Nostalgia de «¿como están ustedes?»

Si asomaran los payasos por el borde de la tele (no los tristes payasos que entristecen la realidad todos los días, sino los de antes, los de la familia Aragón, los de verdad) y preguntaran «¿cómo están ustedes?», la respuesta no iba a ser demasiado entusiasta, pero seguro que a más de uno se nos dibujaría una sonrisa en el rostro. Una sonrisa, incluso una risa, que es el mejor arma contra el miedo que nos atenaza en estos tiempos oscuros de crisis sin fondo. La risa que conocimos los que fuimos niños con ellos, con los payasos de la tele, y aquel su mágico saludo de bienvenida al mundo de la risa, del humor. Hace falta reír, pero es que hay muy pocos motivos. En la negra España, con este triste ser que tenemos de presidente, en cuyos doce meses de victoria electoral todo ha ido a peor. En la gris Europa, que nos lleva del brozal de los recortes sin que se sepa muy bien para qué vale tanto sufrimiento, salvo para darle gusto a Merkel y a los bancos alemanes, porque la recesión sigue viento en popa. En el mundo, lleno de locura y mezquindad (una buena noticia: alto el fuego en Oriente Próximo; ojalá dure y se llegue a una solución definitiva de dos estados que coexistan y convivan). La risa vence el miedo, como bien sabía Miliki, que acaba de irse seguro que sin dejar de sonreír y cuyas canciones seguirán trayéndonos risas del pasado, y risas de futuro a mi hija.

Que se dejen de zurriagazos

Coexist
Coexist

Los Balcanes del siglo XXI llevan muchísimo tiempo desplazados a Oriente Próximo, en donde el sonido de los tambores de guerra no ha dejado de sonar. Ahora vuelve, insistente, con aroma de muerte, en el enésimo choque entre Palestina e Israel, después de los cohetes lanzados por los primeros contra los segundos, y la respuesta de los segundos, con el trasfondo del debate en este mes de la justa pretensión de Palestina de ingresar como estado observador de la ONU, y las próximas elecciones en Israel en 2013, y , y, y… Demasiados decenios ya sin una solución definitiva. Yo defiendo Israel como nación democrática, el país tan vinculado a nuestra Sefarad, que ha alumbrado músicos que a mí me gustan tanto, como David Broza, Yasmin Levy, Mira Awad, Mor Karbasi…; escritores como Amos Oz, David Grossman… Grandes intelectuales que abogan por una nación en paz con su entorno, y que sea respetada por su entorno, por supuesto. Y defiendo también una Palestina democrática y que vele por el desarrollo de la igualdad y la justicia social. Dos estados que coexistan. ¿Por qué es tan difícil? Quizá haga falta una gran alianza de los sectores más moderados de ambos lados, que den la espalda a los extremistas de una y otra parte. Mientras este avispero no se calme, esa zona del mundo seguirá siendo un quebradero de cabeza permanente.

Que la hiel se vuelva miel

Huelga general
Huelga general, #14Nvamos

Quién no ha tenido alguna vez dudas con la hache de desahucios. A mí alguna vez se me ha colado y he escrito deshaucios. Esta maldita palabra, estos días tan presente, no tiene una etimología clara cuando consultas el diccionario de la Real Academia. Es de suponer que vendrá del latín, pero sabe dios; bueno, sabe el demonio teniendo en cuenta la jodida situación que atraviesan muchas personas desahuciadas. Hay desahucios todos los días; los ha habido por miles desde que estalló la crisis. También hay muchas personas que se sienten desahuciadas, que se están desesperanzando (esta es otra acepción del término) y que atisban un horizonte lleno de nubarrones. Gentes cualificadas y trabajadoras que se quedan sin curro a los cuarenta y algo, víctimas inocentes de esta maldita crisis. Cito esa franja de edad porque es en la que me encuentro, y a uno al final le acaba tocando más lo más próximo. Yo conozco varios casos. Los he tenido de compañeros, de compañeras de trabajo. Hombres y mujeres que buscan un futuro después de haber pasado buena vida en el sector de la comunicación, que en sí mismo anda tan desahuciado y tan dejado de la mano de dios. Gentes que saben que tienen que reiventarse, porque esta profesión, en la que nunca ha sido nada fácil, ahora se ha vuelto, directamente, un callejón sin salida. Iba a escribir que much@s de ellos secundarán la justa huelga de hoy, pero es que en realidad están en paro forzoso desde hace mucho tiempo, demasiado. Yo intento trasladarles ánimo y esperanzas, estirar el brazo hoy que en el cielo no están esos nubarrones grises impenetrables y pillar un cacho del algodón de azúcar que son las nubes que estoy viendo en este momento, para acercarlo a su boca y decirles que todo va a ir a mejor, que mantengan la esperanza y los sueños de los que habla Springsteen en la canción de abajo. Pero es difícil que lo dulce te sepa dulce cuando alrededor todo sabe y huele a hiel en lugar de a miel. Pese a todo, ánimo, compañer@s, porque somos muchos quienes no podemos saborear las cosas cuando sabemos que lo estáis pasando mal.