a pensar que el objetivo fundamental del periodismo es juzgar. No lo veo así (…) la obsesión de los medios y de los periodistas no debe estar ahí, en esa trifulca de opiniones, estilos personales y líneas ideológicas. La obsesión debe ser otra. El objetivo esencial, en primer lugar, es saber qué ha ocurrido. E intentar comprender después. Para ello conviene preguntarnos de vez en cuando por qué. No siempre hay un porqué, o al menos ese porqué no siempre está al alcance del periodismo.

CAMINAR, Henry David Thoreau

La mitad del camino que recorremos no es otra cosa que desandar lo andado. Tal vez deberíamos salir, tomar con espíritu de aventura por el camino más corto, y nunca regresar, preparados para enviar de regreso a nuestros desolados reinos, solo nuestro corazón embalsamado, como una reliquia.

Hay un camino correcto, pero somos muy propensos, por desatención y estupidez, a equivocarnos.

EL HOMBRE QUE PUDO REINAR, Rudyard Kipling

La rueda del mundo gira atravesando las mismas fases una y otra vez.

POEMAS, Emily Dickinson

Wild nights – Wild nights!

Were I with thee

Wild nights should be

Our luxury!

 

Futile -the winds-

To a Heart in port –

Done with the Compass –

Done with the Chart!

 

Rowing in Eden –

Ah – the Sea!

Might I but moor -tonight-

In thee!

PENAS DEL JOVEN WERTHER, J.W. Goethe

Confieso que tienes razón cuando dices que aquí abajo habría menos amarguras si los hombres (Dios sabrá por qué están hechos así) no se dedicasen con tanto ahínco a recordar los dolores antiguos, en vez de soportar con entereza un presente tolerable.

Recibimos con docilidad toda primera impresión, porque el hombre está hecho de tal modo, que llega a  persuadirse de que son verdad las cosas más extrañas; y, desde luego, se graban en él tan profundamente, que infeliz del que pretenda destruirlas o borrarlas.

SABER PERDER, David Trueba

La mentira a veces tiene la talla exacta para vestir una verdad.

El poder consiste en que antes de tu cabeza siempre haya otras por cortar.

Mirá, la empresa más rentable del mundo es la Iglesia y luego está el fútbol. Los dos viven de la gente con fe, nada más. ¿No es de locos?

El arte español, en todas sus facetas, escuchó Ariel, ha destacado por ser capaz de contar al tarado, al loco, al excéntrico. La representación del país a partir de su cara más negra y tarada es un hallazgo profundamente español.

Somos lo que transmitimos. No lo traicionemos.

EN DEFENSA DE ESPAÑA. DESMONTANDO MITOS Y LEYENDAS NEGRAS, Stanley G. Payne

Durante quinientos años, la imagen que España ha proyectado en otros países ha sido resultado más de una estampa descrita por escritores, viajeros y autores de panfletos extranjeros que de un cuadro dibujado deliberadamente por los propios españoles (…)

(…) las declaraciones más absurdas y exageradas sobre la cultura y la historia del país las han hecho los propios españoles.

LA RESISTENCIA ÍNTIMA, Josep María Esquirol

Resistir no solo es propio de anacoretas y ermitaños. Existir es, en parte, resistir.

¿Resistencia íntima? No hay resistencia sin modestia y generosidad. Por ello, la presunción y el egoísmo certifican su ausencia.

El resistente se resiste al dominio y a la victoria del egoísmo, a la indiferencia, al imperio de la actualidad y a la ceguera del destino, a la retórica sin palabra, al absurdo, al mal y a la injusticia.

La proximidad o, en su caso, el retorno a la proximidad (la casa, la compañía, el huerto, la intimidad…) son camino hacia la presencia y el sentido.

Nuestro existir es un permanecer en la proximidad, cuidando más que dominando. Acompañar y cuidar son expresiones de la proximidad, y esta, a su vez, resulta ser el carácter más distintivo de la cotidanidad.

Hemos optado por hablar de actualidad y no de presente (…) Ahora, cuando decimos “actualidad”, conservamos efectivamente su dominio, pero hemos introducido en ella una variación muy importante. La actualidad es, hoy, como la anticipación del futuro siempre inmediato (…) Y henos aquí mudados en servidores -por no decir esclavos- de la actualización del futuro.

