Egun on, eskerrik asko, agur

Ernest Lluch
Ernest Lluch

Egun on, estos sí que son buenos días con una de las noticias más grandes de los últimos tiempos: el cese definitivo de la violencia de ETA. Días de eskerrik asko, de dar gracias a todos los que han luchado contra el delirio fascista de unos fanáticos que solo han causado dolor. Agradecimiento infinito a jueces, fiscales, políticos democráticos, cuerpos de seguridad, sociedad civil que se hartó del mesianismo y la vesania de unos pocos. Días de agur, de adiós a la banda de desalmados que ha originado casi mil muertos en sus insoportables años de triste historia. Faltan pasos por darse (la disolución definitiva de ETA y la entrega de las armas), pero el cese de la violencia no tiene vuelta atrás. Son momentos para estar con las víctimas, para reforzar los vínculos con todos los que han sufrido por la locura criminal de unos pocos: las familias de Francisco Tomás y Valiente, de Ernest Lluch… Tantos nombres; casi mil asesinados. Vivimos en una democracia avanzada, las ideas pueden defenderse a través del contraste de pareceres y sin el recurso a las bombas y a las pistolas; lástima que ETA haya tardado tanto en percatarse. El Estado de Derecho ha derrotado a la barbarie.

PD: ¿A qué se van a dedicar en el futuro todas las voces de la caverna que se han consagrado durante tanto tiempo casi en exclusiva a hablar por activa y por pasiva de ETA, alimento primordial de todas sus teorías conspiratorias y conspirativas?

Calarse la boina

La foto
La foto

Se puede oler y casi hasta masticar. La contaminación que sume esta gran, extraordinaria ciudad de Madrid en una bruma permanente se acrecienta día tras día de ausencia de lluvia, ante la impasibilidad de unos gobernantes locales a los que parece darles igual y que, es más, hacen todo lo que pueden por ocultar las mediciones oficiales sobre la boina de mierda que cubre la villa. Ayer algunos de esos gobernantes, del PP, posaron para una foto electoral, con la polución de fondo como testiga de su permanente apatía para encarar este problema de salud pública. Seguro que la mayoría de ellos llegaron hasta el lugar de la foto en contaminantes coches oficiales, uno en cada uno, claro, para no mezclarse. Y en esos mismos coches oficiales se fueron, uno en cada uno, claro, para poder despellejar a gusto a quien tenían al lado en cuanto se quedan a solas y dejan de sonreír para la foto. A seguir contaminando, y a seguir negando la existencia de la boina, aunque la tengan calada hasta los ojos.

PD: En la foto no estaba Esperanza Aguirre, muy entretenida con los recortes a la educación y a la sanidad de tod@s. Este próximo sábado, únete a la manifestación que recorrerá las calles de Madrid a partir de las 12:00 (Atocha → Benavente), en defensa de la escuela pública.

¡Taxi!

Taxi
Taxi

Los taxistas son una viva encarnación del alma patria actual: van siempre por la derecha salvo que el cliente les diga que giren a la izquierda. Siempre. Es una norma no escrita en el trabajo del conductor de taxi: coger por defecto todas las direcciones a mano diestra si no media una instrucción contraria del pasajero que va atrás para tomar la izquierda. Parece como si todas las empresas humanas tuvieran alma de taxista por su querencia a ir por la derecha, por los caminos trillados. Solo en unos pocos momentos históricos -en comparación con la larga trayectoria de la especie humana sobre la faz de la Tierra- ha habido voces que han pedido giros a la izquierda, pero sin duda la petición de transitar otros caminos que no fueran los de la derecha de siempre han marcado los tiempos posteriores. En estos días inciertos, España está poseída también de esta fiebre del taxista de ir siempre hacia la derecha. Aunque algunos clientes del taxi colectivo preferimos girar a la izquierda y, sobre todo, poner las luces largas para ascender a lo alto de las montañas, que desde arriba las cosas se ven mejor. Porque esa es otra tendencia del ser humano que no debería olvidarse: siempre que uno tiene una loma detrás, se siente tentado de subir hasta arriba, para otear las cosas desde la distancia. Así pues, ¡taxi!, pero a la izquierda, oiga, y hacia arriba, que, para bajar e ir por donde siempre, siempre hay tiempo.