Mi madre parió dos gemelos: yo y mi miedo

Los tres protagonistas de Solfatara
Los tres protagonistas de Solfatara

Como a la mayoría fijo que no nos tocará la lotería navideña este 22, siempre hay tiempo para darse otro regalo. Uno, por ejemplo, en forma de gordo teatral: asistir a la representación que la compañía catalana Atresbandes hace en la Kubik Fabrik de una obra deliciosa, Solfatara, una pieza sobre los miedos y los temores agazapados en cualquier relación de pareja, que emergen como las fumarolas de un volcán a poco que se agite el invento. Entre ella y él, los dos protagonistas de la obra, se interpone en todo momento la figura de un enmascarado que es la metáfora de todas las cosas que nos dejamos de decir cuando afrontamos la convivencia, de todas las cosas que nos callamos y que, tantas, tantas, veces, acaban por reventar la relación. He escrito «dos protagonistas», pero son tres, qué demonios, porque, como dice el personaje masculino, «cuando mi madre me tuvo, parió dos gemelos: mi miedo y yo». Está narrada con tanta gracia y es tan divertida y original, que el tono trágico acaba edulcorado por la ternura que desprenden los personajes. Tienen una última oportunidad de verla en la Kubik este domingo a las 22:00, salvo que les toque la lotería -que ya les digo que va a ser que no, sin ánimo de ser aguafiestas- y de hartarse de aplaudir esta creación tan simpática y que seguro que les va a tocar la fibra, porque por la experiencia de la pareja todos estamos llamados a pasar, cada cual con su máscara.

Sublime equilibrio

Un momento de Equilibrio
Equilibrio

Cuando cae el telón de Equilibrio, queda una sensación de tristeza porque se acabe este lindo espectáculo. Y de melancolía por la belleza concentrada en cuarenta minutos de función y por todo lo que queda por vivir. Los promotores de la obra, de la compañía Daniel Abreu, explican que las tres protagonistas, mediante su danza, hablan «de las necesidades de afecto, de la necesidad de ser importante, de lo que supone estar solos o acompañados, de ofuscarse en lugares concretos», de «lo que somos capaces de hacer por sentirnos en paz, tranquilos y en equilibrio». De la sala sale uno con sensación de haber recibido un intenso masaje en los sentidos, con una obra alternativa que no se puede definir en palabras, porque la coreografía de las tres actrices que la bailan y la interpretan es tan sutil y delicada como unos versos expuestos al aire. Si se animan, esta noche tienen oportunidad de verla en la Kubik Fabrik (21:00). Ojalá que quienes la vean salgan como salí yo: con esa sensación de bienestar, de paz, de sublime belleza; de equilibrio, sí.

Loquimundo

El Cielo de los Tristes
El Cielo de los Tristes

Iba a entrar en la función y le comenté a mi estimado amigo Fernando Sánchez-Cabezudo, el director de la Kubik Fabrik, sin tener ni idea de qué iba el tinglado de la obra El Cielo de los Tristes, «oye, Fernando, esto parece una tela de araña». Yo me refería a los telones plásticos que ocupaban el escenario y al atrevidísimo montaje que uno ve en cuanto penetra en  la sala. Él se limitó a contestarme con misterio y una media sonrisa: «Pues ya verás, ya verás». Y vaya que si vi. O entreví. Porque la  obra, a cargo de la compañía Los Corderos, que para ser corderos tienen mucho de salvajes, es una metáfora, o alegoría existencial, del  loquimundo absurdo en el que vivimos. Una pieza apoyada en el humor ácido y corrosivo que destilan sus dos protagonistas para hablar de la vida y en sus piruetas físicas y verbales, de ese arte de vivir que, como dicen ellos, nunca es fácil ni se aprende rápidamente; y yo diría más: ni se llega a aprender, ni a aprehender. Acaba la obra y te pones a aplaudir sin saber a quién. Porque, al fin y al cabo, todos hacemos malabarismos mentales para seguir sobreviviendo. Y porque aplaudiendo no se sabe si estás aplaudiendo a los actores, o al absurdo de vida que llevamos el común de los mortales a poco que lo pensemos. Es una pieza original e inteligente que merece mucho la pena verse, y luego te da que pensar porque en cuanto sales de la sala te entran unos singulares efectos secundarios que dan que cavilar. Hoy tienen una oportunidad de nuevo para verla (Kubik Fabrik, 20:30). Cuando termina la obra, uno de los dos actores se metamorfosea (o parece metamorfosearse) en… sorpresa. Pero que no iba yo desencaminado con el comentario que le hice a ciegas a Fernando, vaya.