No se trata de poseer, sino de amparar.

VIDA Y DESTINO, Vasili Grossman

La vida se extingue allí donde existe el empeño de borrar las diferencias y las particularidades por la vía de la violencia.

He sido testigo de los grandes sufrimientos del pueblo campesino, aunque la colectivización se hacía en nombre del bien. Yo no creo en el bien, creo en la bondad.

Nada es más duro que ser hijastro del tiempo. No hay destino más duro que sentir que uno no pertenece a su tiempo.

El fascismo y el hombre no pueden coexistir. Cuando el fascismo vence, el hombre deja de existir, quedan solo criaturas antropoides que han sufrido una transformación interna.

Sofia Ósipovna constataba con estupor que, aunque el proceso de evolución había llevado millones de años, habían bastado pocos días para hacer el camino inverso, el camino que va del ser humano a la bestia sucia y miserable desprovista de nombre y de libertad.

(…) la campaña para el exterminio masivo de personas exige una preparación especial. En este caso no basta tan solo con el instinto de conservación: es necesario incitar en la población el odio y la repugnancia.

El antisemitismo es un espejo donde se reflejan los defectos de los individuos, de las estructuras sociales y de los sistemas estatatales. Dime de qué acusas a un judío y te diré de qué eres culpable.

(…) bajo el fascismo, al hombre que desea seguir siendo un hombre se le presenta una opción más fácil que la de conservar la vida: la muerte.

Por lo general, no se limitaban a echarte del trabajo: primero te criticaban agriamente, después te despedían del trabajo, y por último te metían en prisión.

(…) las almas más puras están siempre e inevitablemente abocadas a la duda. El mundo está dominado por hombres de pocas luces convencidos firmemente de su razón. Las naturalezas superiores no dirigen los estados no toman grandes decisiones.

ALGO QUE BRILLA COMO EL MAR, Hiromi Kawakami

Parece mentira la cantidad de energía que podemos liberar las personas cuando nos concentramos en una sola cosa y nos olvidamos de todo lo demás.

Los momentos que vienen justo antes de empezar algo son los mejores. Siempre hacen ilusión y nunca son tristes.

NAPLES ’44: AN INTELLIGENCE OFFICER IN THE ITALIAN LABYRINTH, Norman Lewis

A few hundred yards away stood in a row the three perfect temples of Paestum, pink and glowing and glorious in the sun’s last rays. It came as an illumination, one of the great experiences of life.

DOS AMIGAS, Elena Ferrante

LA NIÑA PERDIDA (vol 4)

¿Aceptar que ser adultos es dejar de mostrarse, es aprender a ocultarse hasta desaparecer?

Cuántas palabras permanecen sin pronunciar incluso en una pareja que se ama, y qué elevado es el riesgo de que otros la destruyan pronunciándolas.

Exclamó que siempre había tenido que luchar para convencerse de que la vida tenía bordes sólidos, porque desde niña sabía que no había sido así.

(…) él es mucho peor que yo. Tiene la peor de las maldades, la de la superficialidad.

Hay momentos en que aquello que colocamos a los lados de nuestra vida y que parece que le servirá de marco eterno -un imperio, un partido político, una fe, un monumento, o también simplemente las personas que forman parte de nuestra cotidianidad- se desmorona de un modo por completo inesperado.

Una persona solo puede hacerte daño si la quieres.

LAS DEUDAS DEL CUERPO (vol 3)

(…) cada elección tiene su historia, muchos momentos de nuestra existencia permanecen comprimidos en un rincón a la espera de una salida, y al final esa salida llega.

Un hombre, salvo los momentos locos en que lo amas y se mete dentro de ti, se mantiene siempre fuera.

(…) la madurez consistía en aceptar el curso que había tomado la existencia sin agitarse demasiado, trazar un surco entre la práctica cotidiana y el aprendizaje teórico, aprender a verse, a conocerse a la espera de los grandes cambios.

UN MAL NOMBRE (vol 2)

Quizá se esté haciendo daño por dentro, porque las frases así gritadas en la garganta, en el pecho, sin que estallen en el aire, son como pedazos de hierro afilado que le hieren los pulmones y la faringe.

