Cincel y ADN

Cincel
Cincel

Repasando viejas fotos, y no tan viejas, se comprueba cómo el ADN va cincelando nuestro rostro. De partir con formas dulces, propias de un alfarero que modela nuestra cara y nuestro cuerpo al nacer con amabilidad y donosura, el paso del tiempo va endureciendo algunos gestos y surcando arrugas con el arado alrededor de nuestros labios y nuestros ojos. Decía Miguel Ángel que la tarea del escultor era liberar las formas que se encontraban dentro de la piedra. Y algo similar ocurre en nosotros, con desigual fortuna: la herencia genética pugna por salir fuera, por manifestarse, en forma de la nariz de un bisabuelo o del mentón de otra tatarabuela. Así se va esculpiendo nuestro cuerpo y nuestro rostro, que adquieren el barniz definitivo con los brochazos que nos va pegando la vida.

Chabacano, SA

Peineta
Peineta

«Ha nacido Chabacano, SA (en adelante, Chabacanosa), una empresa que sigue las últimas tendencias en saludos y buenas formas que han puesto de moda políticos como José María Aznar y Esperanza Aguirre. En Chabacanosa, por unos modestos honorarios, aprenderá usted a dirigirse con gracejo y estilo a sus amigos y enemigos. Le enseñaremos también a despedirse con garbo de conocidos y desconocidos, dándole siempre un toque cool y trendy a los adioses. Olvídese de los sosos «hasta luego» o «hasta más ver» y sustitúyalos por un buen corte de mangas, unos cuernos o una peineta en todo lo alto. Contamos con los mencionados profesores de reconocido (des)prestigio, que le harán triunfar en cualquier reunión social y acaparar la atención de fotógrafos y cámaras de televisión. ¡Ponga una peineta en su vida y salga en las primeras planas!»

@grimensores

Arroba
Arroba

Las nuevas tecnologías van parcelando nuestra existencia y creando nuevas realidades, cual agrimensores. La arroba, de ser una medida de capacidad agraria tan querida para nuestros abuelos (una arroba de trigo, dos arrobas de alfalfa), se ha convertido para sus nietos en un símbolo aséptico y asexuado, que se usa para direcciones de correo electrónico y otras aplicaciones informáticas, y para hacer de ella uso en expresiones políticamente correctas (l@s ciudadan@s). Una arroba equivalía a algo más de once kilos de peso, aunque admitía variaciones según los antiguos reinos que integraban esta milenaria piel de toro. Ahora ha perdido esos ecos del campo, se ha desprovisto de toda esa masa y navega liviana por la red, acompañando nuestras cuentas de correo, nuestras confidencias, confesiones y complicidades. Antes las arrobas era una realidad en los campos de Castilla, entre mares de cebada; ahora surcan la mar océana virtual.