Cielo e infierno

Bin Laden
Bin Laden

Un gran estruendo («fuerte tormenta con aparato eléctrico», que describiría un clásico) dio paso a una incesante lluvia que golpeteaba con fuerza contra la ventana de mi cuarto, y su sonido me ayudó a que conciliara el sueño en la medianoche del domingo. Mientras, a miles de kilómetros de distancia, otro fuerte estallido seguido del tableteo de los fusiles ametralladores acabó con la vida de Osama Bin Laden, que se precipitó en el infierno del que nunca debió haber salido y cuya vesania originó, entre otras muchas barbaridades, los atentados del 11-M en Madrid. Fue el mismo día en el que otro sujeto, Juan Pablo II, ascendía al cielo como beato, a pesar de que muchos de sus detractores recordaron que no hizo nada para acabar con infiernos como el de la pederastia en la Iglesia. Y a todo esto, usted y yo durmiendos tan plácidos y tan inocentes, en el mismo día en el que tanto trajín hubo en el cielo y en el infierno. Dios, qué raro es todo.

Preguntas de país

Toro de Osborne
Toro de Osborne

Me han hecho en varias ocasiones encuestas por teléfono. En varias ocasiones. Sobre hábitos de consumo. Acerca de cuestiones profesionales. Creo que nunca me he sometido a un sondeo político. Tampoco me ha tocado hasta ahora responder a algunas hipotéticas preguntas dentro de un nada hipotético estudio demoscópico que podría denominarse Corruptelas cotidianas: usos y costumbres en la piel de toro: ¿Cuántas veces en España, a la hora de ir a encargar alguna reparación, le han preguntado si quería la factura con IVA o sin IVA?, ¿cuántas veces le han planteado, cuando ha querido comprar un piso de segunda mano, que tendría que pagar un tanto del importe en dinero negro?, ¿cuántas veces, cuando le han ofrecido un trabajo, le han planteado que una parte del sueldo se completa con un sobrecito en B?, ¿cuánta gente conoce que considera que pagar de impuestos es de idiotas?, ¿a cuánta gente conoce que trabaja en la economía sumergida en este país? Y unas penúltimas cuestiones: ¿Cuánta gente plantea las anteriores cuestiones en España sin que se les caiga la cara de vergüenza? y ¿cuánta gente asume esas situaciones con toda naturalidad, sin irse de inmediato a poner una denuncia en el juzgado de guardia o en la comisaría más cercanos? Una última cuestión:¿Existirán estas corruptelas cotidianas en países con una educación cívica avanzada, como los estados nórdicos?

Real realidad

Catalina de Aragón
Catalina de Aragón

Los reyes, reinas, príncipes y princesas se casaban antes por intereses: el mantenimiento de un imperio, la consolidación de una alianza militar, el reforzamiento de una dinastía. Hubo otra princesa Catalina, Catalina de Aragón, casada con el célebre Enrique VIII, reina de Inglaterra, que ilustra bien esa era de confabulaciones y conjuras de unos reinos frente a otros. Siglos más tarde, en estos tiempos globales que vivimos, las bodas reales se han convertido en un gran espectáculo que tiene audiencias incalculables, con el apoyo entusiasta de unos medios de comunicación que envuelven en toneladas de almíbar y oropel enlaces que ya no son de sangre azul, sino de jóvenes enamorados, que se siguen casando por interés: el interés en que las familias reales no se extingan, a costa de que la sangre azul se vaya decolorando y tiñendo de los tonos de la gente de la calle (de lo cual surge una pregunta: si la sangre azul ya no es un requisito para tan altas magistraturas, ¿no sería preferible que las jefaturas de los estados las puedan ejercer personas elegidas en las urnas?). Los enlaces reales enloquecen al mundo digital, con las redes sociales echando humo con los chascarrillos de la basca, aunque en realidad, la realidad real de muchas de las gentes que vieron ayer el chou por la tele o por Internet siga siendo bien distinta: el euríbor que aumenta, el paro que sube, el miedo al futuro, los efectos de la crisis que nos siguen golpeando.