Plano de sustentación

Volando
Volando

Si un avión se mantiene en el aire y no se hostia es por pura aplicación de una ley física. «El ala tiene una forma de sección especial, el perfil alar, que al paso del aire crea la fuerza de sustentación. La curvatura de este perfil obliga al aire pasar a mayor velocidad por encima que por debajo causando una diferencia de presiones, más baja arriba que abajo, con lo cual el ala tenderá a subir». El secreto, por tanto, está en la curva con la que el plano ataca el aire y que le mantiene suspendido en el vacío. Si la curva estuviera mellada, el avión se iría para abajo, irremisiblemente. La propia vida de los humanos tiene mucho de curva, de curvas peligrosas, de las que no siempre sale uno bien parado y airoso; la clave está en mantener la sustentación sin volverse loco y pegarse un mal golpe. Lecciones de la aeronáutica aplicadas a lo cotidiano.

Lejos de Él

Maleta
Maleta

«Pienso a veces en emigrar. En conocer otros países, otros lugares, otras gentes. Otras comidas, otros acentos, otros colores. En irme lejos, donde haya radios que no pueda sintonizar, lenguajes que no sea capaz de entender, titulares de periódicos que no pueda comprender. En donde no me alcancen filias, ni fobias; ni dimes, ni diretes. Lo malo es que el patio está como para irse; menudo panorama mundial. Pero, por otra parte, qué felicidad levantarse por la mañana con un café que sepa a otro sabor, con una mermelada que no sea la de siempre, con un supermercado cuyos estantes no contengan lo habitual… Ver otros edificios, perder la vista en otros paisajes, bañarme en otras aguas. Y, sobre todo, qué alegría, sosiego y paz de espíritu debe de ser vivir lejos, a miles de kilómetros, en un lugar al cual no lleguen las permanentes admoniciones, diatribas e invectivas de José María Aznar, la permanente matraca del rostro más amargo de la derecha rampante.»

Ánima del purgatorio

Ánima del purgatorio
Purgatorio

«Querida doctora: en este lío enredoso y confuso que es la vida padezco de constantes ardores que no hacen sino marearme más. De arriba y de abajo, de abajo y de arriba. Algo de religión recuerdo, y se me nota en cómo lo aplico a mi callada existencia. A la altura del estómago siento que tengo algo de infierno, sobre todo en función de lo que coma: las legumbres me van bastante mal y me hacen crepitar. No sé si en mi cuerpo ha lugar para un cielo, porque no lo encuentro por más que lo busco. Leí con atención las últimas declaraciones del Papa, en las que sostiene que el purgatorio no es un lugar del espacio en las entrañas de la Tierra: «El purgatorio no es un fuego exterior, sino interno. Es el fuego que purifica las almas en el camino de la plena unión con Dios»; «un fuego interior que purifica el alma del pecado». Algo de eso me pasa: que pecados tengo muchos, y espero tener alguno más, aunque sean todos más bien veniales; soy de natural inocente y mi mente no suele maquinar muchos males. Doctora, quería consultarle por esas combustiones y pulsiones ardientes que siento bajo mi piel: ¿me manda usted algún medicamento, me pego una ducha, dejo que me consuman las llamas o espero por una próxima encíclica del romano pontífice que me acabe de hundir en el tormento de la duda?»