Tiempos verbales

Palabras
Palabras

Palabras, palabras, palabras. Vamos paseando por la vida de conjugación de conjugación, acompasando los tiempos verbales a los tiempos cotidianos. Hoy en día hay muchas gentes que no ven claro el futuro, y parecen conjugar de manera constante un presente continuo: está ocurriendo con esta maldita crisis global interminable que ensombrece la línea del horizonte como si una fiera losa de hormigón no dejara salir el sol para amplios colectivos sociales. Otras gentes se refugian en un pretérito perfecto, pluscuamperfecto incluso, porque tampoco hallan la forma de pasar las hojas del calendario sin que el mundo se les caiga encima de golpe y les vuelva a partir las costillas. Nuestro reto como sociedad es lograr que ese futuro se pueda volver a conjugar, superando a partes iguales la rabia y la melancolía. Y construir entre tod@s un relato de porvenir que no deje excluido a nadie. Seguro que juntando el presente a las ansias de futuro, sin olvidar las lecciones del pasado, lo vamos a conseguir, mal que les pese a los agoreros.

Mundos plásticos

Plastilina
Plastilina

En el colegio público de esta Comunidad de Madrid gobernada por la derecha-derecha al que va mi hija hay niñ@s que dan religión y otros que no. A muchos nos sigue pareciendo extraño que un colegio público sostenido con fondos aportados por creyentes y no creyentes tenga seguir albergando clases de religión (religión católica, claro; esto en un colegio en el que hay críos procedentes de familias de credos diversos), pero ese es otro debate. El caso es que, cuando toca clase de religión, los que no están apuntados a esa sesión de adoctrinamiento (mi hija entre ellos), tienen que salir de su aula habitual e irse a un despacho. Mientras dura la clase de religión, mi hija y sus amigos leen cuentos, mientras quizá en su clase están leyendo otros cuentos sobre la creación del hombre. El otro día, mi hija me confesó que, durante ese tiempo, había estado modelando algunos seres en plastilina, una peonza y una trompeta en concreto, mientras tal vez en su clase les estuvieran contando que Dios modeló a Adán con barro para insuflarle vida después. Todo son ficciones.

Revival florido

Portada de "Layla..."
"Layla and other..."

La reedición de viejos discos clásicos es un negocio para las discográficas. Se coge una grabación original de indudable calidad y éxito, se le quita el polvo acumulado con unos pases digitales, se mete en un envoltorio más atractivo y se coloca en el estante: a vender. Acaba de ocurrir con un disco clásico del guitarrista británico Eric Clapton, lanzado en 1970, que refleja su etapa americana tras las rupturas consecutivas de anteriores bandas (Cream y Blind Faith) y que está preñado de un puñado de catorce canciones con el trasfondo del dolor producido por el desamor, escritas en un momento de creatividad insuperable. El disco, Layla and other assorted love songs, lo firmó una banda creada casi ad hoc, Derek and The Dominos, y es una obra verdaderamente redonda de blues rock, de esas tan difíciles de encontrar en estos tiempos, a la que ni le sobra, ni le falta ninguna canción. Tiene cuarenta años, pero suena como si fuera de anteayer: es lo bueno de lo clásico, que no se marchita. Es bonito comenzar la primavera volviendo a escuchar un disco tan lleno de flores.