Sintaxis y profilaxis

Palabras
Palabras

En el colegio enseñan, o enseñaban, sintaxis. En casa enseñan, o enseñaban, profilaxis. En plata: hablar bien y hablar educadamente, vaya. Sintaxis y profilaxis en el manejo de las palabras, que son las que almohadillan el mundo que nos rodea. Sintaxis para hacer oraciones gramaticalmente perfectas, que expresen mi mundo y me permitan hacerme entender ante el mundo de otro. Profilaxis para que nuestras oraciones mantengan su sentido piadoso y no hieran a los demás. De igual modo que somos, o solíamos ser, extraordinariamente pulcros con lo que nos llevamos a la boca, que se limpia primero bajo el chorro del agua del grifo, deberíamos serlo también con lo que sale de ella: que tus palabras no hiedan ni hieran innecesariamente al que tienen enfrente. Que también pases bajo el chorro del agua del grifo de alguna fuente de tu mente lo que vas a decir antes de que atraviese tus labios. Pero, no sé, siento que cada vez se están perdiendo ambos mandamientos: que cada vez a un mayor número de gente le da lo mismo la construcción de sus frases, y que también les trae el pairo que las palabras que salen de su boca se conviertan en dardos malolientes.Ni sintaxis, ni profilaxis.

Esté usted tranquilo

Espanto
Espanto

Extrañas voces agitan el fondo de la tierra en ese no menos singular paraje llamado Valle de los Caídos. «¡De aquí no me saca ni dios!» y «¡Ni dios me sacó de España durante un cuarenta años, no me van a sacar ustedes!» son algunos de los alaridos registrados en las psicofonías grabadas por los monjes del convento. Todo, parece ser, por la recomendación de la comisión de expertos designada por el Gobierno para el Valle de los Caídos, que propone propone en su informe que los restos de Francisco Franco salgan de la Basílica para que sean enterrados donde decida la familia del dictador. Los despojos pueden estar tranquilos y dejar de chillar, porque la comisión supedita esta decisión a que el (próximo) Gobierno alcance un consenso parlamentario amplio, así como la autorización de la Iglesia al ser la autoridad competente en un lugar de culto. Y está claro que en la nueva Era Pop ni al PP, ni a la jerarquía eclesial este asunto les va a obligar lo más mínimo, así que siga usted durmiendo el sueño de los (in)justos.

Polvorones

Polvorones
Polvorones

La tradición y la costumbre no escritas en la piel de toro establecen que un polvorón, antes de llevárselo a la boca, debe ser estrujado, amasado y aplastado a conveniencia, con el envoltorio de papelillo puesto, para que luego no se desparrame y se desmigaje cuando se le quita el papel y la ingesta sea más cómoda. En esto la sociedad española, tan dada a tener cincuenta opiniones por cabeza y por minuto, cambiantes y contradictorias las unas con las otras, no admite discrepancias. El buen polvorón hay que trabajárselo previamente para que la experiencia sea completa. Nadie sabe dónde está Mr. Depende, que sigue sin emitir señales una semana después de su resonante victoria, pero posiblemente esté recibiendo instrucciones de allende los Pirineos, de Germania o más allá, para ir preparando la masa polvoronosa poco edulcorada, amarga más bien, que los españoles y las españolas vamos a empezar a engullir en breve y sin compasión. Va a ser una receta que pasará a los anales gastronómicos. Y sin masaje previo, que no hay que malgastar esfuerzos.