Calarse la boina

La foto
La foto

Se puede oler y casi hasta masticar. La contaminación que sume esta gran, extraordinaria ciudad de Madrid en una bruma permanente se acrecienta día tras día de ausencia de lluvia, ante la impasibilidad de unos gobernantes locales a los que parece darles igual y que, es más, hacen todo lo que pueden por ocultar las mediciones oficiales sobre la boina de mierda que cubre la villa. Ayer algunos de esos gobernantes, del PP, posaron para una foto electoral, con la polución de fondo como testiga de su permanente apatía para encarar este problema de salud pública. Seguro que la mayoría de ellos llegaron hasta el lugar de la foto en contaminantes coches oficiales, uno en cada uno, claro, para no mezclarse. Y en esos mismos coches oficiales se fueron, uno en cada uno, claro, para poder despellejar a gusto a quien tenían al lado en cuanto se quedan a solas y dejan de sonreír para la foto. A seguir contaminando, y a seguir negando la existencia de la boina, aunque la tengan calada hasta los ojos.

PD: En la foto no estaba Esperanza Aguirre, muy entretenida con los recortes a la educación y a la sanidad de tod@s. Este próximo sábado, únete a la manifestación que recorrerá las calles de Madrid a partir de las 12:00 (Atocha → Benavente), en defensa de la escuela pública.

¡Taxi!

Taxi
Taxi

Los taxistas son una viva encarnación del alma patria actual: van siempre por la derecha salvo que el cliente les diga que giren a la izquierda. Siempre. Es una norma no escrita en el trabajo del conductor de taxi: coger por defecto todas las direcciones a mano diestra si no media una instrucción contraria del pasajero que va atrás para tomar la izquierda. Parece como si todas las empresas humanas tuvieran alma de taxista por su querencia a ir por la derecha, por los caminos trillados. Solo en unos pocos momentos históricos -en comparación con la larga trayectoria de la especie humana sobre la faz de la Tierra- ha habido voces que han pedido giros a la izquierda, pero sin duda la petición de transitar otros caminos que no fueran los de la derecha de siempre han marcado los tiempos posteriores. En estos días inciertos, España está poseída también de esta fiebre del taxista de ir siempre hacia la derecha. Aunque algunos clientes del taxi colectivo preferimos girar a la izquierda y, sobre todo, poner las luces largas para ascender a lo alto de las montañas, que desde arriba las cosas se ven mejor. Porque esa es otra tendencia del ser humano que no debería olvidarse: siempre que uno tiene una loma detrás, se siente tentado de subir hasta arriba, para otear las cosas desde la distancia. Así pues, ¡taxi!, pero a la izquierda, oiga, y hacia arriba, que, para bajar e ir por donde siempre, siempre hay tiempo.

Tiene que llover

Duran
Duran

Tiene que llover a cántaros sobre la piel de toro. Para eliminar las boinas de suciedad y polución que se aposentan sobre las ciudades. Una lluvia suave y persistente a la vez, que elimine la contaminación acumulada en este cálido otoño. Y que luego salga el sol y blanquee la piel de toro, sin llegar a cuartearla. Un agua purificadora que, sobre todo, se lleve por delante los prejuicios que a estas alturas todavía existen entre las comunidades de esta antigua nación, una de los más viejas de Europa para tantas cosas. Los prejuicios entre norte y sur; entre este y oeste. Los prejuicios sobre los que cabalgan formaciones nacionalistas como la de Duran i Lleida, que acaba de cargar contra los jornaleros andaluces, una vez más, olvidándose de los millones de emigrantes andaluces, y de manchegos (mi padre entre ellos), y de gallegos, y de extremeños… que marcharon a Cataluña décadas atrás, sin cuyo trabajo y entusiasmo la industria catalana nunca habría podido desarrollarse. Y que se borren también los prejuicios que en muchas zonas y en muchas latitudes ideológicas se siguen teniendo hacia Cataluña, que ha sido siempre motor de España. Y que, tras la lluvia, la nación se funde sobre una defensa común de valores, y no sobre un conjunto de banderas desvaídas.