Vender y comprar

Plaza Río 2
Plaza Río 2

En la orilla de Usera del Manzanares ha atracado un enorme barco en forma de edificio comercial. Desde sus azoteas, en donde se han establecido diversos restaurantes, se disfrutan unas bonitas vistas del río, del Matadero y de la zona sureste de la capital. Los centros comerciales en forma de grandes contenedores de tiendas de toda clase han fondeado desde hace años en todas las ciudades del mundo. Hay, por ejemplo, aeropuertos como el de Barcelona, que más que un aeropuerto es un inmenso centro comercial en cuyos costados aterrizan aviones. Son templos de ocio y consumo contemporáneos, y miles y miles de personas conciben sus fines de semana ya no saliendo a la sierra o yendo al museo: no, prefieren dirigirse al centro comercial lleno de oropeles, de mármoles y de luces (tienen todos una estética similar y los diseños deben de salir de los mismos estudios de arquitectura), plagados de las mismas marcas y de franquicias similares, con gentes de miranda por doquier para matar el rato. Estos sitios tan mastodónticos pueden dar un poco de miedo a quienes preferimos el comercio de barrio y la plaza de abastos de toda la vida, tan entrañables, y que están llamados, poco a poco, a irse transformando o a desaparecer. Pero ahí están, como las compras online que ya forman parte de los hábitos de consumo, gracias a las cuales uno acaba comprándole algo a un tendero del otro confín del mundo. Vender y comprar, y tener dinero para vender y comprar: el mundo se mueve por el mismo motor desde el principio de los tiempos, ya sea en un puesto de segunda mano de El Rastro o en una tienda tan moderna de las que se encuentran ahora junto al río Manzanares.

Qué fue de la verdad

Opinión pública
Opinión pública

En tiempos, lo relevante en periodismo era contar la verdad de los hechos, lo que pasaba, suficientemente contrastado y documentado, de manera que los ciudadanos de este complejo magma social pudieran conformar un elemento fundamental en las democracias modernas y avanzadas: la opinión pública. Ahora todo ha cambiado y lo que importa no es la verdad: es el llamado relato, la manera de inculcar, divulgar e incluso promulgar una versión de las cosas con la que el común de los mortales acabe comulgando. Estas técnicas narrativas empezaron aplicándose al campo del marketing y la publicidad (un famoso libro de hace ya años:Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear las mentes, de Christian Salmon), y han acabado por imponerse en todos los campos. Por supuesto, también en la política cuando la llevan a cabo políticos faltos de escrúpulos: véase la manipulación burda y falaz de los hechos que está haciendo el secesionismo catalán para reivindicarse ante la opinión pública internacional, con muestras tan tremebundas como el reciente vídeo Help Catalonia, inspirado nada más y nada menos que en el caso de Ucrania. Y uno se puede sonreír y condenar prácticas tan burdas desde su sofá, pero, ojo, que una mentira mil veces repetida acaba convirtiéndose en verdad, especialmente cuando los destinatarios son gentes de allende nuestras fronteras que siguen teniendo una imagen prototípica y absolutamente desfasada del país.Y que España, en esto de imagen, es pasto, por mentira que parezca, de una leyenda negra pergeñada hace siglos y que, misterios de la historia, seguimos arrastrando. Ya no importa la verdad, solo cuenta el relato.

Reina Juana

La estatua de Juana I, en Tordesillas
La estatua de Juana I

Una estatua solitaria recuerda la figura de Juana I de Castilla en la ciudad vallisoletana de Tordesillas, a orillas del Duero, donde murió en 1555 después de decenas de años de presidio en vida. La motejaron como “la loca” y así pasó a la historia. No son pocos los historiadores que la han intentado liberar de ese dudoso honor. Varios estudios extienden sospechas sobre el papel que jugaron su propio padre, Fernando el Católico, y su propio hijo, Carlos I, para urdir bulos sobre su salud mental con tal de tenerla apartada del poder. Mi castellana favorita, que bien la quiere, me advierte, con mucha razón, de que la historia de este país podría haber cambiado para siempre si Juana hubiera aceptado ponerse al frente de la causa comunera. Es historia ficción, pero, ¿qué podría haber pasado? Tal vez España no se habría embarcado en costosísimas aventuras imperiales que arruinaron el país y los reinos sobre los que se sustentaba la entonces incipiente nación. No lo sabremos nunca. Juana dio lugar a cuadros, películas y piezas teatrales, quién se lo iba a decir. La actriz Concha Velasco le dio vida no hace mucho en una memorable Reina Juana, y la conmovedora interpretación de aquella mujer sin duda atormentada y apasionada fue un bello homenaje a una figura histórica que, como tantas otras, no ha sido bien tratada, como bien prueba el apodo que la acompaña, en el imaginario colectivo de este país tan desmemoriado.