El fin del mundo (tal y como lo conocíamos)

No parece que hoy, 21 de diciembre, se vaya a acabar el mundo, porque parece ser que la lectura que se ha hecho de un panel jeroglífico maya de México es errónea. Así que tendremos que seguir aguantándonos los unos a los otros. Lo que sí parece este 21 de diciembre, cuando se cumple un año de Mariano Rajoy como presidente, es que se está acabando el mundo tal y como lo conocíamos. Nuestro mundo: fin de la sanidad y la educación públicas, servicios públicos depauperados, derechos y libertades por los suelos, recortes sin doquier… Todo está mucho peor que hace doce meses atrás, con un PP que ha visto desaparecer esa aureola de que con ellos todo iba a arreglarse como por ensalmo y la crisis iba a decir adiós por arte de birlibirloque. El mito de que con Mariano y sus cuates iba a solucionarse todo porque casi que tenían poderes mágicos y estaban tocados por la gracia de algún dios rodó por el suelo. Aquí seguimos, y seguiremos empeorando merced a sus políticas neocon. Feliz fin del mundo.

Interesante vídeo: #elañodelcambiazo. Para echarse a temblar.

Cultura pistolera

La horrenda tragedia de Connecticut, con un chalado que entró en un colegio de Newtown y se llevó por delante la vida de más de veinte personas, muchas de ellas niños y niñas de corta edad, vuelve a disparar el debate sobre el fácil acceso a las armas en Estados Unidos. Ojalá el presidente Obama haga algo por contener semejante barbaridad, la consecuencia extrema del culto a la pistola que está en el origen de esta nación, denunciado por Michael Moore en el documental (de hace ya unos años) Bowling for Columbine. Pero parece complicado en un lugar en el que puede comprar uno un fusil de asalto casi que en cualquier parte, y en el que en muchas casas hay verdaderos arsenales. Mi hermano pequeño, que vive allí, me manda un periódico reciente, cuya foto adjunto, con anuncios de anuncios de fusiles automáticos (desde 300 euros, una bagatela), al igual que los periódicos de este lado del charco traen perfumes a estas alturas del año: algo de lo más normal del mundo. A nosotros nos choca, pero mucha gente de allí lo ve como si tal cosa, con poderosos grupos de presión a favor de seguir defendiendo esta cultura pistolera. Obama parece estar dando algunos pasos para ir conteniendo esta locura; ojalá llegue a buen puerto y la tragedia de Newtown alumbre, al menos, un tiempo nuevo.

Las tiras cómicas en un periódico de USA, y al lado los anuncios de armas. Normal, ¿no?
Las tiras cómicas en un periódico de USA, y al lado los anuncios de armas. Normal, ¿no?

El TC le para los pies al Gobierno

Stop
Stop

Es tanta la espuma (sucia en general) que cubre los días y la sinvergonzonería de malas noticias acumuladas jornada tras jornada, que uno corre el riesgo de pasar por alto las cosas buenas que también siguen ocurriendo. Yo quiero destacar hoy una: el Tribunal Constitucional ha dicho no a una de las mayores tropelías del Gobierno conservador, la retirada de la asistencia sanitaria gratuita a los inmigrantes irregulares, una medida xenófoba, injusta y, sobre todo, peligrosa, por cuanto crea guetos sanitarios. Acaba de trascender la noticia de «que el Tribunal Constitucional ha avalado la decisión del País Vasco de garantizar la atención sanitaria pública y gratuita a estas personas y por tanto la asistencia universal, al entender que la desprotección de este colectivo repercute en su salud individual y tiene además implicaciones en la del conjunto de la sociedad. Según el Alto Tribunal, las autoridades «deben prevenir la propagación de determinadas enfermedades infecto-contagiosas» y «evitar riesgos de tipo sanitario». Por lo tanto, permite al Gobierno vasco seguir expediendo tarjetas sanitarias a los ‘sin papeles’ de acuerdo a unos «criterios mínimos» de empadronamiento y arraigo», según figura en el resumen de prensa de La Moncloa. Un buen varapalo para el Gobierno, en donde deberían recordar que los derechos básicos de las personas deben anteponerse a todo y que para su política de recortes enloquecidos también hay límites intocables.