Ciencia aflicción

Derecha
Derecha

La agenda se carga de política: no en vano hay elecciones dentro de nada para elegir a los responsables de gestionar el espacio público más cercano a las personas. Hoy toca hablar del estilo de hacer oposición de la gente que dirige a la derecha de este país. Su estilo bronco, soberbio, altanero, que desprecia al contrario, convenientemente amplificado por cavernarias terminales mediáticas… Una derecha que durante todos estos años de gobierno del PSOE ha construido su oposición sobre falsedades: desde el 11-M a la lucha antiterrorista (hoy volverán a jalear este asunto en las calles de Madrid, a pesar de que, como recuerda hoy algún periódico, «nunca ETA tuvo tan pocos comandos y sufrió tantas detenciones de su cúpula como en esta era socialista»), por citar dos ejemplos. Su amenaza de un «se rompe España» que nunca se ha producido. Su oposición a los avances sociales que se han conquistado. El emporcamiento del espacio público con sus numerosos casos de corrupción, que plagan sus listas electorales para el 22-M. Su negativa a apoyar al Ejecutivo en el combate contra la crisis, con el pretexto de «cuanto peor, mejor». Su falta de un talante constructivo, tan necesario en democracia: ¿qué proponen?, ¿qué ofrecen? El gustirrinín que les dan los malos datos económicos, que apenas disimulan con tal de que les lleven al poder. Sus maneras, que causan asombro en otros países europeos. Su alianza con los sectores más retrógrados de este país. Su agenda oculta, que desvelan cuando se despistan (lo penúltimo, el copago sanitario y educativo; lo último, la segregación educativa), y que comenzarán a aplicar en cuanto lleguen al poder central, como hizo Cameron en el Reino Unido. Sus argumentos casi que de ciencia ficción, aunque por el daño a la convivencia que producen, habría que hablar de ciencia aflicción.

Tiempos verbales

Palabras
Palabras

Palabras, palabras, palabras. Vamos paseando por la vida de conjugación de conjugación, acompasando los tiempos verbales a los tiempos cotidianos. Hoy en día hay muchas gentes que no ven claro el futuro, y parecen conjugar de manera constante un presente continuo: está ocurriendo con esta maldita crisis global interminable que ensombrece la línea del horizonte como si una fiera losa de hormigón no dejara salir el sol para amplios colectivos sociales. Otras gentes se refugian en un pretérito perfecto, pluscuamperfecto incluso, porque tampoco hallan la forma de pasar las hojas del calendario sin que el mundo se les caiga encima de golpe y les vuelva a partir las costillas. Nuestro reto como sociedad es lograr que ese futuro se pueda volver a conjugar, superando a partes iguales la rabia y la melancolía. Y construir entre tod@s un relato de porvenir que no deje excluido a nadie. Seguro que juntando el presente a las ansias de futuro, sin olvidar las lecciones del pasado, lo vamos a conseguir, mal que les pese a los agoreros.

Mundos plásticos

Plastilina
Plastilina

En el colegio público de esta Comunidad de Madrid gobernada por la derecha-derecha al que va mi hija hay niñ@s que dan religión y otros que no. A muchos nos sigue pareciendo extraño que un colegio público sostenido con fondos aportados por creyentes y no creyentes tenga seguir albergando clases de religión (religión católica, claro; esto en un colegio en el que hay críos procedentes de familias de credos diversos), pero ese es otro debate. El caso es que, cuando toca clase de religión, los que no están apuntados a esa sesión de adoctrinamiento (mi hija entre ellos), tienen que salir de su aula habitual e irse a un despacho. Mientras dura la clase de religión, mi hija y sus amigos leen cuentos, mientras quizá en su clase están leyendo otros cuentos sobre la creación del hombre. El otro día, mi hija me confesó que, durante ese tiempo, había estado modelando algunos seres en plastilina, una peonza y una trompeta en concreto, mientras tal vez en su clase les estuvieran contando que Dios modeló a Adán con barro para insuflarle vida después. Todo son ficciones.