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Pies pequeños

Haruki Murakami

Haruki Murakami

Pies pequeños medía un metro noventa o así. Era desgarbado y flaco. El cuerpo le empezó a crecer a lo loco cuando adolescente, cuando pies, brazos y extremidades comienzan una loca competición espoleada por las hormonas, y aquello no paró. Pies pequeños recuerda la locura de aquellos años, con su cuerpo convertido en una olla en permanente ebullición. Pensó que con el paso del tiempo lograría gobernar aquel su nuevo ser desmadejado, como son un poco todos los adolescentes cuando crecen, que se descontrolan y no consiguen del todo hacerse a la idea de su nuevo envoltorio. Todo le creció a pies pequeños, menos los pies que le sustentaban, y de ahí su mote. Esta mañana se ha arreglado rápido para ir al trabajo, pero se ha trastabillado con sus pequeños pies, incapaces de guiar adecuadamente su mole, cuando bajaba por las escaleras y se ha metido una buena toña en toda la nariz. Como ha podido se ha recompuesto, se ha puesto un vendaje en la tocha, ha agarrado el 1Q84 de Murakami, que se está leyendo, y se ha apresurado para no llegar más tarde de lo habitual al curro. Pies pequeños no se cansa de explicar que su problema arranca de la adolescencia, de la edad del dolor, cuando el crecimiento no le afectó por igual. Si sus pies hubieran crecido a la misma velocidad e intensidad que el resto de su ser, posiblemente se sentiría más con los pies en la tierra. Pero como no es así, pies pequeños está todo el día con su mente en las nubes. 

 
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Publicado por en 7 mayo 2018 en Historias reales

 

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El olvido más atroz

Patxi López

Patxi López

Que les aguarde el olvido más atroz. Que no permitamos que ganen la batalla del relato, ahora que se estila tanto esta palabra. Solo se merecen ser pasto de la desmemoria. Pero desmemoria hasta un punto, para que esta trágica historia no se vuelva a repetir jamás en nuestro país. La democracia les ha derrotado. El día del fin definitivo de la banda terrorista que amargó la vida de tantos y tantos españoles no puede recibir otra cosa. Entiendo la cierta indiferencia de la gente más joven ante esta noticia, pero es un día de alegría por el fin de una historia infame, que a los que ya no somos tan jóvenes solo nos trajo rabia y dolor. Recuerdo aquellos amaneceres en Madrid, la ciudad más castigada por la banda, con noticias alarmantes y sonidos de sirenas. Recuerdo la vez que asesinaron a un mando del Ejército en un barrio colindante al mío, un barrio de obreros y trabajadores. La manifestación posterior; la mirada de reojo al boquete que dejó la explosión que segó aquella vida; el miedo, el no entender tanta sinrazón. Cuánta barbarie para nada. Cuánto silencio y justificación tuvieron estos criminales en Euskadi, tan bien plasmados en la novela Patria, de Fernando Aramburu. Ahora estos bárbaros se pretenderán reivindicar como un movimiento libertador, cuando eran fascismo puro y duro. Mi querido Patxi López, socialista de una pieza, no lo ha podido decir mejor: “No vamos a permitir que ellos nos escriban la historia. Porque en su historia seguramente el asesino dejará de ser asesino y la víctima, víctima. Y eso no lo vamos a permitir”. De la resistencia y los resistentes a este horror habla un libro editado recientemente, Los resistentes. Relato socialista sobre la violencia de ETA, de Sara Hidalgo. Por todo ello, todo el recuerdo para las víctimas y los resistentes, y todo el olvido para las alimañas y su vesania criminal.

 
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Publicado por en 4 mayo 2018 en Actualidad

 

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El molde

Molde

Molde

Le escuché ayer a una persona reflexionar sobre que uno tiene la edad que siempre ha tenido. Me gustó esa idea. El tiempo cambia y nos cambia, pero con frecuencia seguimos igual. Hay gente idiota con quince años que cuando llega a los 45 sigue siendo igual de idiota, incluso triplemente idiota. Y hay personas maravillosas con doce años que con 36 son triplemente maravillosas. Topé una vez con una persona muy, pero muy idiota. Y, por estas casualidades de la vida, una persona que la conoció hace mucho tiempo me corroboró que era ya imbécil perdida desde su más tierna juventud. Así que con esta realidad posiblemente tenemos que jugar para saber que, aunque los cambios son posibles, prevalece en nosotros la forma que teníamos desde chiquitos. Y que se puede intentar uno modelar y remodelar, pero sobre un molde de fábrica que, por lo que se ve, admite pocas alteraciones.

 

 
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Publicado por en 26 abril 2018 en Actualidad

 

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