Cincel y ADN

Cincel
Cincel

Repasando viejas fotos, y no tan viejas, se comprueba cómo el ADN va cincelando nuestro rostro. De partir con formas dulces, propias de un alfarero que modela nuestra cara y nuestro cuerpo al nacer con amabilidad y donosura, el paso del tiempo va endureciendo algunos gestos y surcando arrugas con el arado alrededor de nuestros labios y nuestros ojos. Decía Miguel Ángel que la tarea del escultor era liberar las formas que se encontraban dentro de la piedra. Y algo similar ocurre en nosotros, con desigual fortuna: la herencia genética pugna por salir fuera, por manifestarse, en forma de la nariz de un bisabuelo o del mentón de otra tatarabuela. Así se va esculpiendo nuestro cuerpo y nuestro rostro, que adquieren el barniz definitivo con los brochazos que nos va pegando la vida.

Cultura de cortapega

Tijeras
Tijeras

Bueno, lo de Gaspar Llamazares tampoco es para tanto. Simplemente es degradar a chapuza el milenario arte del cortapega (control equis, control uve) que el ser humano viene empleando en su devenir creador desde el origen del mundo. Citemos un primer ejemplo: según el Antiguo Testamento, Dios creó a Eva (vaya por dios, ¿y no podía ser al contrario?) a partir de una costilla de Adán. O sea, un claro caso primigenio de cortapega sin anestesia. Desde ese momento fundacional, en la cultura humana se impuso la moda del cortapega para erigir, por ejemplo, edificios (vean los capiteles de la mezquita de Córdoba, procedentes de edificios romanos, visigodos… junto con otros de factura propia; un sublime cortapega), además de para promover todo tipo de creaciones. En la era digital, el cortapega se ha convertido en el espíritu creador por excelencia, y se emplea para componer relatos, canciones pop y hasta apuntes de filosofía. También el cortapega está en nuestro ser, integrado por cachitos de ADN procedentes de la caprichosa herencia genética que nos legan nuestros ancestros, arrojando cortapegados de mejor o peor factura. Así que, en definitiva, no hay nada de lo que asombrarse. Una pregunta final para el ignoto ilustrador del FBI que pergeñó el rostro de Bin Laden cortapegando el del político español de Izquierda Unida: ¿cómo compondría el retrato robot de Dios en el improbable caso, dios no lo quiera, de que declararan al Altísimo en busca y captura? ¿Buscaría el flequillo de un diputado de izquierdas en Google para componer la foto? ¿O le clavaría la melena de una parlamentaria de derechas?

Amor por el centrifugado

Caballito de tiovivo
Caballito de tiovivo

Qué estampa tan dichosa la de ver a los niños y niñas subidos en alguno de los tiovivos que estos días de fin de año se instalan en las plazas de la ciudad, pasándoselo en grande dando vueltas sin parar una y otra vez, en una felicidad infinita. La diversión de rodar por rodar en el carrusel, que en inglés se llama, con acierto, merry-go-round (algo así como “la alegría da la vuelta”, en una traducción libre). ¿Anidará en alguna parte de nuestro ADN esta querencia por los centrifugados? Luego crecemos, pero nos sigue gustando el movimiento, el viaje, la búsqueda de algo distinto, de pastos que tengan diferente verdor: no en vano somos una especie trashumante.