Echarse a temblar

Pastor y Cospedal
Pastor y Cospedal

«Si usted me pregunta lo que a mí me da la gana y me trata como a mí me da la gana, qué gran profesional es usted. Si usted entrevista al presidente de Irán y da toda una lección periodística, qué gran profesional es usted. Pero si usted pone en tela de juicio mis ataques y los ataques de mi partido, o sea el Pop Party, contra el ente público (que jamás ha conocido las cotas de libertad e independencia que tiene en este momento -esto lo digo yo, no Cospedal-) oiga entonces es usted una vendida, y no juega limpio y bla, bla, bla… Total, para eso hacemos ruedas de prensa sin preguntas y, en cuanto podemos, sin periodistas.» Es solo un anticipo de lo que le espera a la televisión pública de tod@s como el PP de María Dolores de Cospedal vuelva al poder: el regreso del modelo de Urdaci & Co, el modelo que se aplica en Telemadrid, Canal 9… Para echarse a temblar.

Luciérnagas

Luciérnaga
Luciérnaga

«Nunca he visto una luciérnaga. Tengo ya una edad; casi que estoy en el ecuador (supongo) de mi existencia (según las estadísticas), pero todavía no he alcanzado a admirar su fulgor, su brillo en una noche oscura, su guía luminosa. Tampoco me he adentrado en un bosque en una noche cálida a ver si me topo con alguna, y está claro que por su gusto no me van a salir al paso a saludarme, así que tendré que esforzarme. Otras cosas las he visto ya y, bueno, en algunos casos ha merecido la pena la espera; en otras, pues tampoco era para tanto; luego hay ocasiones que se ha presentado algo inesperado cuyo resultado ha sido sorprendente. Pero las luciérnagas… Nunca he visto ninguna, y espero que no tenga que morime sin verlas, así que perseguiré lo que se parezca a un fulgor o a un brillo iridiscente, a ver si es una de ellas.»

Legión desesperada

Sin empleo
Sin empleo

«Me cruzo por la calle, doctora, con gentes en mi misma situación. Entre nosotros nos reconocemos a simple vista. Gentes que salimos de casa por la mañana fingiendo que tenemos que cumplir una rutina, a la misma hora, sin el destino que solíamos tener hasta hace pocas semanas en muchos casos. Miradas furtivas entre los estantes del supermercado si ves a algún conocido. Gestos huidizos cuando coincides con un vecino, a una hora laboral, en el parque, leyendo y releyendo las páginas de empleo. Las mentiras que les sueltas a los hijos si te preguntan cómo fue hoy el trabajo, papi. El trabajo que perdí sin saber por qué, el trabajo del que me dieron la patada sin apenas explicaciones, por culpa de una maldita crisis que habla en el inglés global y que yo no entiendo por más que me lo expliquen. Lo único que entiendo, doctora, es que me quedé sin trabajo; que formo parte de una legión desesperada, y que quiero que usted me ayude para ver cómo le puedo explicar esto a mis hijos sin trasladarles mi angustia.»