Piknik

Cosimo
Cosimo

«Sí, piknik; no sé si se escribe así o si es picnic; no tuve facilidades para los idiomas y aquí arriba en el árbol no tengo guguel ni diccionario electrónico para consultarlo. Digo piknik porque empezó todo así. Cuando llegó la primavera, alguien propuso en la oficina: hey, caraculos, ¿que tal si hoy pasamos de ir a papear el menú del bareto de enfrente?; ha llegado la caló, ¿nos compramos unos bocatas en el mesón de la esquina y nos montamos un piknik en el parque de abajo, antes de volver al tajo por la tarde? Lo hicimos así, pero, cuando mis compañer@s decidieron volver al trabajo, yo me quedé tirado en la hierba, dejando que el sol, que en abril ya pica, me tostara la cara y las ideas. Vi el arbol tan frondoso y me subí, como el muchacho aquel, Cosimo, de la novela de Italo Calvino que leí de adolescente. Y aquí sigo: llevo un par de semanas y he escrito esto en una serie de pañuelos de papel anudados. Sólo he bajado una vez en estas dos semanas para dejarles unos mensajes garabateados en unos papelujos a mis compas; se los dejé en los parabrisas de los coches (los aparcan en un parking al aire libre que puedo ver desde aquí). No sé si volveré a bajar.»

Revuelta doméstica

Nevera
Nevera

Tuve noticias de que se me iba a montar una revolución en el patio de atrás y, como no lo tengo en esta microvivienda, las tensiones se han trasladado a la cocina. La tostadora no para de escupir panes requemados contra el lavavajillas, que a su vez produce grandes cantidades de espuma asfixiante sin depurar que están a punto de cortocircuitar la nevera; ésta, mientras, ha creado en su inmensa perversidad unos hielos afilados que están rayando la vitrocerámica, que está alcanzando unas temperaturas infernales para fundirlo todo, siguiendo el viejo adagio de «de perdidos al río» (o «from lost to the river» parece ser que ha dicho a sus ex colegas de cocina, chapurreando algo de inglés teniendo en cuenta que todos son made in korea). Por lo que me dicen mis informadores apostados entre los tarritos de especias de los estantes superiores -porque yo tengo miedo de mirar dentro del cuarto, no vaya a ser que me salpique la sangre de la escabechina- lleva las de ganar la lavadora, que conoce al detalle los trapos sucios de tod@s. Y ya se sabe que la información es poder.

El mono maniático (II)

Orangután
Orangután

«Echo tanto de menos al mono maniático acerca de cual escribía ayer…  Hoy me he vuelto a acordar de él después de leer esta información de la revista Nature que publican hoy varios medios: «Cuando los antiguos habitantes de la costa asiática decidieron bautizar a los simios de la localidad como orangután, que significa hombre del bosque, no sospechaban que años más tarde la ciencia les daría la razón. Un consorcio internacional de 34 universidades, liderado por la Universidad de Medicina de Washington en St. Louis, logró secuenciar el genoma completo de un orangután de Sumatra, el pariente vivo más antiguo del ser humano, logrando resultados inesperados: pese a haberse separado de la rama evolutiva que dio origen al homo sapiens hace unos 15 millones de años, hoy comparte un 97% de los genes del ser humano y está sólo un 2% alejado de gorilas y chimpancés, los simios más parecidos a nuestra especie. El hallazgo, que aparece hoy en la portada de la revista Nature, ha llamado la atención de la comunidad científica, al comprobarse el gran parecido genético entre las especies, a pesar de haberse separado en Pongos (orangutanes) y Homínidos (gorilas, chimpancés y hombres). Aunque Devin Locke, genetista evolutivo del centro de Genética de la Universidad de Washington, explicó a La Tercera que su trabajo consiste en centrarse en el 3% de diferencia, ya que eso es lo que les permitirá conocer más detalles sobre el proceso evolutivo de las especies en su camino para formar al ser humano.» Está claro que tengo a mi mono maniático más cerca de lo que pensaba.»