Chulap@s del siglo XXI

Vestido de chulapa
Vestido de chulapa

Los pequeños chulapos y chulapas madrileños de esta segunda década del siglo XXI vienen de países muy lejanos. Gastan acentos de fuera, tienen rostros de otros lados. Pero cuando se ponen los atavíos para ir a la Pradera de San Isidro, son todos iguales, los nacidos de padres y madres de acá y los que tienen origen extranjero, aunque ahora ya sean de dentro, de este Foro que acoge a todos por igual. En la entrada del cole público de mi hija Estrella, el pasado viernes, se hicieron todos fotos tan contentos, los de aquí y los de fuera, riéndose de sus pintas, tan castizos con sus trajes. «Eres mi chulapo chinito, y tú eres mi chulapo café con leche», decía Estrella con ternura a alguno de sus amiguitos del cole. Estos pequeños madrileños de San Isidro 2011 son la sociedad del futuro, y en su educación deberían volcarse todos los esfuerzos públicos. Esta es una buena elección para decidir el voto el 22-M: si cree usted en una enseñanza pública, de calidad e integradora, elija bien la papeleta, porque no todas las formaciones políticas defienden lo mismo.

Lo que de verdad importa

Lorca
Lorca

El acuerdo entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, los líderes de las dos principales formaciones políticas españolas, para suspender la campaña electoral del 22-M este jueves en señal de duelo por las víctimas y damnificados por el trágico terremoto de la ciudad murciana de Lorca es una buena señal de la altura de miras que deberíamos tener todos ante el puñado de cosas que de verdad importan en la vida. En este momento, lo único que importa es reparar los daños, atender a los heridos, consolar a quienes han perdido algún ser querido. Lo único que de verdad importa es la vida y el bienestar de los ciudadanos, el bien común en cuya dirección tendrían que remar siempre todas las fuerzas políticas, y así debería ser siempre. Toda la solidaridad, apoyo y cariño hacia quienes están sufriendo.

Crisis, κρίσις

Zeus
Zeus

En la era de los mitos, cuando todavía no había comenzado el reinado del logos, imperaba la ley del Olimpo, con dioses y diosas caprichosos que manejaban a su antojo los hilos de las vidas de las pobres criaturas que moraban más abajo. Debía de ser divertido vivir en una permanente minoría de edad (mental), expuestos a fenómenos incomprensibles para los hombres, antes de que se produjera el paso del mito al logos y el comienzo del triunfo de la razón. Eso ocurría en Grecia hace cientos de años, la misma Grecia que atraviesa momentos tan convulsos en esta segunda década del siglo XXI. Ha llovido mucho desde entonces, pero seguimos en manos de designios de seres de extraños nombres, sin el glamour, eso sí, de sus antecesores: agenciasderating, diferencialdeladeuda, bonoalemán… Nombres anodinos al lado de Zeus, Atenea o Poseidón. Y los primeros, más que dioses, son demonios, teniendo en cuenta el carajal que han originado. Hay una palabra sigue siendo igual: crisis, del griego κρίσις, que continúa azotando a los griegos y castigando también a todos los demás. En suma: fenómenos incomprensibles para el común de los mortales amargan la vida del común de los mortales.