Historiadores de lo cotidiano

Última viñeta de Forges
Última viñeta de Forges

En una de las casas donde viví en Lugo, provincia de donde era oriunda la familia paterna de Antonio Fraguas Forges, tenía una puerta corredera repleta de viñetas de El Perich, que, en aquellos tiempos de inexistencia de lo digital (lo digital no ha existido siempre, querid@s), el periódico en el que yo trabajaba iba recibiendo día a día por fax (otro artilugio del pasado) para su publicación. El Progreso las publicaba, y yo hacía una copia para irlas coleccionando y pegando en mi hogar. Viñetistas, humoristas o, ¿por qué no?, historiadores de lo cotidiano en los medios, como El Perich, Peridis, Gallego y Rey, Romeu, Máximo, El Roto… Mucho genio y mucho arte comprimido en unos pocos centímetros cuadrados.Ahora acaba de irse Forges, y a partir de este viernes va a ser triste abrir El País que cada día recojo en el quiosco de mi quiosquera, Candi, buscar la viñeta y no encontrarla. De Forges se pondera su humor compasivo, nunca hiriente, que siempre nos arrancaba una sonrisa matinal a sus lectores, fascinados por la inteligencia y ternura con la que este genio de la ilustración reflejaba las tontunas de este tonto ser humano que somos todos. La vida necesita de intérpretes así, que nos la expliquen con cuatro trazos y unas pocas palabras, algo tan sencillo y tan complejo a la vez.

La forma del agua

Guilermo del Toro
Guilermo del Toro

Si no todo lo que existe es lo que podemos ver y palpar. Si más allá de la envoltura de las cosas existe un universo. Si vivimos en estos tiempos tan tontos en los que solo parece existir aquello que se puede tocar en una pantalla. Si nos ha tocado un tiempo en el que todo es fugaz y nada permanece. Si la vida verdaderamente merecedora de llamarse vida es la que late bajo la farsa y la falsedad. Si podemos querernos aunque seamos diferentes. Si lo diverso y complejo deberían situarse por encima de la uniformidad. Si el amor y la belleza son los únicos antídotos contra la muerte. De todo ello viene a hablar una película maravillosa, La forma del agua. Puede ser que le guste, o puede ser que no. Yo invito a quien vaya a ver esta joya en forma de fabuloso cuento de hadas a dejarse coger de la mano por el director, el inclasificable Guillermo del Toro, a quitarse las gafas de madera y a desconectar el cerebro. A dejarse inundar de magia, a sumergirse en el agua y a recibir un chute de pasión en vena. A mí todavía me dura la emoción.

Otra vez no, por dios

Ya están aquí....
Ya están aquí….

En la noche oscura en que nos sumió la crisis de hasta anteayer todo se pobló de grúas de construcción, de ladrillo y de ríos de dinero barato que nos ahogaron hasta la agonía. De aquella larga noche apenas si acabamos de despertar después de una cruenta factura de recortes, sacrificios y malestar. Y hoy, apenas pasados unos insignificantes años desde el erial en que se convirtió la economía, vuelven a verse, poco a poco, grúas campando a sus anchas, mientras que los bancos empiezan a aflojar el grifo del crédito con ofertas de toda clase. El precio de la vivienda se encarece sin control alguno y los alquileres empiezan a subir otra vez hasta cotas indecentes. ¿Es que no aprendemos nada en este país? Todo indica que estamos abocados a un segundo ladrillazo y que, cuando se pase la borrachera, los cascotes volverán a caer sobre las cabezas de los que menos tienen si nadie lo remedia. Los poderes públicos deberían velar porque la codicia que anida en el interior del ser humano no vuelva a llevarnos a una noche de pesadilla. Otra vez no, por dios.