No nos merecemos esto

Res Publica
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«Si usted, doctora, o yo, que tan poco soy, sintiéramos sobre nuestros hombros unas acusaciones con unos indicios tan demoledores como los que pesan contra el presidente del Gobierno, seguro que usted y yo anunciaríamos nuestra dimisión y echaríamos a correr hasta Perpiñán. Eso lo haría cualquier mortal, salvo que tenga una jeta de hormigón armado o esté tan absolutamente emponzoñado de mentira que sea incapaz de discernir nada. Pero el bueno de Rajoy, todo entrega a España, se aferra a su silla y no dice ni esta boca es mía. Se niega a hablar sobre un subordinado que no era un cualquiera, sino el jefe de los servicios de tesorería A y B del PP y quién sabe qué más, con el empecinamiento que tienen algunos niños pequeños en admitir la verdad cuando saben que han obrado mal. Se le puede llamar de muchas formas, y tal vez la de cobardía no sea la menor, pero este, doctora, no es el presidente que se merece este país en un momento en el que lo estamos pasando tan mal. Señor Rajoy, dimita ya, y dedíquese a escribir algún tratado sobre la indignidad en la cosa pública y el daño que está originando a todos los que creemos que la política está al servicio de los demás. Señores de los sobresueldos: quienes se enriquecen y buscan enriquecerse mediante la cosa pública merecen todo el desprecio y el oprobio sociales; porque el único enriquecimiento que es lícito procurar en el desempeño de la función pública es el enriquecimiento de todos: en valores, en derechos, en libertades.»

¿Contra el apagón?: vida a raudales

Un control de realización de la tele griega
Un control de realización de la tele griega

La troika que esta semana ha apagado o ha ordenado apagar la televisión pública de Grecia se ha cargado de golpe y porrazo un canal público con medio siglo de historia de existencia, dándole al botón off de manera definitiva. Yo me imagino a esos seres troikianos, que solo puede concebir uno de manera siniestra y cruel, apagando hoy la tele, mañana una universidad y pasado un hospital. Todo sale caro y se apaga; el que quiera algo, que se lo pague; además, así de paso evitamos que haya periodistas que cuenten lo que está pasando (lo cual no es baladí). Y así se apagan igualmente vidas y seres. Ha ocurrido en Grecia, pero está ocurriendo también aquí, en esta España golpeada por la recesión austericida que los del norte de Europa están imponiendo al sur, creando una fractura que puede pasar una factura mucho más cara para el futuro de la Unión a no tardar demasiado. Hay que acabar con este austericidio que fulmina existencias y exigir otras políticas, que nos dejen margen para respirar, porque estas recetas únicamente nos siguen sumiendo más y más en el hoyo. Y entre exigencia y exigencia, debemos vivir o intentarlo. Contra tanta grisura, una buena receta para evitar que se vaya la luz es, cómo no, un buen espectáculo teatral, como el que este fin de semana brinda en la sala Kubik Fabrik la compañía Teatro des Clos con su pieza Globe Story, una mágica pieza de cine mudo, de teatro mudo sobre las tablas, que irradia vida a raudales contra el apagón. En Globe Story, un actor y una actriz viven una apasionada historia sin palabras y te trasladan a los tiempos de Buster Keaton, de tantos pioneros del séptimo arte, de un plumazo, sin que se tenga que mover uno del asiento, el mismo asiento desde el que se hartarán de aplaudir cuando caiga el telón. No se la pierdan, que está en cartel hasta este domingo.

La mujer sin apellidos

Mapa de El Salvador
Mapa de El Salvador

De Beatriz, la joven salvadoreña cuya vida pende de un hilo como consecuencia de la gestación de un feto sin ningún tipo de viabilidad, no se conocen los apellidos. Solo se sabe que es un caso terrible y que las autoridades judiciales de su país le han dado la espalda: no le permiten abortar, aun sabiendo que porta en su interior un ser que no sobrevivirá cuando lo dé a luz, y que el mismo parto puede complicar su vida. Ha sido el escándalo internacional desencadenado por la vulneración de los derechos más básicos de esta mujer sin apellidos -desde ONGs y organizaciones internacionales de todo el mundo al PSOE se han preocupado por su vida- el que está forzando al Gobierno salvadoreño a buscar una solución, al margen de la decisión de los jueces del país centroamericano. De Beatriz no se conocen los apellidos. En este momento puede llamarse Beatriz Humillada, Beatriz Asustada, Beatriz Desolada. Es clave seguir ejerciendo presión para que el Gobierno de un país llamado El Salvador siga los parámetros de su nombre y actúe, y que Beatriz pase a tener un único apellido, para siempre, y que sea un símbolo de lo que jamás puede ocurrir cuando están en juego los derechos de las mujeres: Beatriz Salvada.