¿Será posible que los padres no mueran nunca, que los hijos los lleven dentro inevitablemente?

Tal vez debería decirle que las cosas carentes de sentido son las más hermosas.

(…) quien no aceptaba arriesgarse acaba deteriorándose en un rincón, sin confianza con la vida.

-Se titula Ulises.- ¿Habla de La Odisea?- No, habla de la mediocridad de la vida de hoy. -¿Y qué más?-. Nada más. Dice que tenemos la cabeza llena de tonterías. Que somos carne, sangre y huesos. Que todas las personas valen lo mismo. Que solo queremos comer, beber, follar.

LA AMIGA ESTUPENDA (vol 1)

(…) en mi vida he hecho muchas cosas, pero nunca convencida; siempre me he sentido un tanto despegada de mis propios actos.

(…) no hay gestos, palabras, suspiros que no contengan la suma de todos los crímenes que han cometido y cometen los seres humanos.

JUST KIDS, Patti Smith

(…) protested vehemently and announced that I was never going to become anything but myself, that I was of the clan of Peter Pan and we did not grow up.

“Oh, take their picture”, said the woman to her bemused husband, “I think they’re artists.” “og, go on”, he shrugged. “They’re just kids.”

“Nobody sees as we do, Patti”, he said again. Whenever he said things like that, for a magical space of time, it was if we were the only two people in the world.

We were as Hansel and Gretel and we ventured out into the black forest of the world. There were temptations and witches and demons we never dreamed of and there was splendor we only partially imagined.

LA LIBRERÍA, Penelope Fitzgerald

Florence tenía buen corazón, aunque eso sirve de bien poco cuando de lo que se trata es de sobrevivir.

(…) el coraje y la perseverancia son inútiles si no se ponen a prueba.

Su docilidad líquida iba tanteando el terreno, y se introducía sigilosamente por los puntos más vulnerables de los demás hasta encontrar un lugar apropiado en el que instalarse y sacar de él el máximo provecho.

No creo que los hombres sean mejores jueces que las mujeres -dijo Florence-. Pero pasan mucho menos tiempo lamentándose de sus decisiones.

GEOGRAFÍA HUMANA Y OTROS POEMAS, Gloria Fuertes

Debemos inquietarnos por curar las simientes, por vendar corazones y escribir el poema que a todos nos contagie. Y crear esa frase que abrace todo el mundo (…)

ANDANZAS Y VISIONES ESPAÑOLAS, Miguel de Unamuno

(…) la manía lamentabilísima que aqueja a casi todos los españoles; la manía de quejarse. (…) Y es que hay la voluptuosidad de la queja. Y a esa manía se une la manía de calumniarnos.

EN TORNO AL CASTICISMO, Miguel de Unamuno

¡Ancha es Castilla! Y ¡qué hermosa la tristeza reposada en ese mar petrificado y lleno de cielo!

LA ESPAÑA VACÍA, Sergio del Molino

La mirada cruel y desdeñosa hacia el paisaje del interior de la Península es una mirada española. Los extranjeros no han sido tan tremendistas al retratar la aridez y lo estéril.

ANTOLOGÍA CÁTEDRA DE POESÍA DE LAS LETRAS UNIVERSALES

Con tus alegrías regocíjate y con las desgracias aflígete sin desmesura: ve comprendiendo qué clase de cadencia al hombre rige (Arquíloco de Paros)

Desventurado aquel, cuya existencia está huera de amor! No es fácil hacer ni decir nada de espaldas al Deseo (Alfeo de Mitilene)

Y al fin, cuando sumemos muchos miles, los desordenaremos. Ni siquiera nosotros lo sepamos. Que no pueda un envidioso echarnos mal de ojo si conoce el total de nuestros besos (Catulo)

Odio y amo. Quizá me preguntes por qué. No lo sé. Pero así lo siento. Y sufro (Catulo)

Las cosas que hacen más feliz la vida son estas: (…) querer ser lo que eres y no preferir otra cosa; no temer el último día, ni desearlo (Marcial)

Y me angustio una y otra vez porque el pensamiento es incapaz de traducir el mundo y, la literatura, incapaz de apresar el pensamiento (Lu Ji)

