Revival florido

Portada de "Layla..."
"Layla and other..."

La reedición de viejos discos clásicos es un negocio para las discográficas. Se coge una grabación original de indudable calidad y éxito, se le quita el polvo acumulado con unos pases digitales, se mete en un envoltorio más atractivo y se coloca en el estante: a vender. Acaba de ocurrir con un disco clásico del guitarrista británico Eric Clapton, lanzado en 1970, que refleja su etapa americana tras las rupturas consecutivas de anteriores bandas (Cream y Blind Faith) y que está preñado de un puñado de catorce canciones con el trasfondo del dolor producido por el desamor, escritas en un momento de creatividad insuperable. El disco, Layla and other assorted love songs, lo firmó una banda creada casi ad hoc, Derek and The Dominos, y es una obra verdaderamente redonda de blues rock, de esas tan difíciles de encontrar en estos tiempos, a la que ni le sobra, ni le falta ninguna canción. Tiene cuarenta años, pero suena como si fuera de anteayer: es lo bueno de lo clásico, que no se marchita. Es bonito comenzar la primavera volviendo a escuchar un disco tan lleno de flores.

Al sur del Manzanares

Kubik Fabrik
Kubik Fabrik

En los barrios obreros madrileños de la ribera sur del Manzanares, al otro lado de la multimillonaria y faraónica remodelación de la M-30 propulsada por Gallardón, el alcalde cuya única ambición es ser presidente del Gobierno sea como sea y al precio que sea, están surgiendo interesantes iniciativas ciudadanas, en muchas ocasiones sin apenas ayudas oficiales. Por encima del decorado oficial del río nacen tramoyas ciudadanas con espíritu colectivo y libertario, para animar el ocio y la cultura en la sociedad red, en la que el germen creador ya no se circunscribe al centro de las ciudades y surge en cualquier periferia. He conocido dos, bien interesantes y recientes. Una está en Carabanchel y se llama Caldero de Cobre: una sala de música, teatro y talleres. La segunda está en el vecino barrio de Usera y lleva el nombre de Kubik Fabrik, una fábrica de creación. Algo se está moviendo con el empeño de muchas gentes que arriesgan dineros y sueños.

Piknik

Cosimo
Cosimo

«Sí, piknik; no sé si se escribe así o si es picnic; no tuve facilidades para los idiomas y aquí arriba en el árbol no tengo guguel ni diccionario electrónico para consultarlo. Digo piknik porque empezó todo así. Cuando llegó la primavera, alguien propuso en la oficina: hey, caraculos, ¿que tal si hoy pasamos de ir a papear el menú del bareto de enfrente?; ha llegado la caló, ¿nos compramos unos bocatas en el mesón de la esquina y nos montamos un piknik en el parque de abajo, antes de volver al tajo por la tarde? Lo hicimos así, pero, cuando mis compañer@s decidieron volver al trabajo, yo me quedé tirado en la hierba, dejando que el sol, que en abril ya pica, me tostara la cara y las ideas. Vi el arbol tan frondoso y me subí, como el muchacho aquel, Cosimo, de la novela de Italo Calvino que leí de adolescente. Y aquí sigo: llevo un par de semanas y he escrito esto en una serie de pañuelos de papel anudados. Sólo he bajado una vez en estas dos semanas para dejarles unos mensajes garabateados en unos papelujos a mis compas; se los dejé en los parabrisas de los coches (los aparcan en un parking al aire libre que puedo ver desde aquí). No sé si volveré a bajar.»