El rey, a portagayola

El rey, durante su discurso nochebuenesco
El rey, durante su discurso nochebuenesco

«Pues yo no sé a usted, doctora, pero a mí me desconcertó mucho lo del discurso del monarca en esta Nochebuena. Más allá de las palabras habituales tan augustas, que pretenden responder a la situación de angustia real y generalizada que se vive en el nuestro país, me chocó esa cuestión del lenguaje postural de Su Majestad. Ese recibir a las cámaras que le estaban grabando digamos casi que a portagayola, como dicen los taurinos, ahí asentadico en el borde de la mesa de su real despacho, como las charletas que se soltaba el bueno de José María Carrascal al filo de la medianoche en Antena 3 años ha. ¿Se acuerda, doctora, del informativo aquel? Toda la vida acostumbrado uno a ver a SM apoltronado para dirigirse a los españoles/as, y ahora resulta que pega un bote y se acomoda en el borde de la mesa, al filo de lo imposible. Dicen los entendidos que la Monarquía se está modernizando, pero los hay malvados que van más allá y dicen que, si se quieren modernizar de verdad, dé un paso al frente para irse atrás, se vayan con sus pompas y sus atavíos y venga la Tercera República, que es una construcción más avanzada que esta monarquía centenaria. Para la próxima consulta, doctora, creo que voy también yo a variar la liturgia de esta consulta: en vez de estar tumbado en el diván, me voy a sentar en el borde de la mesa a pegar la hebra con usted. ¿Qué tiene que decir?»

Felices fiestas

Qué fin de año tan raro. Hogaño apenas hay luces navideñas en la gran ciudad, al lado del alumbrado masivo de antaño. Apenas felicitaciones (las de papel pasaron a la historia, por supuesto, pero tampoco las electrónicas se han prodigado mucho, al menos en comparación con las que yo recibía en años precedentes)… Y no creo que sea solo una impresión mía. Está todo más triste, más lacio, más mustio. Este 2012 que ha sido toda una tunda de realidad nos ha desprovisto de los disfraces y las imposturas, para darnos de bruces con lo que hay: y lo que hay es eso, mustio, lacio, triste. Pero tampoco hay que caer en el desánimo ni perder la esperanza, aunque vengan tan mal dadas. Yo esbozo una sonrisa por las cosas buenas que me han pasado este año, y otra más por las cosas buenas que vendrán, a pesar del aspecto tan amenazador que tiene 2013. Traslado a los lectores de este cuaderno de bitácora mi deseo de felicidad y de que todo se vaya arreglando, que mi hija Estrella plasmó en esta felicitación con la que ganó un concurso en su colegio. Ella es, también, garantía de felicidad y de futuro. Felices fiestas.

Felicitación navideña de Estrella
Felicitación navideña de Estrella

El fin del mundo (tal y como lo conocíamos)

No parece que hoy, 21 de diciembre, se vaya a acabar el mundo, porque parece ser que la lectura que se ha hecho de un panel jeroglífico maya de México es errónea. Así que tendremos que seguir aguantándonos los unos a los otros. Lo que sí parece este 21 de diciembre, cuando se cumple un año de Mariano Rajoy como presidente, es que se está acabando el mundo tal y como lo conocíamos. Nuestro mundo: fin de la sanidad y la educación públicas, servicios públicos depauperados, derechos y libertades por los suelos, recortes sin doquier… Todo está mucho peor que hace doce meses atrás, con un PP que ha visto desaparecer esa aureola de que con ellos todo iba a arreglarse como por ensalmo y la crisis iba a decir adiós por arte de birlibirloque. El mito de que con Mariano y sus cuates iba a solucionarse todo porque casi que tenían poderes mágicos y estaban tocados por la gracia de algún dios rodó por el suelo. Aquí seguimos, y seguiremos empeorando merced a sus políticas neocon. Feliz fin del mundo.

Interesante vídeo: #elañodelcambiazo. Para echarse a temblar.