Algo va mal

¿Futuro?
¿Futuro?

«Algo va mal, agente, y como no tengo clara la responsabilidad ni la identidad del culpable, pues hete aquí que vengo a interponer una denuncia contra todo dios, urbi et orbe. Denuncia contra los que lo envuelven todo en plástico, que estoy harto de bajar todos los días un bolsón de basura lleno de lo susodicho al reciclado que supera con creces los residuos orgánicos: toda una metáfora contemporánea. Denuncia contra los que no hacen nada para evitar que nuestra Europa unida, patrimonio democrático de la humanidad como dijo Lula, haga aguas. Denuncia contra quienes ensucian los mares y producen que los peces que tanto me gustan cada vez estén más llenos de mierda que luego se mete un@ pal cuerpo. Denuncia contra las empresas que no tienen reparos en producir en países que no tienen un mínimo respeto por los derechos humanos y cuyos productos también lo inundan todo. Denuncia contra quienes favorecen en España un sistema dual de educación; al loro con la futura sociedad que se avecina. Denuncia contra lo que hizo que en este país no haya un sentido de lo colectivo para tantas cosas. Denuncia contra quienes llenan de humo el aire de mi ciudad. Denuncia contra quienes con sus decisiones están recortando el futuro. No espero respuestas, agente, tan loco no estoy; me limito a gritar mis denuncias y, escuche, qué a gusto me he quedado.»

Defensa del pepino

Gazpacho
Gazpacho

«Agente, pasaba por esta flamante Comisaría de barrio que inauguró Pérez Rubalcaba y se me ha ocurrido entrar para poner una denuncia que va a dar que hablar. Quiero que detengan a Angela Merkel, creo que se escribe así, que es algo así como la jefa de Alemania. ¿Por qué? Porque nos tiene manía. Primero insinuó que trabajábamos poco y que los europeos del sur teníamos muchas vacaciones. Ahora carga contra nuestros pepinos, que yo a estas alturas del año ingiero en grandes cantidades: todos los días mi gazpachito y mi ensalada de tomate, no sin mi pepino. La lía contra nuestros pepinos y nuestros productos hortofrutícolas y ha desatado la histeria del cierre de fronteras a nuestros productos sin haber probado que la intoxicación de sus paisanos tenga que ver con el pepino. Así que les ruego, agente, que la enchironen para que responda del complot contra nuestro país. Al final, como suele decir una compañera de trabajo, aquí lo que ocurre es que hay una gran conspiración para que España no sea una potencia mundial. Lo próximo será decir que la siesta también mata.»

Legión desesperada

Sin empleo
Sin empleo

«Me cruzo por la calle, doctora, con gentes en mi misma situación. Entre nosotros nos reconocemos a simple vista. Gentes que salimos de casa por la mañana fingiendo que tenemos que cumplir una rutina, a la misma hora, sin el destino que solíamos tener hasta hace pocas semanas en muchos casos. Miradas furtivas entre los estantes del supermercado si ves a algún conocido. Gestos huidizos cuando coincides con un vecino, a una hora laboral, en el parque, leyendo y releyendo las páginas de empleo. Las mentiras que les sueltas a los hijos si te preguntan cómo fue hoy el trabajo, papi. El trabajo que perdí sin saber por qué, el trabajo del que me dieron la patada sin apenas explicaciones, por culpa de una maldita crisis que habla en el inglés global y que yo no entiendo por más que me lo expliquen. Lo único que entiendo, doctora, es que me quedé sin trabajo; que formo parte de una legión desesperada, y que quiero que usted me ayude para ver cómo le puedo explicar esto a mis hijos sin trasladarles mi angustia.»