Lo privado ya es público

Conversación
Conversación

Conversación mañanera en el bus. Una pasajera habla con alguien por el móvil, mediante esos auriculares que convierten en públicas conversaciones que antes eran privadas (quien así lo quiera, claro). Con las tecnologías se pierden el sentido del pudor y de la intimidad.

“Tú estás muy ida, pero mucho. Te vuelves a embarcar en un matrimonio con alguien a quien acabas de conocer en un chat, que te dice cuatro cosas bonitas y ya te vuelve loca. ¡Pero si no le conoces de nada! Os volvéis tontos con las redes, no sé dónde vamos a llegar. ¿No te das cuenta de que solo quiere tu dinero, que le compres un departamento lindo y luego te quedes en la calle? Ay, qué tonta estás. Y lo peor es que no haces caso de la gente que te queremos y te guiamos para que no metas la pata. Te da igual, solo escuchas lo que quieres oír y de quien quieres oírlo, de ese tipo cuya vida ignoras. Qué distintas somos tú y yo. Yo no pongo la mano en el fuego por nadie, y tú no dudas en arrojarte al brasero a la primera de cambio. ¡Si soy yo, que llevo trece años casada con mi marido, y sigo sin conocerle! Vamos, que no puedo llenarme la boca de él, de mi marido, porque sigue siendo un enigma.”

Qué más da que nunca llegara el Scalextric

Reyes Magos de Playmobil
Reyes Magos de Playmobil

Estos días recuerda uno la emoción de los días de la infancia, cuando se esperaba la llegada de los Reyes Magos y de los ansiados regalos. En aquel entonces, cuando yo era pequeño, era casi la única época del año –junto con el cumpleaños y tal vez el fin de curso- en la que uno solía recibir regalos. Eran otros tiempos, que los niños de hoy en día, aparentemente tan hastiados y sobrados de cosas, no pueden ni imaginarse. Yo y mis hermanos teníamos un tope de tres juguetes, y los Reyes nunca me trajeron ni el Ibertren, ni el Scalextric, que sí dejaban en otras casas más pudientes.

Ay, ¡aún hoy miro la caja de los Scalextric en las tiendas con aquel deseo de lo que nunca llegó! Qué más daba. Eran días de espera y de ilusión, fuese lo que fuese que uno se encontrara al despertar la mañana del día 6. Al final, lo más importante es mantener la ilusión, y no precisamente por las cosas materiales, sino por todas las curvas y las emociones que la vida te puede deparar. La clave es mantener la ilusión, las ganas y la curiosidad de aprender en este Scalextric que es la vida.

Cada vez que habla, hay boda en el infierno

El Infierno, según El Bosco
El Infierno, de El Bosco

“Cada vez que habla, hay boda en el infierno”, le escuché una vez alguien, hace bastante tiempo ya. La frase no ha perdido vigencia, ni valor. Cuántas gentes solo generan azufre a su paso. Uf, son casi una legión del demonio. Gentes que usan su mente para hacer el mal. Gentes a las que divierte hacerle daño a los demás. Si fueran menos, se les podría encerrar en algún lado, para que se entretuvieran fastidiándose la vida entre ellos. Pero con esta cantidad de seres tan aficionados a estas malas artes, no hay espacio suficiente para albergarlos a todos.

¿De quién hablaba la persona a la que escuché semejante frase, como si de un aforismo o refrán cargado de sentido se tratara? No lo recuerdo. Pero seguro que cada uno le puede aplicar esta frasecita a quien menos le guste, que seguro que tienen más de un candidato: en la vida pública, en la vida privada. En la vida.