Me bastará de ti una mirada furtiva, me conformaré con tu saludo breve; y yo nunca osaré consumar el deseo ni iré más allá de robarte una mirada; te preservaré de toda concupiscencia, te pondré por encima de las sospechas; me guardaré bien de la mirada del espía, el amor se puede perpetuar con tal recato (Ibn Zaydun)

No hay corazón tan duro que no llegue a ser blando con ruego, amor y llanto, ni tan frío querer que no se encienda (Petrarca)

¿Qué importa lo que pueda ser la realidad que se encuentra fuera de mí, si me ha ayudado a vivir, a sentir que soy y lo que soy? (Baudelaire)

No es que Morir nos duela tanto. Es el Vivir lo que nos duele más (Emily Dickinson)

Abril es el mes más cruel, criando lilas de la tierra muerta, mezclando memoria y deseo, avivando raíces sombrías con lluvias de primavera (TS Elliot)

No preguntéis por qué mi mente corre, inquieta; para mí no hay descanso más que donde ella está (Dorothea Schlegel)

CRÓNICA DE LOS WAPSHOT, John Cheever

Solo los amantes, con sus camas crujiendo alegremente, se salvarían de esa tristeza.

El miedo tiene el sabor de un cuchillo herrumbroso, no dejarlo entrar en casa.

CLARISSA, Stefan Zweig

Cada uno tiene que conocer su propia causa y desempeñarla hasta el final. Basta con tener algo en lo que creas.

(…) los cargos importantes son peligrosos para los hombres mediocres, les cambian el carácter cuando deben sobrepasar sus propios límites.

CHALLENGER, Guillem López

Hay gente que tiene deudas con el banco, otros, con la mafia; Marie tiene deudas con el pasado o, por lo menos, así lo siente. Los sentimientos son el peor contrato vitalicio.

EL CUENTO DE LA CRIADA, Margaret Atwood

Luke estaba en la sala. Me abrazó. Los dos estábamos destrozados. ¿Cómo íbamos a saber que éramos felices, incluso entonces? Porque al menos teníamos nuestros abrazos.

Nadie muere por falta de sexo. Es por falta de amor por lo que morimos.

La humanidad es muy adaptable, decía mi madre. Es sorprendente la cantidad de cosas a las que llega a acostumbrarse la gente si existe alguna clase de compensación.

LA CASA DE LAS BELLAS DURMIENTES, Yasunari Kawabata

¿Acaso los días juveniles de una persona no la hacían tal como era, conduciéndola a través de toda la vida?

MANAZURU, Hiromi Kawakami

El paso a la edad adulta era un camino sembrado de toda clase de altibajos que el adolescente no podía esquivar. Por eso me daba lástima. Porque era pequeña y no sabía nada.

EN LA ORILLA, Rafael Chirbes

Con la edad, aumentan los conocimientos sobre lo desagradable de la vida y, seguramente como mecanismo para hacerlos soportables, disminuye nuestra sensibilidad.

Al fin y al cabo, también la mierda es parte de nuestro interior. A veces cargamos las cosas con una importancia que solo existe en nuestra cabeza.

HISTORIAS DE USERA, vvaa

No me gusta que la calle del Olvido y la calle del del Amor Hermoso sean paralelas. ¿A quién se le ocurrió? ¿No podíamos quedarnos en la calle del Amor Hermoso?

Cómo somos las personas, ¿verdad? Inexplicables.

LAS AVENTURAS DE HUCKLEBERRY FINN, Mark Twain

Yo no vi ningún diamante y así se lo dije a Tom Sawyer. Me contestó que, a pesar de todo, los había allí a carretadas; y dijo que también había árabes y elefantes y cosas. Yo le pregunté, entonces, por qué no podíamos verlos. Me contestó que, si yo no fuese tan ignorante y hubiera leído un libro llamado “Don Quijote”, lo sabría sin preguntarlo.

BLITZ, David Trueba

(…) el sentimentalismo es egoísta, es un nacionalismo del yo, que siempre se hace más víctima, más perjudicado, más importante que cualquiera.

