Mapa del tesoro

Una pirata
Una pirata

Me vino mi hija Estrella (+4), inspiradora de este cuaderno de notas de Faktuna, con un gran secreto: «Papi, este es tu mapa del tesoro». Mi mapa, porque confeccionó otras dos copias, una para su madre y otra para ella. Y en efecto, me hizo entrega de un pergamino (un folio enrollado) con un mapa dibujado con boli azul de arriba a abajo y los siguientes elementos en su composición: unas nubes, un barco pirata en el cielo, un sol de aspecto burlón, una isla con montañas, unas olas, un ser sin identificar («un señor»), una palmera. A la derecha de la palmera parten unas decenas de puntos -pasos- que llevan a un lugar señalado con una equis… que es donde se encuentra el tesoro, claro. Mi niña me precisó: «Papi, debajo de la palmera, en la playa, antes de ir a buscar el tesoro, nos tomaremos un cóctel» (el suyo sin alcohol, apostillo yo). Lo que no me indicó es cuál es el tesoro, pero creo que le da igual. Estrella tiene claro que lo importante en la vida es el misterio y las ganas de jugar, de aprender y de avanzar, sin pensar en lo que haya al final del camino.

Confusión alfanumérica

El móvil
El móvil

«Mi empresa me cambió el móvil corporativo, como se dice ahora, y durante los primeros días anduve feliz. Es de estos modernos, muy chulos, con una tocha pantalla táctil, que puedes toquetear permanentemente con un lapicerito o ¡ayyyy! con las yemas de los dedos; qué excitante. Sólo le faltan dos cosas al/la pobre: hablarme al oído, motu proprio -susurrarme mejor-, y dominar alguna especialidad repostera: la crema pastelera, por ejemplo. Anduve feliz, repito, sobre todo porque el recién estrenado cacharro, a diferencia del teléfono anterior, no me daba mucha lata. Apenas sonaba a horas intempestivas, ni me sobresaltaba con eseemeeses inoportunos de mis superiores, con órdenes imposibles e incluso contradictorias. Hasta que descubrí que algo funcionaba mal en el aparato, y mi actual mujer se agarró un gran mosqueo, porque desde el nuevo terminal le llegaban llamadas mías que yo juraría no haber hecho, con conversaciones extravagantes de fondo. Y pasadas novias también se alarmaban (o se alegraban, depende) al recibir llamadas que yo tampoco creo que quisiera hacerles. Antes de que la confusión fuera a peor, por fin se descubrió que el origen de todo el jaleo estaba en un  equivocado código alfanumérico que portaba el móvil, y que detectó a tiempo un informático de mi empresa. Ahora estoy pendiente de que ese informático tan avispado le pueda hacer un chequeo a mi mente, porque yo creo que también arrastro algo raro en mi propia configuración alfanumérica.»

El encorvamiento

Planeta Tierra
Planeta Tierra

«Leí la otra noche en el periódico que la energía desencadenada por el último, terrible terremoto, de Chile, con una magnitud de casi nueve grados, había desplazado el eje de la Tierra alrededor de ocho centímetros e incluso acortado los días. A lo tonto, con la lectura de ese artículo me di cuenta de repente del motivo de este mi encorvamiento, ahora que llevo tantos años sobre este planeta. Desde que me nacieron, hace ya demasiados años, mi vida ha ido experimentando seísmos, cataclismos… hasta tsunamis, a lo largo de su devenir. Como resultado, el eje de mi humilde existencia humana ha ido desplazándose, escorándose, desde la alegría a la infelicidad, desde la plenitud a la pesadumbre, en una ciclotimia permanente. Sin necesidad de ir al médico, ahora lo entiendo todo. Así que golpe a golpe de la vida -y no verso a verso que cantaría Serrat inspirándose en Machado– mi ser se ha ido virando. Si sigo esta progresión degenerativa, llegará un día en el cual el eje de mi cuerpo habrá dado un giro de 180 grados; ya no le falta mucho. Culminado ese vuelco, ese punto de no retorno, andaré con la cabeza y pensaré con los pies. ¿O no lo estaré haciendo ya?»