Libros y bibliotecas

Sophie Divry
Sophie Divry

Los humanos somos seres blandos metidos en carcasas aparentemente duras, pero que no aguantan el roce con el filo de una navaja. Nuestro interior está lleno de humores y fluidos raros en permanente estado de zozobra de la mitad para abajo. De la mitad para arriba manda, o pseudomanda, una cosa llamada cerebro. Mi hija lo llama celebro, y esa letra ele incorpora ribetes de celebración a una mente humana que no para de maquinar, sea cual sea su procedencia. En esa mitad para arriba se cuecen pensamientos y hornean ideas cuyo estallido desprende aromas diversos. Para la navegación del celebro humano, siempre sobre aguas turbulentas, nos dotamos de guías en forma de libros que no hacen sino agitarnos aún más y que forman ecosistemas complejos en uno de los mejores inventos del ser humano: las bibliotecas, cuyos secretos desvela la autora francesa Sophie Divry en un divertido librito, Signatura 400, que salió este pasado verano y es una lectura recomendada para este otoño.

Geografías desconocidas

Turismo Raro
Turismo Raro

Entre que uno no valora lo suficiente lo que tiene más cerca (y a veces, ¡ay!, hay que perderlo para valorarlo) y que lo próximo no siempre es lo más conocido, los humanos nos pasamos la vida vagando entre geografías desconocidas. Lo tenemos todo al alcance de la mano, pero lo pasamos por alto. Recuerdo a una querida excompañera de trabajo de Barcelona a la que regalé una guía de la Ciudad Condal cuando decidió retornar a BCN  tras largos años viviendo fuera, para que los mapas del libro anticiparan y fueran desbrozando su reenncuentro posterior con la ciudad de su infancia. Es lo que se me viene a la cabeza cuando recorro esta gran, extraordinaria ciudad de Madrid, llena de rincones por descubrir que no siempre son los que figuran en las guías turísticas. Y es lo que se refleja en una exposición que se acaba de inaugurar, el proyecto Turismo Raro, para que lo próximo se torne conocido y valorado, para que descubramos el alma que late bajo la coraza de asfalto de Madrid, repleta de rincones singulares y muchas veces ocultos a nuestros ojos transeúntes.

Mejor sugerir que ver

Fernando Fernán Gómez
Fernán Gómez

Qué buena idea la de recordar la infausta fecha del 18 de julio de 1936, que dio comienzo a la Guerra Civil, con la puesta en escena / puesta en antena de una obra clásica de Fernando Fernán Gómez, Las bicicletas son para el verano. Lo hizo la SER ayer por la tarde en una edición especial de su magazine La Ventana. Durante hora y media de teatro en el aire, de teatro a través de las ondas, de representación que no se ve, pero que se sugiere, se narró a través de voces que cobran rostro el impacto de la contienda en la hasta entonces apacible vida de una familia madrileña de clase media que se ve abocada a un pavoroso conflicto que anegó en sombras la vida de España durante cuarenta años. Un emocionante radioteatro para describir la España de finales de los años 30, que saltó por los aires con la sublevación fascista contra el Gobierno legítimo y el triunfo del bando franquista y de la dictadura posterior («No ha llegado la paz, ha llegado la victoria», afirma uno de los protagonistas en una sentencia lapidaria al finalizar la pieza). Teatro en las ondas caído en desuso desde los 70, cuando empezó a imponerse la supremacía de lo visual; teatro que sugiere y que, aunque no se vea, fragua en la mente una catarata de imágenes sobre el ayer en blanco y negro de España.