Mayúsculas

APR, en una tableta
APR, en tableta

La salida de la crisis, cuando ocurra, tiene que ver con una sopa de letras mayúsculas, dicen los especialistas: «Unas crisis se desangran rápido y terminan rápido (la economía baja y sube en forma de V) y no duran más de año y medio; otras son más prolongadas, aunque menos agudas (como una U) y pueden abarcar tres años; hay auténticas montañas rusas (en W), con recuperaciones y recaídas encadenadas varios años; y, las más temidas, las crisis en L, con caídas afiladas de la actividad, seguidas de un largo estancamiento…». Es cosa de mayúsculas, pero también es cuestión de elegir prioridades y direcciones, y ahí el voto decidirá el 20 de noviembre. A mí no me da lo mismo salir de la crisis por la derecha de MR que por la izquierda de APR. Y me quedo sin dudarlo con APR, que está reivindicando un modelo socialdemócrata en el que creo, frente a un MR derechista que no quiere mostrar nada para no espantar, pero que va enseñando, de a poquito, la zarpa, mostrando su modelo de país: derogación de la ley del aborto, pena perpetua revisable, copago sanitario, recorte de servicios públicos… Yo elijo a quien abandera una política progresista con mayúsculas.

Geografías desconocidas

Turismo Raro
Turismo Raro

Entre que uno no valora lo suficiente lo que tiene más cerca (y a veces, ¡ay!, hay que perderlo para valorarlo) y que lo próximo no siempre es lo más conocido, los humanos nos pasamos la vida vagando entre geografías desconocidas. Lo tenemos todo al alcance de la mano, pero lo pasamos por alto. Recuerdo a una querida excompañera de trabajo de Barcelona a la que regalé una guía de la Ciudad Condal cuando decidió retornar a BCN  tras largos años viviendo fuera, para que los mapas del libro anticiparan y fueran desbrozando su reenncuentro posterior con la ciudad de su infancia. Es lo que se me viene a la cabeza cuando recorro esta gran, extraordinaria ciudad de Madrid, llena de rincones por descubrir que no siempre son los que figuran en las guías turísticas. Y es lo que se refleja en una exposición que se acaba de inaugurar, el proyecto Turismo Raro, para que lo próximo se torne conocido y valorado, para que descubramos el alma que late bajo la coraza de asfalto de Madrid, repleta de rincones singulares y muchas veces ocultos a nuestros ojos transeúntes.

Las golondrinas

Golondrina
Golondrina

«Tengo un comecome desde hace días, que me ronda la cabeza y me ha vuelto ahora que le acabo de coger a usted en el taxi, será porque, perdone, tiene usted cara de pájaro. ¿Dónde están las golondrinas? Las había a cientos en mi aldea, cuando venían a criar. Yo soy de un pueblo de Llanes, en Asturias, ¿sabe usted? Pero ya apenas las veo cuando voy de visita allá. Tampoco las veo en Madrid, en donde llevo cuarenta años trabajando en el taxis. Recuerdo que hacían nidos en los aleros, en cualquier recoveco. En mi pueblo decían que había que dejar los nidos de golondrina, que traía mala suerte destruir uno. Luego me vine a la ciudad, cagondiós, donde todo son hierros y aceros, y tampoco las veo. Tengo un comecome… En cuanto llegue a mi casa le voy a tocar el tema a mi mujer, que es cántabra, porque en su tierra también han desaparecido. Que llame a su hermana, que vive allí, y le pregunte qué ha pasado con las golondrinas. Bueno, con tanta conversación, ya hemos llegado a su destino.» Hasta la próxima, señor, le contesté, no sin antes preguntarle: «Por cierto, ¿qué cree usted que está pasando con los gorriones de la ciudad? Tampoco se ven tantos como antes».