Adoquines y adoquinazos

Sol
Sol

Las calles y las plazas, comenzando por la Puerta del Sol, se llenaron ayer de utopía y de gente que busca la playa debajo del asfalto de los adoquines. La derecha y su furioso coro mediático sueltan toda clase de fuegos contra el 15-M. Desautorizan al movimiento y lo abrasan ante la opinión pública con esa mala baba que caracteriza a la ultraderecha española agazapada, también, bajo los adoquines. Por supuesto que se puede discrepar con el 15-M, aun reconociendo la sensatez de muchas de sus propuestas, pero eso es una cosa y otra bien distinta son las malas artes que estos días han venido empleando los corifeos ultras que no paran de graznar. No hay que estar en todo de acuerdo con el 15-M, pero sí reconocer que han dotado de vigor a la vida pública como pocas veces antes había ocurrido en España. La grandeza de la democracia está en reconocer que podemos pensar distinto y aportar entre todos granitos de arena, que no feos adoquinazos, para intentar salir de esta crisis horrenda que están pagando quienes no la han causado y para construir una sociedad mejor y más soleada.

Los cascotes

Casco
Casco

Las calles de España están repletas de gentes desnucadas. Durante años hemos estado levantando entre todos, con desigual reparto de responsabilidades, castillos en el aire en forma de hipotecas infladas, sobreprecios por pisos que no valían lo que pagamos por ellos y cuyo valor se ha desplomado de forma brutal. La llamada burbuja inmobiliaria. Ahora algunos parecen haber descubierto la ensoñación en la que hemos vivido, puesta de manifiesto con el escándalo de Bankia, y se llevan las manos a la cabeza. Hemos estado levantando castillos en el aire, castillos que parecían de naipes, pero que resultaron ser de hormigón y mazacote. Y los cascotes resultantes del desastre nos han pegado ahora en toda la cabeza. La diferencia es que algunos estaremos de por vida atados a hipotecas miserables, por no escribir hipotecas de mierda, y que otros (vulgo Rodrigo Rato) salen por la puerta de atrás con indemnizaciones millonarias (tiene tela: 1,2 millones de euros en el caso del ilustre prócer). Así van las cosas en este país, y no hay cascos suficientes para tod@s.

¿Pero lo público no es siempre un estorbo?

Bankia
Bankia

Estos furiosos neoconservadores españoles que gobiernan lo público a su pesar, porque no creen en ello, que desprecian los servicios comunes, tiran ahora de iniciativas nacionalizadoras para que Bankia no caiga. ¿Pero lo público no les estorbaba siempre? Pues parece que no: con la misma mano que arrebañan diez mil millones de euros de la sanidad y la educación públicas, se aprestan a soltar una gallina pública igual de multimillonaria para que la exentidad del excolega Rodrigo Rato no se vaya por el sumidero de la crisis. El mismo celo público podrían emplear para ayudar, por ejemplo, a las centenares de miles de personas sometidas a hipotecas leoninas dadas por las entidades bancarias, con simpatía sin límite, a lo largo de todos estos años de burbuja inmobiliaria. O para que los inmigrantes sin papeles no se queden sin cobertura sanitaria. O para tanta gente que lo está pasando tan mal y que lo va a pasar peor con el apego a la motosierra de este Gobierno.