Presunto humano

Calamar
Calamar

Están ahí, plácidos y apilados en los estantes de la pescadería, rodeados de hielo, durmiendo un sueño eterno tras salir de los mares, pero vivos son terroríficos. Voraces hasta la saciedad, se atacan incluso entre ellos con gran ferocidad. Un documental sobre su vida da verdadero miedo por mucho que estés parapetado tras el sofá. No hace mucho rajé uno en mi cocina antes de hacer un arroz y dentro llevaba un pescado que los jugos gástricos habían comenzado a digerir; parecía una sardina. Son los calamares. En algunas zonas de España su nombre se usa también como insulto para despreciar a quien se lo merezca: «Menudo calamar». Esto se le puede aplicar a muchos seres humanos, calamares en realidad, como el calamar carnívoro (todos lo son) que se llevó por delante la vida de ochenta personas en Noruega hace una semana. Presunto criminal, presunto humano, verdadero calamar voraz sobre el que merece caer todo el peso justiciero del agua del océano.

Marijuana blues

Muddy Waters
Muddy Waters

«Tenía dose años la primera vez que probé la marihuana. Todavía vivía en mi país. Dormía en el mismo cuarto de mi hermano mayor, que en ese momento me había dejado solo porque se había ido a trabajar. En un cajón mi hermano guardaba un revólver y una caja de fósforos. Abrí el cajón. Vi la caja de fósforos. Dentro de la caja había un porro armado, a medio consumir. Pensé: «Tabaco no debe de ser, porque mi hermano lo habría botado por la ventana». Así que me entró la curiosidad. Desarmé el porro y volví a liar lo de dentro con un trozo de papel de periódico. Lo prendí y me lo fumé. Se botó una gran humareda, con todo el humo flotando por la habitación. Estuve un ratito así, con el humo flotando. Hasta que abrí la ventana. Vivía en un… en un primer piso, sí. El humo salió por la ventana y escuché a la vecina de arriba decirle a su marido: «Visente, aquí huele a marihuana». Yo mientras me eché en la cama, mareado, con un gran dolor de cabeza y me dormí, pero antes de dormirme pude escuchar que el vecino de arriba tocó el timbre y estuvo hablando con mi papá. Cuando me volví a despertar, mi hermano había llegado ya a casa. Era por la tarde. Mi papá le estaba echando una bronca: «No vuelvas a fumar delante de tu hermano pequeño». Yo no dije nada de lo que en realidad había ocurrido. Mi hermano siempre ha ciudado de mí.»

Canguro (¿Campsguro?)

Canguro
Canguro

El origen de la palabra «canguro» es incierto. Hay una leyenda que cuenta que el explorador británico James Cook llegó a la costa australiana allá a finales del siglo XVIII y se encontró con este extraño ser brincador. Le preguntó a un lugareño por el nombre de aquel animal inédito a sus ojos occidentales. El lugareño le contestó, en su idioma salvaje, «gangurro», y Cook escribió «kangaroo». Sostiene esta leyenda que «gangurro» no era en realidad el nombre del animal, sino la frase aborigen «no le entiendo», «no sé lo que me está preguntando». Pero ahí quedó la cosa. Si Cook llegara hoy a la costa valenciana, todavía a comienzos del sigo XXI, se encontraría con un tipo llamado ¿Campsguro? que no paraba de dar saltos, embutido en cómodos trajes hechos a medida para que las costuras no dificultaran sus alocados movimientos. Entendérsele no es que se le entienda demasiado, aunque entre su progenie gurteliana se entienden bastante bien entre ellos. Fuera como fuera, este canguro levantino acaba de dar un salto hacia atrás tras su último número de ayer, y sin duda la democracia ha dado un salto hacia adelante. El circo de la Gürtel seguirá brindando alegres espectáculos.