HOMBRES SIN MUJERES, Haruki Murakami

La honda sensación de pérdida tras haberse encontrado con la mujer amada, haberse unido a su cuerpo y haberle dicho adiós. Si lo piensa, ese sentimiento no ha cambiado en miles de años, ¿no cree?

LOS AMIGOS, Kazumi Yumoto

Quizá sea divertido ser viejo, porque cuanto más viejo eres, más recuerdos tienes. Y aunque el propietario de esos recuerdos se muera, los recuerdos permanecen, flotan en el aire, se disuelven en la lluvia y penetran en la tierra. Y a lo mejor entran después en el corazón de alguien que pasa por allí.

CONTRA EL FANATISMO, Amos Oz

Solo el que ama puede convertirse en traidor.

Tal vez el peor aspecto de la globalización sea la infantilización del género humano. El jardín de infancia global, lleno de juguetes y de cachivaches, de caramelos y piruletas.

(…) ningún hombre ni ninguna mujer es una isla, pero que cada uno de nosotros es una península, con una mitad unida a tierra firme y la otra mirando al océano (…) Pienso que nos deberían dejar de ser penínsulas.

MIGUEL DE CERVANTES, Don Quijote de La Mancha

(…) yo soy enamorado, no más de porque es forzoso que los caballeros andantes lo sean; y, siéndolo, no soy de los enamorados viciosos, sino de los platónicos continentes.

¿Quién puede ser sino algún maligno encantador de los muchos envidiosos que me persiguen? Esa raza maldita, nacida en el mundo para ocurecer y aniquilar las hazañas de los buenos, y para dar luz y levantar los fechos de los malos. Perseguídome han encantadores, encantadores me persiguen y encantadores me perseguirán hasta dar conmigo y con mis altas caballerías en el profundo abismo del olvido (…)

Pensar que en esta vida las cosas della han de durar siempre en un estado es pensar en lo excusado (…)

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.

(…) cada uno es artífice de su ventura.

No se muera vuesa merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía.

JORGE ZEPEDA PATTERSON, Milena o el fémur más bello del mundo

Súbitamente sintió que la vida le buscaba rendijas para colarse.

JANE AUSTEN, Lady Susan

Los sentimientos de la gente son incomprensibles.

LEILA GUERRIERO, Una historia sencilla

(…) tenía claro que la historia de Rodolfo era la historia de un hombre en el que se había agitado el más peligroso de los sentimientos: la esperanza.

ALBERTO MÉNDEZ, Los girasoles ciegos

Todo era real, pero nada verdadero

MAX AUB, La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco

En una cosa estaban de acuerdo: en hablar solo del pasado, con un acento duro, hiriente, que trastornaba.

BRUNO SCHULZ, Las tiendas de color canela

El Demiurgo, decía mi padre, “no ha logrado el monopolio de la creación; la creación es el privilegio de todos los espíritus (…)”

JESÚS CARRASCO, Intemperie

En realidad, no había preparado su marcha. Simplemente, un día, una gota derramó un caldero.

HARUKI MURAKAMI, Los años de peregrinación del chico sin color

Es curioso, ¿no? Incluso la persona más tranquila y coherente puede pasar por un gran momento de ruptura. Un periodo de locura, por así decirlo. Seguramente, todos necesitamos estos puntos de inflexión.

Tal vez mi destino era estar solo. La gente se acerca a mí y al poco tiempo se marcha. Parecía que buscaran algo dentro de él e, incapaces de encontrarlo, o desencantados con lo que veían, se dieran por vencidos y desilusionados, incluso enfadados, fueran alejándose hasta que, un buen día, se esfumaban.

En lo más profundo de sí mismo, Tsukuru Tazaki lo comprendió: los corazones humanos no se unen solo mediante la armonía. Se unen, más bien, herida con herida. Dolor con dolor. Fragilidad con fragilidad. No existe silencio sin un grito desgarrador; no existe perdón porque se derrama sangre; no existe aceptación sin pasar por un intenso sentimiento de pérdida. Esos son los cimientos de la verdadera armonía.

HIROMI KAWAKAMI, El cielo es azul, la tierra blanca

Salí a la calle. Quería comprobar que no estaba sola en el mundo y que no era la única que se sentía angustiada. Pero era imposible saber cómo se sentía la gente que pasaba por la calle. Cuanto más lo intentaba, más difícil me parecía.

