Que les dejen correr

Pizarra por el paro educativo de hoy
Pizarra por el paro educativo de hoy

En el cole público de mi hija les ponen música por los altavoces del patio cuando abren las puertas cada mañana a las nueve, a modo de bienvenida. Los madres y padres nos despedimos en el quicio del portón que da al patio de los mayores (así le llaman), y por allí entran ellos, tan diminutos todavía, y más pequeños aún en comparación con los mochilones que tienen que arrastrar. Por allí entran agolpados, arracimados, mi hija de ocho añitos y sus pequeños colegas, mi Estrella portando su cartera el almuerzo que le preparo cada mañana con toda la ternura del mundo. Los miércoles toca fruta, así que ayer entre Estrella y yo preparamos una brocheta con fresas que cogimos de nuestra azotea, alternadas con rodajas de plátano y bañadas con siropes de chocolate y de caramelo. Ayer por la mañana, como otras muchas mañanas, les pusieron una canción energética y energizante que me encanta y que queda muy bien como banda sonora para empezar cada jornada las películas de sus pequeñas vidas: Born to Run, de Bruce Springsteen. Esto ocurrió el miércoles. Hoy es jueves, día de paro educativo, y la niña no va a ir al cole. Hoy en el patio del cole de mi hija no creo que suene Born to Run, Nacidos para correr, sino un silencio triste, sin el eco de los ruidos infantiles de fondo. La canción de hoy es una pieza muda: el eco soterrado de una nueva protesta contra los reiterados recortes educativos que se están cebando con una enseñanza pública que debería dejar correr los sueños, las ilusiones y el ansia de saber de los escolares, sin que los cercenen los planes del ministro Wert y de este Gobierno pavorosamente conservador.

Los sinvergüenzas

Plantación algodonera en Alabama
Plantación algodonera en Alabama, donde regresamos

«Una amiga, excompañera de curro, consiguió hace nada un trabajo, doctora. Para ella han sido largos, larguísimos meses, los que ha pasado en el dique seco, sin nada que llevarse a la boca, a punto de tener que volver a vivir con sus padres a la edad que tiene, que es casi la edad que tengo yo, esa edad en la que, sin trabajo, sientes que el abismo se abre ante tus pies y que te ves abocado a una nada casi que absoluta. Como tanta gente que está penando en estos años de crisis despiadada. El otro día me telefoneó con la buena noticia de que acababa de conseguir un curro, y mi primera reacción, tras felicitarla como se merece, fue preguntarle: ¿y te hacen contrato? Le hice la pregunta de manera automática, y me sentí tan mal ipso facto, que ipso facto también me disculpé por temor a haberla violentado. Ella le quitó importancia a la pregunta y me dijo que sí, que tenía contrato y todo. Pasados los días pensé en lo mal que me sentí por hacerle esa pregunta, que para mí era casi tanto como haberle preguntado: ¿Y te pagan?, ¿y no te azotan?, ¿y tienes derecho a descanso entre semana? Pero es tal el retroceso en derechos laborales y las precarias condiciones que están ofreciendo a trabajadores valiosos que, eso, la pregunta estúpida, impensable hace unos años, me brotó de manera automática. Ahora pienso, doctora, que no me debí sentir mal. Que quienes deberían sentirse mal son la cantidad de sinvergüenzas sin escrúpulos que están contratando gente por cuatro duros, sin derechos, en precariedad absoluta, y que, sin embargo, nunca jamás pedirán perdón por las condiciones lamentables de los puestos de trabajo que ofrecen aprovechando la desesperación de la gente, cuando ofrecen algo.»

El aguador

Protesta de Femen contra Alberto Ruiz-Gallardón
Protesta de Femen contra Ruiz-Gallardón

El antaño Aguador Municipal, así escrito con mayúscula para darse más pisto en las comidas con los cuñados, fue muchos años dando gato por liebre. Llenaba sus botellas de agua del grifo y la vendía como si estuviera embotellada en los manantiales más salutíferos del universo mundo, a precio de oro. Muchos le compraron la mercancía, año tras año, especialmente cuando más apretaba la calor y el contorno entre izquierda y derecha se difuminaba. Algunos intentaban advertir: “¿Pero no os dais cuenta de que os está tomando el pelo, que Alberto RG os está vendiendo un borrico viejo?”. Pero los incautos no hacían caso y siguieron comprando el agua, verano tras verano, y elección tras elección, llenándole los bolsillos y las ambiciones al aguador, aunque, como luego se verá, las ambiciones de aquel hombre en realidad rara vez podrán estar colmadas. El aguador dejó luego su puesto de designación municipal y pasó a otros menesteres. Lo de dar  agua ya no le iba: ahora quería cerrar el grifo de los derechos, como el del aborto. Y muchos de los incautos que le fueron votando se preguntan ahora: “Pero a este hombre, ¿qué le ha pasado? ¿No era tan progresista?”. Y él, con su habitual impasibilidad de esfinge se ríe en sus adentros mientras sueña con alcanzar la primera magistratura del país y darle con el cántaro en la cabeza a quienes incautamente le fueron aupando, los pobres que sorbito a sorbito fueron ensoberbeciendo a aquel ministro.

¡No a la reforma de la ley reguladora del derecho al aborto!