Parte izquierda, parte chunga

Oreja izquierda
Oreja izquierda

«Los seres contemporáneos que son/somos tan modernos y andan/andamos todo el santo día con el teléfono móvil colgado de la oreja izquierda, experimentarán/experimentaremos algún tipo de mutación en el lóbulo también izquierdo del cerebro (mi hija le llama celebro y dice que está hecho de tuétano), el más cercano a la catarata de mensajes que se reciben día tras día a través del aparatejo inalámbrico? Por ahí penetran en nuestro organismo toda clase de códigos cifrados y sin cifrar, mensajes públicos y privados, comprensibles e incomprensibles; entran órdenes y, ¡ay!, contraórdenes. De cuando en cuando me apalpo esa parte izquierda del cráneo para detectar si se ha producido algún tipo de hundimiento o reblandecimiento como consecuencia de las psicofonías y cacofonías que sufre esa parte del organismo, y de momento no he notado nada, doctora, pero todo llegará.»

Sin duda, es Carnaval

El Bigotes
El Bigotes

Sin duda, es Domingo de Carnaval. Informaciones de hoy en la prensa seria: «El presidente de la Generalitat Valenciana,  Francisco Camps, firmó ayer el manifiesto aprobado por el PP contra la corrupción política y a favor de la transparencia en las administraciones públicas, en el que los populares se comprometen a trabajar para recuperar el prestigio de las instituciones con una acción política y ejemplar que impulse la limpieza y el respeto a las reglas de nuestro Estado de derecho en todos los ámbitos de la vida pública. Francisco Camps, imputado por cohecho por aceptar regalos de la trama Gürtel, firmó el manifiesto entre los aplausos de sus compañeros de partido, incluido Mariano Rajoy que, según los diarios, el día anterior se había mostrado frío en su saludo al presidente valenciano, ratificado por el PP como candidato a la reelección.» Sin palabras, sin vergüenza…

Abducido por el despertador

Wake up!
Wake up!

«Hay un momento del despertar que me aterra, doctora. Ocurre cuando uno está soñando todavía, y suena el despertador de afuera, el del otro lado de la vida, y el sonido del despertador irrumpe en el sueño y se incorpora a él como si fuera una alarma antiaérea. A mí me acaba de ocurrir, y por eso le escribo tan temprano: estaba soñando que iba a subrrogar la hipoteca de mi putopiso, y de repente sonaba el despertador a través de los altavoces del banco en los que quería hacer la dichosagestión. Y me aterra esta situación por un pavor irracional: ¿qué pasaría si, por una extraña atracción de la materia y de la perversión espaciotemporal de la física cuántica del cruce de los elementos, en ese momento del despertar fuera yo el abducido por la maquinaria infernal del despertador; esto es, si mi cuerpo se integrara en el despertador y se acoplara a sus endemoniados engranajes? Aunque, por otra parte, la vida es un complicado juego de engranajes, así que creo que nuestras articulaciones y tendones podrían adaptarse ferpectamente a la maquinaria del reloj. Doctora, me dirá usted que es complicado, pero en ese momento del despertar todos los sueños, y todas las pesadillas, son posibles.»