Inmigrante aliviado

Cataluña
Cataluña

«Está claro que el señor Mas se volvió un poco loco, oiga; dicho sea sin ofender y en mi modesta opinión. Yo llevo aquí sinco años de taxista; soy de Colombia. Soy inmigrante, pero no soy tonto. Yo pensaba que Mas lo iba a conseguir en estas elecciones, con esos mítines con tantas banderas; venga banderas por todos lados. Con todos los problemas que tiene España, faltaba esto de la independencia de Cataluña para añadir uno más. Pero ahí el empresariado ya le ha dicho que de qué iba, que si estaba loco o qué; que esto del soberanismo está bien para dar pedales, pero no para que se salga la cadena de las ruedas, que se iba a dar un tortaso, y ensima fuera de Europa. Y luego está lo de los recortes sociales. Mire usted, en Cataluña conozco a algún compatriota que está harto de los recortes del Mas, que han sido a lo bestia. Posiblemente mucha gente le ha dejado de votar también por eso, por los recortes. O sea, que me alegro como taxista que soy de que no se levante una nueva frontera en Cataluña, porque mira que sería triste tener que pasar una barrera si alguna vez me salía algún viaje con el taxi. Yo soy colombiano, pero vivo aquí y tengo derecho a opinar de las cosas. Creo que Mas debería irse para su casa, pero ya sé que en este país, como en el mío, no dimite nadie. Bueno, aquí se apea usted, ¿no?; pues buenas noches, y qué alivio. Que intenten resolver la crisis y se dejen de ensoñasiones y de banderas.»

Jungla urbana

Jungla
Bienvenid@s a la jungla

«Cuando me asomo a la ventana, doctora, entreveo un panorama lleno de lianas y de una maleza sucia, muy tupida y trepadora, que va cubriendo la superficie de todas las casas que tengo enfrente de mi ventana; que va penetrando por todas las rendijas de la sociedad, convirtiéndola en una jungla enloquecida. Lo que ayer era una sociedad provista de ascensores para que los ciudadanos pudieran subir y mejorar su posición social, con independencia de la familia en la que hubieran nacido, se está perdiendo. Le hablo de esos ascensores en forma de becas para el estudio, por ejemplo, que hoy están desapareciendo por obra y gracia de nuestros gobernantes. Le cito un ejemplo, doctora: una carrera de letras cuesta casi dos mil euros al año; no todo el mundo se puede permitir ese desembolso; en una carrera más técnica, el dinero crece con creces. Desaparecen los ascensores sociales y todo se puebla de lianas… Estamos volviendo a la jungla, con los servicios sociales podados salvajemente, en un sálvese quien pueda despiadado, y el que no pueda, mala suerte. En la pesadilla que comienzo a atisbar desde mi ventana, doctora, alcanzo a ver gentes que se aprestan a subirse a los árboles de donde nunca debieron descender, que arrancan maderos y se dedican a apalizar a quienes están abajo y no pueden ascender. Veo una pauperización social que ya no es solo cosa de unos pocos: que nos empieza a afectar a la mayoría, por activa o por pasiva. Atisbo una jungla urbana que no me gusta, doctora, y que me da mucho miedo.»

Nostalgia de «¿como están ustedes?»

Si asomaran los payasos por el borde de la tele (no los tristes payasos que entristecen la realidad todos los días, sino los de antes, los de la familia Aragón, los de verdad) y preguntaran «¿cómo están ustedes?», la respuesta no iba a ser demasiado entusiasta, pero seguro que a más de uno se nos dibujaría una sonrisa en el rostro. Una sonrisa, incluso una risa, que es el mejor arma contra el miedo que nos atenaza en estos tiempos oscuros de crisis sin fondo. La risa que conocimos los que fuimos niños con ellos, con los payasos de la tele, y aquel su mágico saludo de bienvenida al mundo de la risa, del humor. Hace falta reír, pero es que hay muy pocos motivos. En la negra España, con este triste ser que tenemos de presidente, en cuyos doce meses de victoria electoral todo ha ido a peor. En la gris Europa, que nos lleva del brozal de los recortes sin que se sepa muy bien para qué vale tanto sufrimiento, salvo para darle gusto a Merkel y a los bancos alemanes, porque la recesión sigue viento en popa. En el mundo, lleno de locura y mezquindad (una buena noticia: alto el fuego en Oriente Próximo; ojalá dure y se llegue a una solución definitiva de dos estados que coexistan y convivan). La risa vence el miedo, como bien sabía Miliki, que acaba de irse seguro que sin dejar de sonreír y cuyas canciones seguirán trayéndonos risas del pasado, y risas de futuro a mi hija.