Selectividad

Exámenes
Exámenes

Miles de aspirantes a universitari@s afrontan estos días las pruebas de Selectividad, determinantes para su futuro. Durante las semanas previas abarrotaron las bibliotecas públicas, buscando una mesa donde repasar las asignaturas. Yo me acuerdo de mi selectividad con nostalgia a pesar de todo el esfuerzo, del atracón de temas que me metí, de los madrugones para estudiar en aquellos meses de mayo y junio de ¿1987? Una calurosa primavera de hace tantos años ya, en la qua me levantaba a estudiar con la fresca. Me salió bien. Durante estas mañanas de junio de 2011, estudiantes que también tienen 18 años copan los vagones del Metro, camino de los centros donde harán las pruebas. No hace tiempo que tú y yo viajábamos en el mismo vagón, estudiando nerviosos los últimos apuntes, echando un ojo a las últimas lecciones, riéndonos con algún compañero de viaje para disimular los nervios. Pasando las páginas de la vida y de las estaciones. No hace tanto tiempo.

Tanta grandeur pá ná

Kahn
Kahn

Ese caminar despistado dando pataditas a cualquier cosa cuando el presidente o la presidenta le llamaba al teléfono. Las largas esperas en las zonas vips de todos los aeropuertos del mundo. Esa mirada de hombre serio sobre cuyos hombros reposaba la macroeconomía del macromundo y, quizá, los destinos de la República francesa como favorito en unas elecciones a las que no se podrá presentar. Esas interminables reuniones de trabajo pasando de un idioma a otro como en una ruleta rusa. Tanta presunta grandeur para acabar como un vulgar ratero, y rodeado de rateros, acusado de haber cometido (presuntamente) una de las mayores abyecciones en las que puede caer un hombre. Tanta grandeur pá ná.

Campaña de imagen

Pepino Franco
Pepino Franco

Habrá una campaña de defensa de la imagen del pepino y del resto de hortalizas de la piel de toro, injustamente vituperadas por Merkel & Co. Se trata de lavar ante la opinión pública la imagen de la huerta hispana, en cuya historia, ¡ay!, no siempre ha habido pepinos sin bacterias. Hubo un pepino muy venenoso, apellidado Franco, que amargó el sabor de boca de muchos compatriotas durante cuarenta años de una ensalada interminable y muy estomagante. Y sobre la figura de ese tal Pepino Franco llevamos -unos sufriendo, otros disfrutando- una larga campaña de imagen, larguísima, que se comprueba con solo echar un vistazo a los numerosos tomos revisionistas sobre aquellos tenebrosos años que se pueden encontrar en cualquier librería y que han tenido su corolario en un magno diccionario pagado con fondos públicos. Que si aquello no era una dictadura, sino un régimen autoritario, bla, bla, bla. Lo preocupante es que esta infección haya penetrado en una institución a la que se le presume tanta seriedad como la Real Academia de la Historia, que por cierto está en la madrileña calle de las Huertas. Huertas de pepinos, se entiende.