Putogato

Putogato
Putogato

«Putogato aquel. Fuckingcat. Menuda me lió. Siempre tenía calor el jodío bicho. Siempre. Desde que le rescaté entre unos arbustos del patio de mi casa. Siempre parecía quejarse de tener mucho pelo. Pues haber nacido calvo, o en Groenlandia, no te jode, le decía yo. Le encantaban las bebidas frías con mucho hielo. Sus favoritas eran los gintonics. Cuando me descuidaba, le pegaba un lametazo al cóctel que siempre me acompaña en la medianoche. Sus ginebras favoritas, la Hendrick’s y la Seagram’s que me recomendó Pat. Qué pajaro. No sé qué pasó aquella noche de agosto, aunque lo barrunto. Me despertó un ruido raro del motor de la nevera. Y el olor a chamusquina. Me acerqué al refrigerador, y allí estaba. Había un arañazo en la puerta. Se ve que putogato quiso abrir la puerta buscando un hielo. Qué loco. Y había un cable pelado. Pobre. Se quedó tieso como la mojama. Cuando le saqué de debajo de la nevera ya estaba como él siempre quería, frío.»

Añil, verde y blanco

Colores manchegos, en Almagro
Colores manchegos

Comencé el año en La Mancha. Recorriendo las llanuras manchegas, tan subyugantes, alternando del cereal al viñedo, del páramo aparente -pero lleno de vida- a los inmensos humedales de Las Tablas de Daimiel, que se asemejan a un espejismo, uno de los mayores espectáculos que se puede encontrar en el medio de la península. Un mar en el medio de Castilla. Son tierras aún hoy en día muy desconocidas para muchas gentes, que bien merecen muchas visitas. Sumergirse en su intenso cielo azul, que se ve reflejado en el añil que colorea muchas edificaciones rurales que salpican sus verdes campos. Reconfortar el cuerpo con sus platos tan sencillos y tan deliciosos, sus asadillos, pistos, duelos y quebrantos, migas, su vino, las berenjenas de Almagro, el queso manchego: sin duda, el mejor queso del mundo. Es la tierra de mi padre, manchego de Ciudad Real. Las mismas tierras que vieron pasar a don Quijote y a Sancho, protagonistas de una novela que, como siempre me recuerda mi mujer, no es sino la más hermosa historia de amistad entre dos almas tan dispares que se puede encontrar en la literatura universal. Conocer La Mancha es enamorarse de ella.

… ¿y el Ibertren?

Rey Baltasar
Rey Baltasar

«Querida doctora. Le escribo en este bloc, porque al ser festivo (Epifanía para más inri) no podré desplazarme a su clínica, pero seguro que acabará leyéndome. Me he levantado esta mañana tras una agitada noche de nervios y tensión motivada por la visita de los Reyes Magos, a quienes vi ayer en la cabalgata de Madrid. Sé que enfrente de mí, en este preciso y precioso instante, en el salón de mi casa, hay diversos paquetes envueltos con regalos. Pero tengo alguna certeza: hay varias cajas, pero por la pinta ninguna es para mí, sino para algún niñ@ que mora en esta casa; así que los Reyes no me han traído el Ibertren que les vengo pidiendo desde que era pequeño. Lo han vuelto a hacer. Vale, ahora soy mayor y si quiero un tren me puedo comprar un billete para el AVE o irme a verlos al Museo del Ferrocarril, pero, ¿me traerán alguna vez el Ibertren? Bueno, me consolaré pensando en lo que me dirá usted la próxima vez que pase consulta: que la ilusión es el motor que hace avanzar nuestras vidas, y que perderla es lo que nos hace pararnos. Le dejo, que voy a hincarle el diente al roscón (espero, al menos, que no me toque también pagarlo).»