Los señores y las señoras de este vídeo que he insertado aquí abajo, tan ilustrativo, ¿qué aplauden? ¿Acaso están festejando que su equipo de fútbol ha subido de categoría, que su hija ha sacado todo sobresalientes, que por fin encontraron el truco para hacer pan perfecto, que se ha acabado el hambre en el mundo, que el ser humano ha logrado llegar a Venus, que se acabó la crisis? No. No son esos motivos festivos los que les hacen solazarse. Hace once años ya aplaudieron que nos metieron de hoz y coz en una guerra, la de Irak, sin motivos y sin explicaciones. Anoche aplaudieron que acababan de rechazar una iniciativa socialista en contra de la contrarreforma de la ley del aborto. Sin saberlo, con sus alharacas y sus chistecitos, con sus jaleos y sus aplausitos, han quedado retratados para la posteridad como lo que son: reaccionarios en la defensa de las libertades de las mujeres. Son pura caverna, purita reacción.
Categoría: Actualidad
Comentarios sobre la realidad circundante, sin pretensiones
Anverso y reverso

«Doctora, llevaba mucho tiempo sin venir por su consulta. Acudo ahore con el siguiente comecome, para que usted me consuele si es que esto tiene arreglo, que no lo sé. Antes de la crisis creíamos llevar una vida en el anverso de la existencia, con las palmas vueltas parriba, pero con la recesión y la penuria se está volviendo todo al revés, o al reverso. En el reverso de la mayor parte de las cosas que consumimos hay, cada vez, más objetos tatuados con ese Made in China, fabricados generalmente a precios tirados y en condiciones laborales de tragedia para nuestros estándares occidentales en países que no son precisamente el paraíso de la clase obrera. Quienes nos gobiernan parece que quieren que compitamos en ese reverso, con esas condiciones, y para ello no paran de recortar y recortar, doctora, de llevarnos por el reverso. ¿La tablet, la plancha, la bici, la pintura, las tijeras, la colonia? Todo made in China. Pocas cosas se salvan: de momento, el jamón, el vino y el queso, pero todo llegará. Y lo trágico es que ese made in China está llegando también, doctora, a nuestros derechos, que poco a poco se van a ir manufacturando también, como nos descuidemos, en ese oriente tan extremo y tan reverso.»
Quién fuera piel roja

Cuando acabó la función, que fue tan divertida y graciosa, vi a una espectadora aún riendo a mandíbula batiente, casi teniendo que sujetarse todavía las mandíbulas con las manos para que no se le siguieran descacharrando, diciendo algo así como, «ay, mi Shakespeare, con lo que a mí me gusta, lo que hacen con él». Y es que los cuatro actores de la compañía Kubik Fabrik que estos días desmontan y condensan con ingenio e inteligencia los mejores momentos de tres obras del dramaturgo inglés en la sala homónima (Otelo, Romeo y Julieta y Hamlet) demuestran que la mejor manera de querer a los clásicos es resetearlos, remasterizarlos y actualizarlos para convertirlos en este popurrí tan entretenido que es Desmontando a Shakespeare (hasta el domingo 2, a las 19:30, en la Kubik). No se lo pierdan, porque conservarán en su retina y en las comisuras de sus labios una hora y algo (parece poco, pero es muchísimo) de espectáculo teatral en estado puro, de esos en los que uno echa de menos no ser actor, no ser piel roja, tener esa capacidad para reírse de todo y de todos, hasta de los clásicos sacrosantos, y de hacer reír a los demás con todo ello. «¿Ser o no ser?»; mejor actuar, que es no ser y ser muchas cosas a la vez, como se constata viendo a Fernando Sánchez-Cabezudo, Alberto Quirós, José Troncoso y Miguel Uribe, dirigidos por Hernán Gené, y teledirigidos traviesa y locamente, sin duda, por el mismo Shakespeare.
