Foto homenaje a las víctimas del 11-M

Monumento a las víctimas en Atocha / Inma Mesa
Monumento a las víctimas / Inma Mesa

No tenía pensado escribir sobre el 11-M, acerca de los diez años de aquella barbaridad, pero me ha acabado de animar una bella foto que hoy mismo, en el monumento dedicado a las víctimas en la Estación de Atocha, me ha mandado mi compañera y amiga Inma Mesa, la fotógrafa oficial de la causa a la que sirvo. Inma ha retratado a una muchacha mirando hacia la bóveda vacía con los nombres de las víctimas y los mensajes a ellas dedicados que se infla hacia la eternidad en la estación. La mirada reflexiva de la adolescente observando la nada en la que las explosiones de un grupo de tarados nos sumieron. Es día para recordar a las víctimas, para honrar a la ciudad de Madrid que dio un ejemplo memorable de coraje y valentía ante los bárbaros que hicieron semejante vesania. Y para olvidarse de los miserables que tejieron uno y mil delirios conspiranoides con tal de ocultar la verdad. La foto de Inma me ha devuelto a la memoria los recuerdos tan vívidos de aquellos días, que yo, como tantos madrileños, viví como en un torbellino de pesadilla. Hoy ha sido un día raro, con la sensación -al menos en el lugar tan especial donde trabajo- de pesadumbre, de estar a medio gas, de tristeza por los ausentes. Pero sobre todo de empatía y cercanía hacia deudos y amigos que sostienen su memoria. Esta bella foto de Inma va por ell@s.

La gran y las pequeñas historias de España

Actores y actrices de Júbilo
Actores y actrices de Júbilo

No sé si el objetivo de mi amigo Fernando Sánchez-Cabezudo, el director de Kubik Fabrik, es que el espectador reflexione sobre la gran y la pequeña historia contemporánea de España cuando programó para estos días, en doblete, las obras Salón Primavera y Júbilo, pero a fe mía que lo consigue. Porque la primera, que lleva el elocuente subtítulo Una tragicomedia republicana, de las compañías Hongaresa y La perrica de Jérez, es un repaso por la trayectoria de nuestro país desde los años 30 en adelante, reflejada en la vida de un lugar que se va transformando, sucesivamente, pero con saltos adelante y atrás en el tiempo, en cine, salón de baile, burdel del rey borbón, sede anarcosindicalista, hospital de la Guerra Civil, cárcel de represión franquista, casa regional de Aragón, taller de pintores postimpresionistas y bingo setentero. Y la segunda, de la compañía F de Asfalto, habla de las historias de un entrañable grupo de jubilados convertidos en actores, que reflexionan y nos hacen reflexionar sobre sus vidas y las nuestras. Al comienzo de Júbilo los actores y actrices de esta emotiva pieza descubren sus vientres, en los que vemos el paso del tiempo: arrugas, cicatrices, costuras… Los vientres de nuestros padres y madres, de donde venimos todos; los vientres en los que nos convertiremos. Júbilo es una más que meritoria obra para un conjunto de juniors, de debutantes, que en realidad son seniors en la vida y de quienes tanto podemos aprender en esta pieza que acaba con una gran fiesta de actores y público. Este domingo es la última oportunidad para ver, en doblete, estas dos obras que hablan de la gran y de las pequeñas historias de nuestro país (Salón Primavera a las 19:30; Júbilo a las 22:00). Luego habrá oportunidad para ver Júbilo los sábados 15 y 22. La historia queda escrita en los libros, pero no nos olvidemos de que son los hombres y mujeres quienes la escriben, quienes la escribimos.

Elogio de lo imposible

El examen de los ingenios
El examen de los ingenios

Hoy sábado 22 a las 22:00 es la última oportunidad para ver en la Sala Kubik Fabrik una obra extraordinaria: El examen de los ingenios, de la Compañía Bedlam Teatro. Se inspira en la figura de un autor español del siglo XVI, Juan Huarte de San Juan, del que, yo, tan ignorante en tantas cosas, nunca había oído hablar. Huarte escribió en 1575 un libro, Examen de los ingenios para las sciencias, cuyo objetivo era aconsejar a cada persona, tras el análisis de cuestiones como carácter y constitución física, cuál era la profesión que más le convenía. Ni que decir tiene que la obra de Huarte pretendía mejorar la sociedad de su época y, como no podía ser de otra manera en aquella España, acabó siendo prohibida por la Inquisición, aunque se divulgó en ediciones clandestinas en nuestro país e incluso más allá de nuestras fronteras. La obra de teatro, ingeniosa de verdad, está protagonizada por cinco actores que, durante hora y media, desarrollan toda una dramaturgia clásica que es en realidad una fábula contra la persecución de la inteligencia, el castigo a los diferentes y el menosprecio de la mujer, casi que tres constantes durante tantos siglos de historia en esta piel de toro que ha sido tan fúnebre para los avances y el desarrollo. Alterna risa y reflexión y tiene un desenlace feliz para la posteridad en el que ellas, al final, triunfan. Acérquense si no tienen plan para hoy, porque les va a encantar y concidirán plenamente con una de las sentencias con que finaliza esta pieza: «Más daño hace quien tiene buen juicio y mala entraña que quien se entretiene en perseguir lo imposible».