Máscaras y emoticonos

Máscara veneciana
Máscara veneciana

La vida se está simplificando a ritmo de emoticonos, esos dibujitos que casi todos ponemos en nuestros mensajes informáticos para ilustrar nuestro estado de ánimo, y que nos ahorran escribir un montón de palabras para decir si estamos bien, mal o regular. Al paso que van la burra de la economía semántica, por un lado, y los malos modales, por otro, ¿acabaremos, Faktuna, luciendo emoticonos sobre nuestros rostros, al modo de máscaras venecianas? ¿Tendremos un fondo de armario de máscaras-emoticonos para ponernos antes de salir a la calle, y evitar así dirigir la palabra y advertir de paso de nuestro estado a nuestros semejantes? ¿Se atreverán los más osados a lucir, en lugar de emoticonos, ideogramas chinos sobre sus rostros? Preguntas sin respuesta que el tiempo resolverá. 😉

Abstenerse personas raras

Hojas de otoño
Hojas de otoño

Faktuna vio un anuncio en una revista de segunda mano. Se busca gente que deteste el ruido, que disfrute del rumor de las fuentes, a la que le guste dar patadas a las hojas amarillas que el otoño hace caer de los árboles por el mero gusto de darles patadas. Que se lo pasen bomba haciendo un bizcocho o tumbados en el sofá mientras cae la noche, mirando a las musarañas. Que prefieran irse andando al metro en lugar de cogerse un taxi al salir del trabajo por el mero gusto de que el aire les refresque el rostro. Abstenerse personas raras.

Ceros y unos

Código binario
Código binario

De la era analógica hemos pasado, no sin sobresaltos, a la digital. De forma en apariencia sencilla la realidad ha quedado reducida a las combinaciones de unos y ceros del lenguaje informático binario que conforma nuestro mundo, cuyo cifrado y descifrado está sólo al alcance de unas mentes privilegiadas. De conversaciones telefónicas a transacciones bancarias, todo un flujo de datos, de legiones de traviesos unos y ceros, danza en un éter infinito a nuestro alrededor, sin rozarnos a primera vista. Pasiones, desencuentros, citas, confidencias, quiebras, enfados… en forma de un código invisible que aletea sus alas con dibujos de unos y ceros y para cuya captura tal vez alguien se invente alguna vez unas tupidas redes cazamariposas como las que usan los entomólogos.