Tú dices tomate, yo digo rescate

Tomate
Tomate

El amor por los eufemismos del Gobierno del Pop Party ha traspasado nuestras fronteras. El último rodeo circunloquieril para no pronunciar la palabra «rescate», evitada como gato escaldado que huye del agua caliente por el ministro De Guindos en su comparecencia del sábado por la tarde para anunciar el RESCATE, causa mofa y befa. En la versión digital de la prestigiosa revista norteamericana Time aparece hoy un divertido artículo firmado por la corresponsal en Madrid, Lisa Abend, You Say Tomato, I Say Bailout: How Spain Agreed to be Rescued (Tú dices tomate, yo digo rescate: Cómo España aceptó ser rescatada), que refleja a la perfección la negativa del Ejecutivo español a llamar a las cosas por su nombre. Mala cosa esta de intentar enmascarar la realidad, tan practicada por el poder gobernante. Y respecto al rescate para salvar a la banca, sería deseable que nos contaran toda la verdad del tomate, que el asunto valga para que vuelva a fluir el crédito y que esto no suponga más recortes. Pero sobre esta última parte, ¡ay!, uno tiene muchos, muchos temores desde el momento que los 100.000 millones de euracos que se destinan al rescate van a ir a engrosar el déficit público español. Habrá tomate.

PD.- Es vergonzoso y vergonzante que Rajoy no fuera el encargado de anunciar el sábado el RESCATE. Indignante en un mandatario que llegó al poder con la promesa de decir siempre la verdad; llamar al pan, pan y al vino, vino; y bla, bla bla…

SOS

Timón
Timón

¿Alguien sabe qué demonios está pasando en España? Los mismos que lanzan mensajes de tranquilidad para intentar sofocar el fuego de la crisis son los que luego atizan las llamas con una gestión catastrófica. Tan pronto dicen que tenemos un sistema financiero-bancario que es la envidida del orbe como que está hecho una porquería y necesita urgentemente remiendos para no descoserse del todo. Las gentes miran esperanzadas a la proa del barco pensado que el capitán, o la capitana, tiene firmemente amarrado el timón, pero se llevan el gran chasco al constatar que el timón gira y gira sin parar y alocadamente, sin que nadie sepa a dónde vamos, aunque todo huela a rescate inminente, de una forma u otra, como no paran de piar las principales capitales europeas. No existen los mitos, es mejor no tenerlos, porque siempre defraudan y acaban rodando con la cabeza por el suelo. Ah, y una última cosa: esto de que los beneficios hayan sido privatizados durante años para unos cuantos jetas y que ahora las pérdidas tengan que ser socializadas a toda costa para la inmensa mayoría que no tiene arte ni parte en el gigantesco estropicio, esto no tiene nombre. O sí lo tiene: es una sinvergonzonería que marca el rumbo del mundo de caca al que nos abocamos.

Bombarderos ciegos

Bombardero
Bombardero

Pilotaron las aeronaves de combate durante los tiempos aparentemente brillantes a primera vista, profundamente oscuros bajo la superficie. Los tiempos del boom del ladrillo, la burbuja inmobiliaria y un crecimiento económico más falso que Judas. Desde ahí arriba derramaron sobre nosotr@s, los incrédulos de abajo, toda clase de mierdas. Esparcieron tóxicos por doquier encima de nuestras cabezas: tasaciones sobrevaloradas, hipotecas infladas, créditos a mansalva. Fueron como los bombarderos ciegos que sueltan las bombas bajo sus alas a un golpe de joystick, dan media vuelta en el aire y siguen volando en el cielo, consolándose en que no ven el mal que comportan sus actos bajo sus alas. Acaban hasta condecorados tras la guerra. Ahora vuelven los mismos bombarderos ciegos echando sobre nosotr@s, los de abajo, toda una nueva oleada de bombas no de racimo, sino de tijeras que recortarán nuestros cuerpos: fuera derechos, fuera libertades. Los culpables del caos de la crisis aseguran, más borrachos de cinismo que de costumbre, que también tienen la solución. Y volverán a ser condecorados después de dejar tras de sí, aunque no lo vean, o no lo quieran ver, un rastro de destrucción.