Tibias y peronés

CFK
CFK

Al hilo de la victoria, arrolladora, de Cristina Fernández de Kirchner en la Argentina comenzamos a hablar en la cena mi mujer y yo de la historia de la gran nación austral y de fenómenos como el peronismo y otros ismos de América Latina. Mi hija Estrella (6) zanjó la conversación: «Peronismo, ¿es de tibia y peroné, o no?», preguntó intentando aproximar el confuso mundo de la política al no menos complejo universo de los huesos del cuerpo humano, ahora que en el cole está aprendiendo lo segundo. No supe qué contestarle, porque es verdad que entre ambos ecosistemas puede haber más relaciones de lo que parece a bote pronto. Veamos el cuerpo humano español, ese organigrama mutante tan complicado. En el organismo español, digo, próximo a su gran revisión médica cuatrienal el próximo 20 de noviembre, hay un candidato, Mariano R, cercano a la tibia -que diría mi hija- por su tibieza. Él no quiere hacer nada en esta campaña, quiere ir piano, piano (lo viene haciendo desde siempre). Solo sueña con que un prolongado bostezo entre volutas de humo de puro lleve en volandas sus tibias y tibiezas a las más altas magistraturas monclovitas. Pero sin hacer ruido ni causar alboroto en esta campaña, no vaya a ser que el electorado de izquierdas se movilice y le dé un susto. En suma, que mi niña tiene más razón de lo que parece y, ¡ay!, esperemos que al final no venga el llanto y el crujir de dientes (y de huesos) a manos del Advenimiento Marianil.

Repugnancia

Bandera libia
Bandera libia

El régimen de Libia era una tiranía, una farsa en manos de un déspota al que, ¡ay!, Occidente le rio las gracias durante varias décadas. Solo cuando, al hilo del contagio de la primavera árabe, el dictador se pasó de vueltas y empezó a masacrar las revueltas, solo entonces Occidente decidió intervenir para poner fin a la farsa, algo posiblemente necesario para que el sátrapa no se perpetuara en el poder otros cuarenta años (con la misma risa bobalicona occidental). Pero se debería haber garantizado la captura en vida de Gadafi, y haber evitado lo que se asemeja demasiado a un cruel linchamiento y posterior distribución propagandística de la imagen su cadáver. El villano tenía que haber sido conducido a un tribunal de Justicia, para responder de sus crímenes, como cualquier mortal. Para que fuera juzgado con todas las garantías, precisamente las garantías que nunca tuvieron sus detractores. Porque lo que ha ocurrido ha sido, simplemente, repugnante, una repugnancia por cierto exhibida una y otra vez, pareciera que con cierta delectación, por las cadenas de televisión de todo el mundo. Una barbaridad más en una cruenta guerra tras cuyo inminente fin el objetivo debe ser establecer una democracia que vele por la justicia social, el desarrollo de la sociedad aprovechando los grandes recursos del país y la igualdad de los derechos de la mujer. Si no se avanza en esa dirección, lo de Libia seguirá siendo una tragicomedia que se seguirá desarrollando, a escasas horas de aquí, ante nuestra indiferencia. El Occidente que se implicó en poner fin a la tiranía debe involucrarse ahora en el futuro democrático de Libia.

Egun on, eskerrik asko, agur

Ernest Lluch
Ernest Lluch

Egun on, estos sí que son buenos días con una de las noticias más grandes de los últimos tiempos: el cese definitivo de la violencia de ETA. Días de eskerrik asko, de dar gracias a todos los que han luchado contra el delirio fascista de unos fanáticos que solo han causado dolor. Agradecimiento infinito a jueces, fiscales, políticos democráticos, cuerpos de seguridad, sociedad civil que se hartó del mesianismo y la vesania de unos pocos. Días de agur, de adiós a la banda de desalmados que ha originado casi mil muertos en sus insoportables años de triste historia. Faltan pasos por darse (la disolución definitiva de ETA y la entrega de las armas), pero el cese de la violencia no tiene vuelta atrás. Son momentos para estar con las víctimas, para reforzar los vínculos con todos los que han sufrido por la locura criminal de unos pocos: las familias de Francisco Tomás y Valiente, de Ernest Lluch… Tantos nombres; casi mil asesinados. Vivimos en una democracia avanzada, las ideas pueden defenderse a través del contraste de pareceres y sin el recurso a las bombas y a las pistolas; lástima que ETA haya tardado tanto en percatarse. El Estado de Derecho ha derrotado a la barbarie.

PD: ¿A qué se van a dedicar en el futuro todas las voces de la caverna que se han consagrado durante tanto tiempo casi en exclusiva a hablar por activa y por pasiva de ETA, alimento primordial de todas sus teorías conspiratorias y conspirativas?