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Archivo del Autor: Antonio Barba

Acerca de Antonio Barba

Me llamo Antonio Barba Gómez. Vivo en Madrid (España). Nací en 1969.

Quitanieves

Quitanieves

Quitanieves

En estos días en los que se hace sentir el invierno con toda su fuerza y crudeza me gusta quedarme en casa viendo consumirse el fuego de la hoguera, que nunca se apaga porque leña tengo de sobra. Aquí arriba, en la montaña, tan lejos de la urbe. No quiero poner la calefacción eléctrica, que consume una barbaridad y luego llegan unos recibos de aúpa, de los que te tienes que pellizcar para poder creértelos y que dejan la cuenta tiritando en plena cuesta de enero. Me embuto en varias capas de ropa, me sumerjo bajo las mantas (las dos que tengo) en el sofá y me engancho a las series de una plataforma en streaming cuyo nombre no pongo para no hacerle publicidad gratis. Mucho rollo lo de vivir en el campo y qué bucólico y pastoril todo, pero sin Netflix ya no puedo vivir (¡anda, lo he escrito al final!). La tele actúa como quitanieves en estas largas horas muertas cubiertas primero de rocío, de nieve después y de hielo cuando caiga la noche. No hay mucho más que hacer, ni tampoco es que yo quiera hacer mucho más.

 
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Publicado por en 11 enero 2018 en Actualidad

 

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Vestigios de un mundo que desaparece

Un quiosco cerrado

Un quiosco cerrado

La desaparición de dos cabeceras históricas españolas, Interviú y Tiempo, anunciada por su empresa editora, el Grupo Zeta, es un grito más en la prolongada agonía que amenaza a la prensa escrita. El placer de leer los medios en papel, el ritual de comprar cada mañana el periódico y pegar un ratillo la hebra con la quiosquera mientras uno echa un vistazo al escaparate de revistas y periódicos forma parte de la liturgia del día a día. No son los únicos soportes que desaparecen. En mi barrio, en los últimos años, han ido cerrando varios quioscos, quedamente y en silencio. Y por mucho que el mundo digital no vaya a dejar de existir, para mí no es lo mismo hojear y ojear un periódico y recortarlo, que verlo sustituido en una fría pantalla, que por muy táctil que sea no desprende el mismo calor que el papel prensa. Será que me voy haciendo mayor. Los semanarios ya no existen: la desaparición de estas dos cabeceras se une a la de otras que ya dejaron de editarse tiempo atrás. Siento que son los vestigios de un mundo que desaparece y que, cuando concluya, echaré profundamente de menos.

 
 

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Lope lañador

Lañas en la cerámica de Lope

Lañas en la cerámica de Lope

Los Reyes Magos me han traído una palabra que desconocía: lañero, o lañador. No leñero, ni leñador. Define un oficio consistente en reparar cerámicas rotas mediante pequeñas grapas de metal (lañas). Me llegó el regalo visitando la Casa de Lope de Vega en Madrid, en donde se conserva una vasija rota con varios cientos de años, recompuesta mediante las artes de este oficio desaparecido. Lope de Vega, que habitó esa casa, debió de tener mucho de lañero, o lañador, puesto que unió mediante la grapa de sus palabras centenares de historias a lo largo de sus setenta y pocos años, por los que desfilaron decenas de vidas en una vida tan azorosa como la suya, en las que tantas tempestades del alma, como dejó escrito, debió de atravesar sin laña alguna. Y ahora se entiende, y da mucha lástima, que en estos tiempos en los que hace falta tanto consenso en nuestra vida pública no haya personas que desempeñen este oficio del pasado y usen ese afán de poner lañas, de unir, de coser y cohesionar. Tal vez los Reyes Magos de Oriente puedan utilizar su magia para repartir lañas. A ver cómo se portan, y cómo nos portamos los demás.

 
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Publicado por en 5 enero 2018 en Actualidad

 

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