Cuando tienes un gran amor, debes cuidarlo como si fuera una planta. Debes abonarlo y protegerlo de la nieve. Es muy importante tratarlo con esmero. Si el amor es pequeño, deja que se marchite hasta que muera.

MARIO BENEDETTI, La tregua

Es evidente que Dios me concedió un destino oscuro. Ni siquiera cruel. Simplemente oscuro. Es evidente que me concedió una tregua. Al principio, me resistí a creer que eso pudiera ser la felicidad. Me resistí con todas mis fuerzas, después me di por vencido y lo creí. Pero no era la felicidad, era sólo una tregua. Ahora estoy otra vez metido en mi destino. Y es más oscuro que antes, mucho más.

JULIO LLAMAZARES, Las lágrimas de San Lorenzo

¿Ves todas estas estrellas? (…) Llevan ahí millones de años; millones de millones, según dicen los astrónomos. Parece que no van a desaparecer jamás y, de repente, dan un salto en el vacío y se borran para siempre como si nunca hubiesen estado ahí… Pues lo mismo pasa con las personas. Parece que van a durar siempre, que nunca te abandonarán del todo y, cuando te das cuenta, han desaparecido del mundo sin ni siquiera dejar un rastro de luz como las estrellas; todo lo más una leve huella en la memoria de quienes las amaron que desaparecerá con éstos, porque también ellos desaparecerán un día.

JEFFREY EUGENIDES, La trama nupcial

¿Y si la verdad era sencilla, de forma que todo el mundo era capaz de captarla, y no de una complejidad que exigiría todo un doctorado?

NATALIA GINZBURG, Las pequeñas virtudes

Por lo respecta a la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito, sino el deseo de ser y de saber. Sin embargo, casi siempre hacemos lo contrario.

ROSA MONTERO, La ridícula idea de no volver a verte

(…) la vida es tan tenaz, tan bella, tan poderosa, que incluso desde los primeros momentos de la pena permite gozar de instantes de alegría: el deleite de una tarde hermosa, una risa, una música, la complicidad con un amigo. Se abre paso la vida con la misma terquedad con la que una plantita minúscula es capaz de rajar el suelo de hormigón para sacar la cabeza. Pero, al mismo tiempo, la pena sigue su curso. Y eso es lo que nuestra sociedad no maneja bien: enseguida escondemos o prohibimos tácitamente el sufrimiento.

Creo que nuestra percepción lineal del tiempo lo empeora todo. Einstein dijo ya hace mucho que el tiempo y el espacio eran curvos, pero nosotros seguimos viviendo los minutos como una secuencia (y una consecuencia) inexorable.

INGMAR BERGMAN

Tu escondite no es hermético. La vida se cuela por todas partes. Estás obligada a reaccionar.

GAO XINGJIAN, El libro de un hombre solo

La búsqueda del sentido de la vida ha sido tu sufrimiento, con tu compañero de infancia ya hablabas de eso. Sin embargo, por aquel entonces no habías vivido casi nada, mientras que ahora ya has probado todos los sabores -agrio, dulce, amargo, picante- de la vida. Es inútil, no sirve de nada buscar ese sentido, resulta ridículo; mejor aprovechar la vida y, al mismo tiempo, observarla.

CARSON McCULLERS, La balada del café triste

En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se dé cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces una soledad nueva y extraña, y este conocimiento le hace sufrir. No le queda más que una salida, alojar su amor en el corazón del mejor modo posible; tiene que crearse un nuevo mundo interior, un mundo intenso, extraño y suficiente. Permítasenos añadir que este amante del que estamos hablando no ha de ser necesariamente un joven que ahorra para un anillo de boda; puede ser un hombre, una mujer, un niño, cualquier criatura humana sobre la tierra.

ALVARO MUTIS, La nieve del almirante

Una caravana no simboliza ni representa cosa alguna. Nuestro error consiste en pensar que va hacia alguna parte o viene de otra. La caravana agota su signficado en su mismo desplazamiento. Lo saben las bestias que la componen, lo ignoran los caravaneros. Siempre será así.

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