Agujeros zampadores

Cecilia
Cecilia

«»A cada paso que piso», doctora, «un paso menos que dar», cantaba Cecilia. Lo malo, doctora, es pasos, ¿hacia dónde? Porque, oiga, estos días veo a mis congéneres dar un paso, y de repente se abre ante él, o ante ella, en plena calle, un abismo negro y sin fondo y, ¡pumba!, se lo zampa. Y mira que el congénere aquel o aquella iba prevenido y preparado para la catástrofe, pero pal fondo que se ha ido sin decir amén. «¡Otro que ha caído!», pienso mientras me arrebujo en mi existencia, no vaya a ser que también se la zampe ese negro agujero. Porque, oiga doctora, usted que es tan lista, con esos doctorados y esos másteres que orlan su trayectoria, ¿dónde van a parar todas las ilusiones y todos los sueños, todas las vidas que se está comiendo esta puta crisis sin eructar siquiera? ¿Alguien lo sabe? Antes íbamos al cielo o al infierno, pero ahora parece que acabamos vagando todos en un limbo incierto, como los satélites sin uso que forman cadenas de basura interestelar alrededor de nuestro planeta, sin volver a emitir jamás señales.»

Salvemos Telemadrid

Lou Grant
Lou Grant

Yo trabajé como becario en los Servicios Informativos de Telemadrid durante dieciocho meses seguidos, encabalgados entre 1991 y el célebre 1992; hace ya veinte años. Parece que fue ayer. Recuerdo las pruebas de acceso para aquella beca, aquella oportunidad, celebradas en la Facultad de Ciencias de Información de la Universidad Complutense, donde yo hice Periodismo. Las pasé. Luego vinieron los nervios de la entrevista posterior con la subdirectora de Informativos de aquella naciente cadena, que en aquel entonces llevaba muy poco en antena (había nacido en 1989). Una vez conseguida la plaza, me acuerdo de la ilusión de pisar por primera vez una Redacción de verdad, con señores y señoras periodistas, que yo, con apenas veinte años, apenas si había visto antes (salvo en la tele, con series como Lou Grant). Se me llena la cabeza de nostalgia pensando en aquella larga beca de año y medio, que me dio oportunidad de entrar en contacto por primera vez con el fascinante mundo (decepcionante también, por supuesto) del periodismo. Hacer prácticas, además, en una cadena de prestigio, innovadora y rompedora, pues tal era el aura que tenía en aquel entonces la jovencísima Telemadrid. Han pasado muchos años: aquella beca acabó, yo acabé trabajando en otros sitios… Pero conservo el recuerdo de esa etapa, con sus luces y sus sombras, y algunas amistades que siguen en la cadena. Estos días vengo hablando con algunos de los redactores veteranos con los que mantengo relación que siguen por allí, horrorizados, cabreados e indignados por verse sometidos a un ERE despiadado por culpa de la situación de la empresa, en la que los trabajadores no han tenido culpa. Porque el descalabro de Telemadrid tiene un nombre, Partido, y un apellido, Popular: Partido Popular, que ha llevado a cabo un desguace sistemático de la otrora flamante Telemadrid, el canal en el que yo hice prácticas, para dejarlo convertido en una piltrafa en venta para el mejor postor, tras haberlo puesto sin ningún pudor al servicio de los intereses del PP. Qué vergüenza y qué lástima. Todo mi apoyo a los profesionales que defienden la integridad y el futuro de este ente, que nunca debió de perder ni su vocación de servicio público, ni el espíritu con el que nació. !Salvemos Telemadrid!

Qué mal cuerpo

Campaña Ni un Pez por la Borda
Ni un Pez por la Borda

Me voy a la cama con mal cuerpo por toda la comida que desperdiciamos, según acaba de denunciar Jordi Évole en su Salvados dominical. Pocas veces se había visto un reportaje sobre este horripilante asunto, que nunca se ha llevado grandes titulares ni ha merecido sesudos reportajes de televisión. Recuerdo haber escuchado hace años un reportaje buenísimo en la BBC Radio acerca del particular, pero pocas veces en la prensa española se ha abordado el tema con la claridad que se ha hecho esta noche. Porque son indecentes y una vergüenza las prácticas de las grandes cadenas de distribución que nos imponen frutas y verduras enceradas y abrillantadas, que no tengan una pequeña incisión en la piel, porque entonces van al vertedero directamente. Pescados que se tiran al mar una vez capturados y muertos, a pesar de ser plenamente comestibles (con una plataforma que denuncia este caso). Productores sometidos a la lógica ilógica del mercado. Clementinas que se dejan pudrir en el suelo de la granja antes de acabar en boca de nadie porque tienen una pequeña tara en la piel, aunque por dentro estén jugosas y riquísimas. Etiquetas que confuden con los conceptos «fecha de caducidad» (a partir de ese momento su ingesta es peligrosa) y «consumir preferentemente antes de» (no pasa nada porque hayan pasado unos días). Con tanta gente que está pasando hambre y que desborda los bancos de alimentos… Nueve millones de toneladas de comida van al vertedero cada año en España. Con los alimentos que tiramos en Europa Occidental y Estados Unidos no se pasaría hambre en el mundo. Qué absurdo es todo. Y, aunque unos tienen más culpa que otros, todos tenemos nuestra parte de responsabilidad en esta tragedia, porque todos somos consumidores… y derrochadores… y desperdiciadores... ¡Feliz Navidad!